De nuevo Catalunya en la calle. De nuevo el clamor por la independencia. De nuevo la gente mostrando una firmeza de la que carecen sus políticos burgueses, esos que se asustaron hace un año tras el referéndum y que dejó en la estacada a quienes habían recibido estacazos. Catalunya ha vuelto a hacer una demostración de fuerza pero que se quedará en un simple atrezzo teatral, con un gran número de figurantes, si no se da un paso más: la desobediencia. ¿No es eso lo que, a fin de cuentas, se reclamaba al exigir a los partidos políticos timoratos “ni un paso atrás”?

El pueblo sigue cumpliendo son su deber, los políticos no. Y cuando el pueblo consiente esos políticos, su esfuerzo y su generosidad no sirven de nada. Se clamó por los presos políticos, pero éstos tienen una baza en su mano que, sorprendentemente, no han jugado: la huelga de hambre. Una decena de presos de ese calado en huelga de hambre sería una imagen insoportable para el régimen neofranquista y monárquico del 78. Cuando se aproxima el juicio contra ellos no se puede pretender reeditar un caso como el “juicio de Burgos” de 1970, cuando los militantes de ETA pusieron contra las cuerdas al franquismo. Ese momento ya pasó. Entonces el franquismo estaba solo, hoy su sucesor está apoyado por Europa, como viene quedando claro desde el referéndum del 1 de Octubre del año pasado al avalar la represión ejercida desde entonces. Es, por lo tanto, el momento de otro tipo de medidas, más radicales y más audaces.

La CUP volvió a ser el revulsivo, organizando su propia manifestación al final de la convocatoria oficial de la Diada, a la que también acudió. Es la única formación que garantiza que las camisetas y las banderas no van a quedar arrumbadas en un armario hasta la próxima representación donde se necesiten figurantes.

El Lince

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