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Los “reclamos” de la mafia a la Revolución cubana

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Gustavo de la Torre

A partir de 1900 para Cuba comenzó una nueva etapa de dominación bajo el nuevo estilo de Neocolonia. La Constitución de la República fue mancillada con una enmienda impuesta por el senador Oliver Platt, la cual daba potestad a los Estados Unidos de invadir la Isla militarmente en caso de ver en peligro la “integridad de la noble nación estadounidense”; también el establecimiento de una base militar enclavada en territorio de Guantánamo y tratados bajo el paraguas de “Reciprocidad Comercial” que solo beneficiaban al norte brutal y empobrecían mucho más a la nación y economía cubanas.

Los gobiernos de turnos en Cuba, financiados por el visto bueno de los gobiernos del Estados Unidos, subyugaban a la población bajo sangrientas tiranías, donde los asesinatos, las torturas y las vejaciones eran el menú en la forma de gobernación, en la mayoría de ellos.

Mientras se montaban oleadas de brutalidad policial contra la población trabajadora y campesina pobre y desamparada, se dibujó en la mayor de las Antillas un ficticio panorama de “bonanzas”, cuyas lentejuelas escondían el vicio, la corrupción, el lavado de dinero y el trasiego de negocios turbios que se ejecutaban a través de la llamada zona franca.

De estas “deslumbrantes” oportunidades económicas se aprovechó la mafia ítalo-americana, la cual comenzó sus primeras operaciones en los inicios de los años 20’s con el tráfico de alcohol. Pero su imperio realmente se fortaleció con los lucrativos negocios establecidos a partir de 1934 con Fulgencio Batista, quien se auto-otorgó el rango de Coronel del Ejército y se promulgó como el Jefe de las Fuerzas Armadas del país.

Esta privilegiada posición le permitió establecer un rígido control sobre diversos presidentes desde la fecha hasta su llegada a la presidencia: la primera vez en 1940 por medio de conspiraciones y el engaño, una segunda vez en 1952 por medio del golpe de Estado.

Entre los llamativos e “ilustres” personajes de la mafia que iniciaron sus operaciones en Cuba, se encuentra Charles “Lucky” Luciano, quien se había convertido en el padre del crimen organizado en la costa norte del EE.UU. y quien llegó a Cuba por orden de Meyer Lansky para empezar las coordinaciones necesarias.

Los nuevos “negocios” estuvieron bajo el control de cuatro familias mafiosas: Corsican Amleto Battisti y Lora (gozó hasta de inmunidad parlamentaria otorgada por el Partido Liberal), Amadeo Barletta Barletta, Santo Trafficante (Padre) y el propio Meyer Lansky (su nombre real fue Maier Suchowijansky).

 

La impunidad de la mafia

La mafia encontró en La Habana una base de operaciones segura para el tráfico de drogas proveniente de América del Sur hacia EE.UU., la cual se transportaba por diversos medios aéreos y navales, incluyendo embarcaciones o aviones pertenecientes a miembros de la jerarquía política-militar de Fulgencio Batista.

A finales de 1946, se produjeron importantes encuentros y reuniones, algunas de ellas tuvieron lugar en la propia residencia de Fulgencio Batista y otras en casas de cómplices o lugares públicos, como la realizada en el Hotel Nacional que fue amenizada, incluso, por el cantante Frank Sinatra.

La mafia tuvo también su participación en la vida política del país, al trabajar en conjunto con los órganos de inteligencia de EE.UU., quienes preocupados por una posible insurrección, impusieron a través del aparato de represión del gobierno, una cacería al estilo McCarthy a las actividades revolucionarias de grupos de carácter comunista, progresista o patriótico de la sociedad cubana como el Partido Comunista o el Movimiento Obrero liderado por Lázaro Peña.

Los mafiosos, además, tuvieron puestos en la banca cubana, como es el caso de Don Amadeo Barletta Barletta, quien recibió una licencia para convertir el Banco Internacional de la Habana en el Banco Atlántico S.A. y que por medio de este se facilitara el lavado de dinero adquirido en los “negocios” de las familias.

El gobierno de Prío Socarrás, involucrado en los manejos sucios con la mafia, fue denunciado por el joven abogado Fidel Castro:

 “Prío no es ajeno al trato con pandillas. Lo escoltaron celosamente durante su campaña política. Asumió el poder abrumado por los compromisos.

