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Hace algunos días Julian Assange, hizo una propuesta que ayudaría a resolver buena parte de los problemas de Venezuela y nos garantizaría la amistad de Estados Unidos, la OTAN y la derecha internacional. El periodista australiano planteó que para ello, Venezuela debería adoptar la Constitución de Arabia Saudita. A partir de esta idea, se me ocurrió que valdría la pena revisar que hace ese país, bajo el alero y protección de Estados Unidos y Europa, para tener tales posibilidades, las cuales, incluso en estimación de sus méritos le valieron el ingreso a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

En primer lugar si tuviéramos la Constitución de Arabia Saudita, tal vez no ocurriría que en menos de dos días, un canal de televisión español y otro colombiano con absoluta premeditación, ajenos a cualquier ética periodística y apelando a la “libertad de prensa” que dicen defender, emitieran noticias falsas sobre Venezuela. Por una parte, la cadena de televisión española Antena 3 utilizó una imagen que mostraba el desabastecimiento en un supermercado de Austin (Texas, Estados Unidos) para “informar” sobre la dificultad para encontrar alimentos y otros productos en Venezuela, mientras que una periodista del canal 1 de Colombia le pagó a un supuesto ex agente de la inteligencia venezolana para que acusara de corrupción y narcotráfico a altos dirigentes del gobierno y las fuerzas armadas bolivarianas. Ante la flagrancia del hecho, la inmoralidad del canal colombiano, respondió diciendo que la denuncia hecha por el canal Telesur, ponía en peligro la integridad de la seudo periodista. Deberían recordar a José Gervasio Artigas: “Con la verdad no ofendo ni temo.”

Pero, volviendo a Arabia Saudita, tal vez, adoptar su Constitución permite mantener asediada durante meses por las fuerzas militares del régimen, a una ciudad, solo porque la mayoría de su población tiene una creencia religiosa distinta de la oficial. En efecto, la ciudad de Al Awamiyah, estuvo en esa condición, mientras el ejército la bombardeaba y la sometía a disparos de francotiradores que causaron decenas de muertos, cuyos cuerpos permanecían en las calles, tres meses después del inicio del asedio, mientras los órganos de seguridad secuestraban y torturaban a mujeres y niños.

Por la misma razón, el año pasado la monarquía saudita, detuvo al reconocido clérigo chii Nimr al Nimr, quien junto a cuatro civiles chiíes y 43 suníes fue ejecutado por presuntos cargos de terrorismo no demostrados.

Arabia Saudita también ha sido autorizada por la comunidad internacional (léase Estados Unidos y Europa), para el financiamiento, soporte y entrenamiento de terroristas en todo el mundo, utilizando para ello “organizaciones de caridad” que funcionan tras el manto de la ayuda a los necesitados. Según el periodista y analista internacional Rasoul Goudarzi “entre los años 1975 y 1985, Arabia Saudí “ayudó”, con unos 48.000 millones de dólares, a estas estructuras para hacer llegar dinero a los grupos extremistas”, todo lo cual es conocido por Estados Unidos, incluyendo el papel jugado por ese país en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Desde la misma óptica, el centro analítico británico Henry Jackson Society, sitúa en no menos 86.000 millones de dólares el financiamiento saudita al extremismo wahabí. Según Goudarzi, estos recursos sirvieron en 2004 para crear “centros de caridad” en alrededor de 50 países de América, Asia, Europa y África con más de 5.000 empleados a fin de ser utilizados para financiar los centros de entrenamiento de terroristas. Esta información ha sido corroborada por informes de los servicios de inteligencia de Alemania y Gran Bretaña. Ante esto, algunos países europeos como Austria y la misma Alemania se han visto obligadas a tomar medidas para evitar el financiamiento del extremismo wahabí, lo cual no obsta para que casi todos los países del viejo continente mantengan excelentes relaciones con la monarquía.

Así mismo, en los últimos años, los recursos sauditas han sido utilizados por el “Estado Islámico” y Al Qaeda como se desprende de un informe elaborado por el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (GAFI), publicado en febrero de 2015.

