No cabe duda que el encuentro de esta mañana en Singapur entre Trump y Kim Jong Un es un acontecimiento histórico. Ambas partes firmaron un documento conjunto por el que Estados Unidos se compromete formalmente a proporcionar “garantías de seguridad” a Corea del norte.

No obstante, no dice en qué consistirán. Mike Pompeo ha prometido que serán “únicas” y “diferentes” de las propuestos hasta ahora.

El texto aprobado también es bastante vago en lo que se refiere al calendario, y deja su aplicación a la continuación de las negociaciones, que comenzarán la próxima semana bajo la dirección del jefe de la diplomacia estadounidense Mike Pompeo, un actor clave en el relanzamiento del diálogo.

El encuentro hubiera sido imposible si Trump no hubiera hecho una segunda concesión: poner fin a los ejercicios militares conjuntos con Corea del sur, descritos como “muy provocativos” desde el norte. La congelación de estas maniobras, fuente de tensiones recurrentes, era una antigua exigencia del gobierno de Pyongyang.

“Esta es una gran victoria para Kim Jong Un, que ha dado un verdadero golpe con su cara a cara con el presidente”, señala Michael Kovrig, del Grupo Internacional de Crisis en Washington, señalando que tanto su padre como su abuelo “soñaban con ello”.
“Tanto para Estados Unidos como para la comunidad internacional, este es un punto de partida positivo para unas negociaciones que deberían ser largas y difíciles”, añadió.
Kim Jong Un afirmó que había “pasado página” después de haber superado “muchos obstáculos” para llegar a esta reunión, que es “un buen preludio para la paz”.

China, el principal socio de Pyongyang, acogió inmediatamente el comienzo de una “nueva historia”. Japón, por su parte, ha sido más mesurado, acogiendo con beneplácito sólo un “primer paso hacia una resolución integral”.

El encuentro, que duró cinco horas, es el primero entre un presidente estadounidense en ejercicio y un dirigente norcoreano. Estuvo marcado por los apretones de manos entre los dos hombres, una imagen inimaginable hasta hace unos meses, cuando intercambiaron insultos.

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