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Algo más sobre ‘Minority Report’

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Darío Herchhoren

He leido con mucha atención el artículo de mi buen amigo Olarieta sobre la película del misno nombre que da origen a su artículo y también de este.

A la llegada de Mussolini al gobierno de Italia la situación social era muy grave con tomas de fábricas por parte de los trabajadores, huelgas y enfrentamientos con la policía y los carabineros.

Su designación era un intento de la gran burguesía italiana de atrasar el reloj de la historia, y para ello había que hacer algunas cosas que implicaban cambiar totalmente la sociedad. Otra vez había que cambiar todo para que todo siga igual. Los ricos seguirían siendo ricos y más ricos, y los pobres seguirían siendo aún más pobres.

Efectivamente, se prohibió la huelga, la libertad de prensa desapareció, se encarceló a la oposición comunista, se persiguió a los judíos y se les expropiaron sus bienes, y en general el estado se convirtió en el policía que todo lo controlaba con la ayuda del partido fascista y de los “fascios de combattimento” que se ocupaban de escarmentar a los díscolos. No había paro. Todos trabajaban pero con salarios de hambre.

Para ello, y siguiendo las palabras del propio Mussolini se creó “el estado totalitario”, que significaba que el estado reglamentaba todo, y estaba en todo. La vida privada de los ciudadanos desapareció, y el estado totalitario fascista pasó a controlarlo todo.

Para ello se creó una nueva simbología muy al gusto del histriónico Mussolini, que adoptó el águila imperial  romana, el saludo romano (fascista) que se hacía con el brazo en alto, y la adopción del nombre de “Duce” para Mussolini, que lo había tomado de los “dogos” venecianos en los tiempos en que Venecia era un estado.

Pero además había que cambiar las leyes penales. Y se cambiaron.

Para ello se le encargó al ministro de justicia italiano Giuseppe Rocco redactar un nuevo código penal, que se le  presentó a Mussolini como el código para la defensa social que introducía una novedad; que era lo que se llamaba “estado peligroso sin delito”, que implicaba que el estado fascista podía detener y encarcelar a todos aquellos que según la policía, los carabineros y los propios “fascios” consideraban un peligro para el nuevo estado. Este sistema de estado peligroso tuvo en España una réplica, para lo cual se crearon durante el franquismo los tribunales de peligrosidad social. Es curioso como los estados fascistas sienten una atracción por las águilas. Los italianos exhumaron el águila romana, y Franco  encontró en el baúl de la abuela el águila de San Juan.

En la llamada “década infame” en Argentina que en realidad duró trece años (1930 a 1943) el General Agustín P. Justo, presidente de la república surgido del “fraude patriótico” (así es como cínicamente le llamaban) encargó a su ministro de justicia el Dr. Jorge Coll redactar un proyecto de nuevo código penal que incluyera ese nuevo concepto de peligrosidad. Y el fruto podrido de ese trabajo, fue  el llamado “Proyecto Coll Gomez de estado peligroso sin delito”, que nunca fué aprobado. Hay que decir en honor a la verdad, que el Dr. Eusebio Gomez, co-redactor de ese proyecto liberticida se desligó del proyecto y recomendó que no se aprobara. Hace muchos años conocí a la hija única del Dr. Gomez que me contó que su padre formó parte a regañadientes de ese proyecto, y que gracias a la oportuna intervención del Dr. José Peco, catedrático de Derecho Penal en la Facutad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires a quien le unía una larga amistad con Eusebio Gomez, este desistió a tiempo de seguir con la redacción de ese nefasto proyecto. Esto del derecho penal “preventivo” no es una novedad. Ya los “maestros del fascismo” lo habían inventado.

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