Noventa millas de mar separan geográficamente a Cuba y Estados Unidos. Pero la geografía es la menor de las distancias entre ambas orillas, la confrontación histórica entre ambos países, que comenzó mucho antes del triunfo de la Revolución, ha marcado los flujos de personas entre los dos vecinos.

Podríamos deducir que la migración es un fenómeno social y cultural. En el mundo actual, alrededor de 180 millones de personas viven fuera de sus lugares de origen y el 60 % de los emigrantes del planeta se concentran en países desarrollados.

Sin embargo, EE. UU. ha convertido a la migración cubana hacia su territorio en una variable permanente en su política exterior, utilizada como instrumento de propaganda y agresión contra la Revolución Cubana.

Con tal finalidad, las políticas y legislaciones migratorias adoptadas por ee. uu. con respecto a los cubanos, incentivaron una migración desordenada, irregular e insegura, concediendo un tratamiento diferenciado a los de la Isla y politizando el tema migratorio entre ambos países.

Antes del 1ro. de enero de 1959 la emigración permanente y temporal de ciudadanos cubanos hacia EE. UU., sin ser estimulada, era relativamente alta en comparación con el resto de los países del área de centroamérica y el Caribe. Entre los años 1950-1958, unos 65 200 cubanos fueron admitidos en EE. UU. como inmigrantes permanentes, más que todos los provenientes de países de Centroamérica, y el 53 % de los del Caribe. Solo en 1956 emigraron hacia ese país 15 000 cubanos.

Migración marcada por el bloqueo y raseros políticos y mediáticos

Después del triunfo revolucionario, la política migratoria de EE.UU. hacia Cuba ha estado encaminada a estimular la emigración –tanto legal como ilegal– y se ha convertido en un importante instrumento de la política hostil del Gobierno estadounidense, dirigido a crear en Cuba dificultades, tanto internas como también en el plano internacional.

Desde incentivar la salida de menores de edad con falsa propaganda sobre supuestos cambios en la patria potestad, durante la llamada Operación Peter Pan, hasta tolerar el secuestro de embarcaciones y aeronaves cubanas para llegar al territorio estadounidense; es larga la lista de acciones agresivas en esta materia aplicada por las administraciones de ese país.

El 12 de enero del 2017, a pocos días del fin de la administración de Barack Obama, Cuba y Estados Unidos firmaron su último acuerdo migratorio, que puso fin a la llamada política de «pies secos-pies mojados» y al Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, que incentivaba el abandono de las misiones del personal de la Mayor de las Antillas en terceros países. Sin embargo, aún se mantiene en vigor la Ley de Ajuste Cubano de 1966.

Fidel fue quien definió, con mayor sabiduría, el daño de esta Ley para el pueblo cubano durante su discurso en la Tribuna Antiimperialista José Martí, el 27 de noviembre del 2001.

«No propondríamos una Ley de Ajuste para los demás países porque es una ley asesina, pero sí propondríamos el desarrollo del Tercer Mundo, si no se desea que su población excedente aplaste a las sociedades ricas, a costa de la abundante sangre de los emigrantes que tratarán de filtrarse por todas las vías. Propondríamos justicia para el mundo y un poco de luz para los políticos ciegos que hoy dirigen las más desarrolladas y ricas naciones de la Tierra», señaló.

Si bien es cierto que durante la administración Obama, la tensión en materia migratoria entre ambas naciones fue menor y las políticas hacia Cuba fueron más flexibles, el Gobierno de Donald Trump dio marcha atrás a estos acuerdos. Su hostilidad, violencia y malas intenciones son claras.

Utilizando pretextos absurdos e inverosímiles, redujo su personal en la Embajada estadounidense en La Habana y paralizó casi por completo la emisión de visados. De igual modo, ordenó la expulsión de 17 diplomáticos cubanos de la Embajada cubana en Washington.

«El Gobierno de Estados Unidos cierra y Cuba abre», afirmó el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en referencia a las recientes medidas adoptadas por la administración Trump, como la reducción del personal en las embajadas en las capitales de ambos países, con lo cual se suspendió la entrega de visas estadounidenses en territorio cubano.

Mientras Washington obstaculiza la relación de los cubanos de ambas orillas, Cuba da más pasos para facilitarla en correspondencia con la política de actualización migratoria, iniciada el 14 de enero del 2013. Ejemplo de ello son la eliminación de trabas burocráticas y la decisión de otorgar el derecho a la ciudadanía cubana a los hijos nacidos en el exterior de cubanos residentes en otros países.

Datos del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de La Universidad de La Habana (Ceseuh) confirman que, desde el 2013, han viajado al exterior más de 769 254 cubanos, el 79 % de ellos por primera vez. En el 2017, se alcanzó un 28 % de crecimiento en comparación con el año anterior.

En ese mismo año, llegaron a Cuba 428 000 cubanos residentes en el exterior, de ellos, 329 000 procedentes de Estados Unidos. Mientras en el 2015 visitaron la Isla 378 000 cubanos, de ellos 285 000 procedentes del vecino del norte. Así se mantiene también el incremento de los cubanos residentes en el exterior que deciden establecer su residencia permanente en Cuba.

No hay una época histórica donde los fenómenos migratorios adquieran una importancia tan esencial como en la actualidad.

El movimiento de seres humanos en nuestro planeta constituye un problema de difícil solución. Se encuentra en el centro de las preocupaciones de la comunidad internacional y, de hecho, en el núcleo de los conflictos globales de la humanidad.

La migración cubana no escapa, en sus características generales, a ese fenómeno global de desplazamiento humano. Pero ha estado marcada por condicionantes históricas, económicas y geopolíticas, y por la existencia de un férreo y criminal bloqueo que sigue poniendo traspiés al desarrollo. El flujo de ciudadanos que residen en ambos lados del Estrecho de la Florida ha sido el resultado de dobles raseros de tipo político y mediático, cuando debería ser –tal como ha promovido siempre nuestro Gobierno– cada vez más seguro, ordenado y regular.

En cifras

11 176 emigrados cubanos se reasentaron en territorio nacional en el año 2017.

Un millón 578 430 cubanos residentes en ee. uu. realizaron viajes a Cuba entre el 2012 y el 2017.

Los cubanos residen de manera temporal o permanente en más de 120 países del mundo.

El mayor grupo se encuentra en Estados Unidos, donde se estima que viven cerca de dos millones, el 57 % de ellos nacidos en la Isla y el resto se declara de esa nacionalidad por sus lazos familiares y culturales, de acuerdo con el Buró del Censo de ese país.

Hoy existen 157 asociaciones de Cubanos Residentes en el Exterior (CRE) constituidas en 72 países, con las que se realizan periódicamente encuentros nacionales y regionales de cubanos residentes en el exterior y se fortalecen los vínculos con Cuba.

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