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La Revolución de Octubre y Latinoamérica

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Tribuna Popular.- El triunfo bolchevique en la Rusia zarista, conocido en justicia como la Gran Revolución Socialista de Octubre (25 de octubre según el calendario juliano, vigente para la época, y 7 de noviembre en el gregoriano, de uso generalizado en el mundo), del que las fuerzas internacionales de la paz y el progreso estamos conmemorando su Centenario, tuvo un extraordinario impacto en todo el mundo, no sólo durante los más de 70 años de poder soviético sino que sus principios y enseñanzas se siguen proyectando hacia el futuro.

Entre los múltiples aspectos destacables, es importante estudiar las repercusiones que tuvo en nuestra región, para lo cual, reproducimos seguidamente fragmentos del artículo de Carolus Wimmer, secretario de relaciones internacionales del Partido Comunista de Venezuela (PCV), publicado en la más reciente edición de la Revista Comunista Internacional (RCI), cuyo contenido íntegro puede leerse en: https://www.iccr.gr/es/issues/ejemplar-7

 

LA GRAN REVOLUCIÓN DE OCTUBRE Y SU INFLUENCIA EN AMÉRICA LATINA

El centenario de la Gran Revolución de Octubre se produce en un entorno de contraofensiva del imperialismo y la reacción frente a los avances sociales y políticos de la clase obrera. En estas condiciones, es especialmente importante transmitir la verdad objetiva de la primera revolución proletaria victoriosa, su importancia histórica mundial para el movimiento obrero mundial, para la lucha de liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo, en última instancia, para toda la humanidad.

En 1917 la revolución proletaria y campesina no sólo triunfó en la inmensa Rusia; sus campanas libertarias comenzaron a sonar a escala mundial. Se iniciaba la Era en que, mediante la construcción de la sociedad socialista y la posterior edificación del comunismo, la humanidad saltaría «del reino de la necesidad al reino de la libertad», según la conocida frase de Federico Engels.

Con la victoria de la Revolución de Octubre se echaba a andar un nuevo sistema social. Las leyes de la revolución socialista, que en sus rasgos principales habían sido enunciadas por Marx y Engels, tuvieron un inmenso desarrollo teórico y práctico en el crisol de la revolución rusa.

 

El impacto de la Revolución Bolchevique en Latinoamérica

En América Latina, la Revolución de Octubre dio también a nuestros pueblos una nueva perspectiva. En muchos países se crearon los partidos comunistas, las vanguardias obreras, y los más esclarecidos intelectuales abrazaron la causa de Lenin. No hay movimiento popular importante en América Latina en que no se reconozca la poderosa impronta de Octubre.

Los pueblos algunas veces tardaron en tener una información veraz y completa de los acontecimientos de octubre en Rusia. La prensa burguesa intentaba silenciar o tergiversar intencionalmente el grandioso cuadro de la primera revolución socialista del mundo. Mas, como dijera Pablo Neruda, eran vanos todos los esfuerzos del capitalismo por organizar una confabulación de silencio en torno a la Rusia Soviética y deformar la verdad.

A comienzos de los años veinte, la Rusia soviética fue visitada por numerosas personalidades del movimiento revolucionario latinoamericano. Al retornar a sus países, explicaban emocionados a los trabajadores las conquistas del primer Estado proletario del mundo y publicaban artículos y libros.

 

La Internacional Comunista y Latinoamérica

A raíz de la Revolución de Octubre, fue fundada en marzo de 1919 la Internacional Comunista (IC), conocida también como III Internacional o Komintern. Se correspondía con una tradición del movimiento obrero: el principio y la práctica del internacionalismo. Si la burguesía y el capital tienen un carácter internacional, la clase obrera también lo tiene, y necesariamente ha de organizarse por encima de las fronteras nacionales en su lucha. Frente al nacionalismo burgués reaccionario en Europa, el movimiento obrero organizado proclamó el principio del internacionalismo.

La labor de la IC estuvo dirigida inicialmente hacia Europa Central, pero con su visión internacionalista y para que funcionara mejor la dirección global del movimiento comunista, creó estructuras regionales. Desde comienzos de los años 20 existían departamentos especiales para el subcontinente latinoamericano. En 1926 se crearon secretariados regionales, y América Latina fue colocada bajo el control del secretariado regional «latino». El secretariado regional estaba subordinado al Comité Ejecutivo y se ocupaba de todas las cuestiones relevantes vinculadas con América Latina.

Ya en 1919 se abrió la primera dependencia latinoamericana de la IC en México, aunque sólo funcionó algunos pocos meses. En 1925 se creó en Buenos Aires el Secretariado Sudamericano. Con sus campañas políticas y la labor de su órgano de prensa, la Correspondencia Sudamericana, realizó una decisiva contribución a la difusión de la política de la IC en América Latina. Fue reorganizado en el verano de 1928.

En México actuaban junto con la Liga Antiimperialista de las Américas, fundada por iniciativa de la IC en 1924, varias instituciones regionales de dirección controladas por los comunistas. En New York se había creado en 1931 el Buró del Caribe, encargado con las mismas tareas que su similar sudamericano.

