El reciente derribo del Il-20 ruso tiene muchas semejanzas con el del caza Su-24 por Turquía en noviembre de 2015, sobre todo porque en ambos casos el artífice de la provocación ha sido la OTAN y la experiencia dice que, finalmente, Turquía tuvo que dar un giro a su estrategia en la Guerra de Siria que le ha puesto contra la OTAN y en los brazos de Rusia.

Fue una maniobra de judo por parte de Rusia y no necesitó de una respuesta militar a la misma altura, ni de represalias. Basta utilizar la propia fuerza del adversario para vencerle.

Ahora la diferencia es que el Il-20 es un avión de reconocimiento, es decir, que no va armado, lo que en términos militares es un “casus belli”, es decir, una declaración de guerra que, necesariamente, debería involucrar a Francia y, por lo tanto, a la OTAN.

El derribo es una de tantas provocaciones que viene lanzado la OTAN y sustituye a los esperados “ataques químicos del gobierno de Siria”, tan anunciados que nunca se van a producir porque los de la OTAN son maestros en el arte de la sorpresa.

Tanto con una provocación (ataque químico) como con la otra (derribo del Il-20) lo que la OTAN busca desde 2015 desesperadamente es un choque con Rusia. El problema es que Rusia lo sabe y está rehuyendo todas y cada una de las provocaciones, no sólo en Siria sino también en el Donbas.

Por eso leemos a veces que Putin es un blando, pero nadie que sea un poco inteligente va a una guerra cuando el enemigo lanza el guante; si ha de haber guerra, será porque Rusia busque el mejor momento y el mejor lugar. La venganza se servirá muy fría.

Como es costumbre, en torno al derribo del Il-20 han corrido ríos de tinta muy rápidamente porque esta vez la intoxicación lo tiene muy fácil: el avión fue destruido por las defensas antiaéreas sirias.

Esto requiere de una pequeña explicación técnico-militar. Un avión de reconocimiento, como el Il-20, tuvo que ver muy claramente que los F-16 israelíes se habían escondido detrás suyo para escapar de los radares de la defensa antiaérea siria.

El Il-20 sabía el número, la posición y la dirección de vuelo de los cazas israelíes F-16 mucho antes de que empezaran a disparar.

A su vez, los transmitió inmediatamente al centro de operaciones del ejército ruso en Siria que, a su vez, los remitió a los operadores del sistema antiaéreo sirio. Incluso es posible que eso no fuese necesario porque los sirios están conectados al centro de mando ruso.

Los objetivos aéreos tienen una identificación IFF de amigo o enemigo. Los F-16 israelíes se escondieron detrás del Il-20 para beneficiarse de la cobertura de identificación IFF como amigo.

Si eso es correcto, entonces los sirios no deberían haber disparado a un avión que debieron identificar como amigo. Luego el derribo procede de otro lugar, posiblemente de aviones franceses y, por lo tanto, se trata de una provocación de la OTAN.

Sin embargo, el Ministerio ruso de Defensa asegura que el Il-20 ha sido derribado por error por la defensa antiaérea siria, lo mismo que en 2015 aceptó que el derribo del Su-24 había sido obra de Turquía y no de la OTAN.

Rusia no puede denunciar que el derribo es obra de la OTAN sin entrar en una nueva ola de desmentidos con la intoxicación mediática, de los que ya lidia con unos cuantos, empezando por la injerencia en las elecciones presidenciales de 2016, el Caso Skripal, los campos de concentración para homosexuales…

A partir de aquí los imperialistas se ven cazados en su propia trampa: ni Israel, ni Francia, ni la OTAN se atreven a desmentir a Rusia porque eso supondría aceptar abiertamente que los responsables son ellos.

La otra consecuencia de este juego es que Rusia queda con las manos libres y que las consecuencias no van a ser inmediatas. Son los típicos “trapos sucios” de los que sólo se habla a puerta cerrada, que es donde se resuelven los problemas (si es que se resuelven).

Hay otro argumento que avala nuestra hipótesis. El derribo del Il-20 se produce en medio de una avalancha de misiles israelíes y franceses contra Latakia que, desde el punto de vista militar, no tienen ningún sentido, ni aportan ninguna ventaja táctica a Israel, ni a Francia ni a ninguno de los macarras que se esconden bajo el paraguas de la OTAN.

Si el ataque fue una mera provocación, entonces parece más evidente que uno de los cuatro aviones que atacaron Latakia fue el que derribó el Il-20.

Las consecuencias de la provocación van a ser muy importantes, como los hechos pondrán pronto de manifiesto, especialmente para Israel, a quien Moscú está señalando con el dedo.

Es otra prueba más de que uno de los grandes perdedores de la Guerra de Siria es Israel.

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