 “[…] Así, por ejemplo, aparte de otros grupos más pequeños, al grupo de Guillermo Comellas se le dieron 60 puestos; el Tribunal Ejemplar Revolucionario recibió 110; Unión Insurreccional Revolucionaria, 120; Acción Guiteras, 150 puestos; Grupo de Colorado’a, 400 posiciones; Masferrer, 500 puestos y el grupo de Policarpo, el más temible, 600 puestos. Esto hace un total, de acuerdo con los datos en mi poder, de 2 120 puestos que se estaban pagando por servicios no prestados en los Ministerios de Salud, Trabajo, Interior y Obras Públicas.”

Meyer Lansky, quien llegó a Cuba después de la II Guerra Mundial, se estableció en breve tiempo como el dueño de una multitud de casinos a lo largo del país, introduciendo más de 10 mil máquinas tragaperras, floreciendo sus negocios del juego, prostitución, tráfico de armas y drogas. Para la construcción de este imperio contó con los “servicios” del temido “Fat Butcher” (cuyo verdadero nombre era Nicholas di Constanzo). Aunque para sus “bonanzas”, Lansky tuvo al casino insignia del Hotel El Capri, cuyos grandes beneficios de sus “negocios” le permitieron cumplir su gran sueño: la construcción del Hotel Rivera, el cual abrió sus puertas el 10 de diciembre de 1957.

Según un reporte del 27 de marzo de 1958 de las oficinas del Tesoro de EE.UU., en Cuba la mafia tenía negocios o el control sobre las siguientes instalaciones: The Casino Riviera, The Hotel Nacional International Casino, The Hotel Capri Casino, The Hotel Havana-Hilton Casino, The Night Club Sans Souci Casino, The Club Tropicana Casino, The Hotel Deauville Casino y The Hotel Sevilla Baltimore.

Pero no se puede dejar de mencionar las expectativas de lucro que tuvieron con el proyecto Montecarlos, en la costa norte de La Habana, o el complejo de marina que se tenía previsto construir en la otrora Isla de Pinos (en los predios del Hotel El Colony), destinada a yates de lujo y lavado de dinero.

Cuba no fue únicamente un antro de negocios y crímenes para la mafia italo-americana, la cual participó de manera activa en los análisis, financiación e implementación de los planes de desarrollo de la industria del ocio y el juego, sino que también existió una mafia cubana que floreció con vínculos al gobierno de Fulgencio Batista. Entre estos se encontraban auténticos criminales que prestaron sus “servicios” para reprimir, torturar o asesinar. A modo de ejemplos basta mencionar:

  • El Coronel Esteban Ventura Novo, Jefe de la Quinta Estación de Policía de La Habana, de quien se decía que sus medallas chorreaban sangre.
  • Pilar García, del cual se decía que tenía “nombre de mujer y alma de hiena”, e instauró el llamado “Método García”, el cual consistió en asesinar a los prisioneros por la espalda.
  • Carlos M. Tabernilla, piloto y Jefe de la Fuerza Aérea de Batista, asesinó sin miramientos y acribilló familias enteras cuando autorizó los bombardeos contra los campesinos de la Sierra Maestra y de las ciudades de Cienfuegos y Santa Clara, cuando el poder batistiano estaba en sus últimas horas. Como Jefe del Ejército, su padre popularizó una frase que estremecía a sus propios soldados: “Darle candela al jarro hasta que suelte el fondo”.
  • Conrado Carratalá, participó junto con Ventura Novo y otros, en la masacre de presos políticos en la prisión del Castillo del Príncipe, el 1 de agosto de 1958.
  • Rolando Masferrer, cabecilla de una banda paramilitar formada por numerosos criminales, a la cual se le llamó “Los Tigres de Masferrer”.

Este testaferro tenía un periódico que paradójicamente llamó “Libertad” y todo el que aparecía en sus líneas era encontrado posteriormente mutilado y asesinado. Este esbirro huyó a Miami el mismo primero de enero de 1959, pero antes sus hombres mataron a 15 personas en Manzanillo, entre ellas una familia de 9 miembros a quienes dieron candela dentro de su propia casa, ocasionando la muerte de 3 niños, uno de ellos de 18 meses.