Los Partidos Comunistas latinoamericanos

La Revolución de Octubre era la respuesta de los obreros, campesinos y soldados de Rusia al despotismo feudal y a la explotación capitalista. Así lo entendieron también la clase obrera y los trabajadores de la ciudad y del campo en América Latina. No sólo creció la simpatía, sino la conciencia de la necesidad de seguir el ejemplo de la revolución rusa para construir el socialismo.

El 17 de julio de 1920 se reúne el Segundo Congreso de la IC; establece las condiciones que deben cumplir los partidos obreros para ser aceptados como seccionales suyas. Se acoge el informe de Lenin «Sobre el papel del Partido Comunista en la revolución proletaria», que censura las tesis oportunistas que sostienen la inutilidad del partido político de la clase obrera y la prioridad de los sindicatos.

En 1918 en Argentina, se había fundado el Partido Socialista Internacional; al año siguiente resuelve afiliarse a la IC que apenas cuenta con noventa días de fundada. También en 1919 se reúne el primer Congreso Socialista Mexicano; toma la decisión de incorporarse a la IC, y dos meses después opta por un nuevo nombre: ahora será el Partido Comunista Mexicano.

Bajo la línea leninista, el VIII Congreso del Partido Socialista Uruguayo decide en 1920 incorporarse a la IC; en abril de 1921 resuelve cambiar su nombre por el de Partido Comunista del Uruguay. En diciembre de 1920, en Chile el Partido Obrero Socialista que había sido fundado en 1912 por Recabarren, ahora decide adherir a la IC; en 1922 opta por el nombre de Partido Comunista de Chile.

Con esta misma línea se reúnen en marzo de 1922 en Rio de Janeiro numerosos grupos marxistas inconexos, y resuelven constituir el Partido Comunista Brasileiro. En 1924 se funda el Partido Comunista de Honduras, que de inmediato se declara sección de la IC y enfrenta a la imperialista United Fruit Company.

Tras la ocupación estadounidense a Cuba en 1922, se emprende la creación de un movimiento comunista: socialistas de izquierda conferencian y aprueban una declaración que reconoce la necesidad de constituir un nuevo partido de acuerdo a la plataforma de la IC. Se organizan grupos marxistas que, en agosto de 1925, realizan un congreso clandestino del cual surge el Partido Comunista de Cuba, cuyos dirigentes solicitan de inmediato la incorporación a la IC.

Desde 1920, en Ecuador van surgiendo algunos círculos marxistas-leninistas; en 1925 se organiza lo que llama «Sección Comunista Ecuatoriana para la Divulgación de las Ideas de Lenin», a la que se afilian trabajadores e intelectuales; en mayo de 1926 se constituye el Partido Socialista Ecuatoriano, que en 1928 solicita su incorporación a la IC. En septiembre de 1928 se funda el Partido Socialista Peruano, con José Carlos Mariátegui como su dirigente máximo; en 1930, cambia su nombre a Partido Comunista y solicita su incorporación a la IC.

En junio de 1929 se desarrolla en Buenos Aires la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana. Toman parte 38 delegados de 15 países de la región y además delegados de la Internacional Comunista, de la Internacional Juvenil Comunista y de los partidos comunistas de Estados Unidos y Francia.

En el mismo año el Buró del Caribe establece en Barranquilla un Comité de Apoyo al incipiente movimiento comunista que ya trabaja clandestinamente en Venezuela. Al frente de esta misión estará Gustavo Machado. El 5 de marzo de 1931, tras varios años de actividades de diversos grupos de inspiración marxista, se constituyó la primera célula comunista venezolana; el 1º de mayo circuló el primer manifiesto del Partido Comunista de Venezuela, que enarbolaba entre sus consignas la de «¡Viva la Rusia Soviética!»

 

Epílogo

Aunque los clásicos del marxismo-leninismo no pudieran ocuparse en extenso de América Latina, ella no estuvo ausente en sus preocupaciones. En la obra de Lenin sobre el imperialismo hay referencias a Latinoamérica para ilustrar su teoría, y se señala el recrudecimiento de las contradicciones interimperialistas por el reparto de la región.

Con la Gran Revolución de Octubre se expande hacia América Latina la teoría de la revolución contemporánea. En nuestro continente, existía, por un lado, la estructura económico-social objetiva para el arraigo del marxismo-leninismo: penetración imperialista, capitalismo, ascenso de la lucha de clases y un problema agrario hasta hoy no resuelto. Y por el otro lado, en toda la región se vivía un auge del movimiento de liberación como parte de una situación revolucionaria general.

Por ello, no es extraño que en pocos años hayan surgido partidos comunistas en casi todos nuestros países; sus fundadores hallaron además en los antecedentes de la acción popular y del pensamiento sociopolítico del continente factores subjetivos adicionales que enriquecerían los procesos revolucionarios en la región.

Lenin afirmó en 1905 que «El derrocamiento del zarismo en Rusia, heroicamente iniciado por nuestra clase obrera, hará cambiar el rumbo de la historia de todos los países, facilitará la tarea de los obreros de todas las naciones, de todos los estados en todos los confines de la Tierra». Y hoy, cuando conmemoramos el primer centenario de la gran revolución que él dirigió, podemos constatar que la historia de estos cien años confirma plenamente su previsión.

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