El interés de Estados Unidos y Occidente por permitir el financiamiento del terrorismo y la proliferación de madrasas, escuelas donde se enseña una visión extremista y radical del Corán viene dada por el uso de estos “estudiantes” como tropa de choque y carne de cañón en las guerras que las potencias libran en todo el mundo a fin de incentivar el conflicto, incrementando las ventas de armas, verdadero pilar de la economía capitalista, así también evitan la participación de tropas estadounidenses y de los países de la OTAN, disminuyendo bajas que impactan negativamente en su opinión pública desde la guerra de Vietnam. Esta modalidad se ha hecho práctica recientemente en Irak, Libia y Siria.

De la misma manera, el sistema medieval monárquico de Arabia Saudita ha creado una policía religiosa que se denomina mutawa y que se encarga de “preservar la virtud y prever el vicio”, en realidad se trata de un órgano muy similar a la Santa Inquisición que entre los siglos XII y mediados del XX le permitió a la iglesia católica perseguir a quienes consideraban herejes o brujas. La mutawa es la encargada de ahorcar y decapitar públicamente a quienes se alejen de la fe wahabí…en pleno siglo XXI.

En otro ámbito, vale decir que Arabia Saudita pasó de ser en 2011 el décimo primer comprador de armas del mundo, al primer lugar en 2014, cuando gastó 6.4 mil millones de dólares, con lo que tuvo un aumento del 280% en solo una década, según un informe de los expertos del IHS Janes, con sede en Londres. Tal vez el secreto de la buena relación con Estados Unidos está en que este país se benefició con el 57% de esas compras.

Con este armamento, la monarquía saudita inició una guerra de agresión contra el país más pobre del mundo árabe: Yemen. Con el apoyo de Israel y otras monarquías árabes de su misma especie, los ataques del “heroico” ejército de la familia Saud ha causado más de 12 mil bajas en la población civil, casi 4 millones de refugiados, y la destrucción de la mayor parte de la infraestructura del país del sur de la península arábiga, así mismo ha dejado como resultado que el 82% de los 26.5 millones de yemeníes necesite ayuda humanitaria, que 14.4 millones no alcancen a cubrir sus necesidades alimenticias básicas y cerca de 20 millones no tengan agua potable, mientras que 14.1 millones no disponen de asistencia sanitaria, toda vez que cerca de 600 centros de salud han sido clausurados por los daños causados por la aviación y la artillería saudita, así mismo hay una falta total de insumos y personal médico. Sin embargo, en el terreno militar, las tropas del rey Salman y su hijo Mohamed están siendo derrotados por los patriotas yemeníes, al mismo tiempo que Al Qaeda y el Estado Islámico toman mayor control del territorio del país amparados en la brutal agresión saudita.

Como consecuencia del superlativo gasto militar para librar la guerra en Yemen y el apoyo al terrorismo, las finanzas de la monarquía han comenzado a hacer mella. Un informe elaborado por el profesor israelí Eido Cohen llega a decir que “el sistema saudí corre el riesgo de un hundimiento en medio de un empeoramiento progresivo de las condiciones económicas”, todo lo cual ha llevado a la la reducción de salarios de empleados civiles y militares en 900 riyales (300 dólares), así como a la eliminación de los incrementos salariales y las bonificaciones. También se ha producido un aumento de los gravámenes que afectan a los cigarrillos, las bebidas energizantes y otros productos alcanzando al 100% de su costo de producción. De la misma manera, se aprobó un nuevo impuesto por el uso de las calles en la capital y otro a los pasajeros que viajan de y hacia los países vecinos.

Esto no ha sido óbice para que durante la última gira internacional del rey, en marzo de este año, se haya hecho acompañar con un séquito de 1000 personas y 500 toneladas de equipaje, lo cual no ayuda mucho a alivianar la carga de la crisis económica y financiera que como siempre recaerá en el pueblo. En ese ámbito los indicadores de la economía saudí, expresan el crecimiento de las tasas de pobreza, inflación y desempleo, llegando a que 60% de la población se ubique por debajo de la línea de pobreza, desmintiendo los más de 20 mil dólares de PIB per cápita que muestran las cifras oficiales, los cuales no expresan la distribución que se hace de los ingentes ingresos petroleros, los cuales son apropiados en su casi totalidad por la monarquía corrupta reinante.

Imagino que todas estas prácticas bendecidas y aprobadas por Estados Unidos y Europa, los cuales se permiten mantener una excelente relación con la familia Saud, deben ser la razón por la que Assange, víctima él mismo de la hipocresía occidental, haya hecho tan novedosa propuesta para Venezuela.

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