Personal de los servicios de emergencias asisten a dos heridos. Foto: Kerch FM.

Antonio Rondón García.— La tragedia registrada en un centro docente de Kerch, en la península de Crimea, con saldo preliminar de 21 muertos y 50 heridos, deja varios cabos sueltos en cuanto a versiones y motivos. En un primer momento, el Comité Nacional Antiterrorista consideró que se trataba de un atentado terrorista, pero después el Comité de Investigación de Rusia anunció que abría un caso por asesinato de dos o más personas y por empleo ilegal de explosivos.

La diferencia de evaluaciones de las entidades está relacionada con las aún pendientes explicaciones de lo ocurrido en el instituto politécnico, el primer hecho de este tipo desde el regreso de la península a la jurisdicción de la Federación de Rusia, en 2014.

De acuerdo con varias fuentes, el estudiante de 18 años Vladislav Rosliakov, en el cuarto nivel del referido centro, compró en septiembre pasado una escopeta de caza Bekas, calibre 12 milímetros, y 250 cartuchos, por 30 mil rublos (casi 500 dólares).

Se desconoce la procedencia de ese dinero de un alumno, cuya madre trabaja de enfermera en un hospital regional, mientras el padre es un impedido físico que no vive con él, destaca el diario Komersant.

Rosliakov se apareció en la entrada del centro con dos mochilas con al menos dos bombas, granadas caseras y la escopeta terciada en la espalda. Una de las primeras heridas fue la custodio Natalia Panikorovskaya, quien apenas atinó a tocar el botón de alarma.

Los testimonios son contradictorios. Unos afirman que el joven agresor abrió varias aulas, donde arrojó granadas caseras, antes de entrar y disparar contra sus compañeros de estudio y profesores, para luego colocar una bomba en el comedor.

El hecho ocurrió en el receso entre el segundo y tercer turno de clase, por lo cual muchos alumnos se encontraban en el comedor. Luego de la detonación, que arrancó hasta los marcos de las ventanas, el agresor disparó contra quienes huían en estampida.

Pero otros testigos afirman que fueron varios los atacantes. Con esa versión casi coincide el máximo dirigente de Crimea, Serguei Aksionov, quien supone que Rosliakov, quien se suicidó en la biblioteca del centro, de ninguna forma pudo actuar solo.

El diputado ruso Frants Klintsevich llegó a especular que podría haber alguna relación del joven agresor con grupos extremistas ucranianos, una opción imposible de descartar.

La agrupación ultranacionalista Sector de Derecha y la UNA-Unsoc fueron involucradas en un intento de atentado en 2017.

Pavel Grib, miembro de Sector de Derecha, quien intentó reclutar, de marzo a mayo de 2017, a la alumna Tatiana Ershova para que colocara una bomba en la escuela número 26 de Adler, en Sochi, fue acusado y condenado por un tribunal de esta nación.

Sin embargo, ninguna relación concreta con esos grupos aparece en las pesquisas del ataque, pero si afloran síntomas de que Rosliakov intentaba imitar a Erick Harris, uno de los autores de la matanza en la escuela estadounidense de Columbine, en 1999.

En Columbine, perecieron 13 personas, además de Harris y Dylan Klebold, quienes luego se suicidaron. El joven ruso vestía un pullover blanco y un pantalón negro, similar al de Harris.

En Internet existen varias páginas en diferentes idiomas que ponen como héroe a los atacantes de Columbine, solo que ahora la masacre fue mayor, pues se emplearon explosivos.

El profesor Vladislav Miroshnikov indicó que aunque existía un botón para avisar a la Guardia Nacional y a los bomberos y un detector de metales, éste último cumplía funciones formales, mientras las ventanas del primer piso no estaban enrejadas.

Además, se podía entrar por una verja en el patio trasero, señaló Miroshnikov. Al respecto, la senadora rusa por Crimea, Olga Kovetili, adelantó que propondrá una iniciativa para reforzar la seguridad de los centros de estudios.

Ekaterina Lejova, senadora y jefa de la Unión de Mujeres de Rusia, indicó que se preparará una enmienda a la ley de armamentos que eleve a 23 años la edad para autorizar la compra de armas y refuerce el examen médico para autorizar la venta.

De cualquier forma, la tragedia de Kerch abre otra ventana de preocupación para las autoridades rusas, lo cual se suma a las amenazas de grupos terroristas, ya conocidos por anteriores ataques a este país.

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