La Revolución que cambió la realidad

El 1 de enero de 1959 propició un gran cambio dentro de la vida social, política y económica de Cuba. Todos estos maleantes, temerosos por sus crímenes y conscientes de las leyes que adoptaría la Revolución, huyeron hacia Estados Unidos, cuyo gobierno los acogió, refugió y puso a sus servicios en planes de agresiones y propaganda contra el proceso revolucionario cubano y sus líderes.

Todas las propiedades de estos maleantes y asesinos fueron confiscadas y nacionalizadas, junto con las propiedades pertenecientes a corporaciones estadounidenses y otras nacionalidades que hasta el momento se habían lucrado con el expolio de los derechos y la explotación de la ciudadanía cubana.

Desde entonces, las agencias de prensa al servicio de los intereses imperialistas, intentan promocionar que antes de enero de 1959 hubo una Cuba plena de bonanzas; pero sin especificar que éstas sólo eran accesibles a una élite afín a los gobiernos corruptos de turno y, fundamentalmente en la última etapa, a la dictadura batistiana, lucrándose del robo, el juego, la prostitución, el tráfico de armas y drogas; mientras la mayoría de la población vivía en un país atrasado y forzado al monocultivo, dependiente económicamente de EE.UU., con una población mayoritariamente analfabeta y subyugada por la desigualdad, el racismo y la discriminación.

Sobre esa “lujosa y próspera” Cuba bajo mando estadounidense, la prensa imperialista omite en sus “noticias” que el 70% de los clientes de los casinos eran turistas norteamericanos y el resto del porcentaje pertenecía a la burguesía nacional cubana y a visitantes ricachones de América Latina.

Aunque paradójico, pero mientras los expropiados de otras nacionalidades aceptaron las indemnizaciones del gobierno revolucionario, Estados Unidos fue el único que forzó a sus conciudadanos a no aceptar pago alguno por la nacionalización de sus propiedades; ya que de esta manera se abogaba el “derecho de exigir”, también, la devolución de las propiedades de sus protegidos criminales y mafiosos.

Curiosamente, la mayoría de esos mafiosos y criminales al servicio de la dictadura batistiana, en complot con la CIA (Agencia Central de Inteligencia) planificaron, financiaron y ejecutaron muchos de los 638 intentos de asesinato contra Fidel Castro, como también muchas de las agresiones realizadas contra diplomáticos cubanos e instalaciones económicas y turísticas de Cuba. Imposible olvidar el dolor de todo un pueblo por la muerte de sus hijas e hijos, como los que perdieron la vida en la voladura en pleno vuelo del avión de cubana 455, al salir de Barbados el 6 de octubre de 1976; obra de un criminal como Posada Carriles, quien aún se encuentra libre por las calles de EE.UU. (3).

Los herederos de Meyer Lansky y de otros tantos mafiosos y testaferros andan reclamando a la Revolución cubana las antiguas propiedades de sus parientes y aguardan con ansias de retornar a Cuba y a toda su población a esa época de antaño, donde los criminales, corruptos y defraudadores se daban la buena vida, mientras los campesinos eran desalojados constantemente, el desempleo en la clase obrera rebosaba las calles de mendigos, el racismo y la discriminación denigraban a cualquier personas y las elecciones no eran más que un negocio para la clase política.

Ninguno de estos delincuentes se preocupó vez alguna por los problemas acuciantes de Cuba, como sí lo hizo Fidel Castro, quien denunció en varias ocasiones las penurias que vivía la población cubana. Su ocasión más contundente fue en su alegato conocido por “La Historia Me Absolverá”.

Cada año de celebración del triunfo de la Revolución cubana certifica la derrota de aquel “modelo”, neocolonial, donde los privilegios pertenecían únicamente a una cúpula mafiosa y sus políticos cómplices, quienes campeaban a sus anchas a expensas del pueblo.

Cada año de celebración del triunfo de la Revolución cubana certifica el triunfo de un proceso político, socialista, que desde enero de 1959 cuenta con el apoyo de su pueblo y lo constata como el actor fundamental de su construcción y desarrollo

Cada año de celebración del triunfo de la Revolución cubana certifica las palabras de Fidel Castro, en su discurso en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 1959:

 “Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder. No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto. Intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García que había peleado durante 30 años, no quisieron que entrara en Santiago de Cuba. No será como en el 33 que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años. No será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones.  Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas.  Esta vez sí que es la Revolución.”

Y la Revolución no sólo llegó… ¡se quedó y sigue su marcha triunfante!

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