Himmler visita la fábrica de Auschwitz

Los campos de concentración son uno de los símbolos emblemáticos del fascismo y el de Auschwitz, a su vez, los simboliza a todos ellos. Lo que a ciertos historiadores no les interesa explicar es por qué crearon el campo de concentración de Auschwitz, ni tampoco por qué se emplazó en Auschwitz, o sea, en la región carbonífera de Alta Silesia, Polonia, en un pueblo cuya denominación autóctona polaca es Oswiecem.

A lo máximo los enterados, incluidos los “alternativos”, comentan que en las cámaras de gas los nazis utilizaban el Zyclon B para asesinar a los antifascistas en masa, añadiendo que lo fabricaba uno de los mayores monopolios alemanes de la época, llamado IG Farben que, por lo demás, sigue existiendo con otros nombres.

IG Farben era un monopolio creado por el gigantesco desarrollo de la química a finales del siglo XIX que creció aún más con el bloqueo al que los imperialistas occidentales sometieron a Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.

En condiciones de bloqueo de la importación de materias primas, para sostener su gigantesca maquinaria de guerra, Alemania necesitaba buscar sustitutivos sintéticos de productos básicos, como el caucho. En menos de cuatro años IG Farben redujo las importaciones alemanas de caucho del 95 al 7 por ciento gracias a la “buna”, que es como llamaron al caucho sintético.

Tres años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial IG Farben construyó las dos primeras fábricas de “buna”; Auschwitz fue la tercera. Pero entonces Auschwitz estaba en Polonia, por lo que previamente había que apoderarse del país vecino. Eso es lo que explica el origen de la Segunda Guerra Mundial en Polonia.

Antes del inicio de la guerra IG Farben elegió Auschwitz para instalar la fábrica por dos motivos estratégicos:

1. Era necesaria una fábrica de caucho sintético en el este para iniciar una guerra de agresión contra la URSS

2. La fabricación de caucho sintético requiere mucho carbón y mucho agua y ambas cosas abundan en las minas de carbón de Silesia, en la confluencia de tres ríos

Queda, pues, explicar los motivos por los cuales se construyó un campo de concentración, que no fue para exterminar a los antifascistas, ni mucho menos a los judíos, sino porque en la región no había mano de obra capaz de trabajar en la fábrica.

Así, Auschwitz nació como un campo de trabajo, es decir, una cárcel unida a una fábrica. Los primeros planes datan de 1937 y, además de “buna” IG Farben aprovechó para instalar también una fábrica de “leuna”, un combustible sintético derivado de la hidrogenación del carbón.

Todo dependía, pues, de las minas de carbón de Silesia, que producían dos millones de toneladas al año, de las que IG se apoderó.

El nuevo sistema esclavista de Auschwitz, que estaba a medio camino entre una cárcel y una fábrica, no apareció de golpe sino que fue un proceso que respondió a las necesidades de la guerra. Primero hubo que levantar el campo de concentración para tener mano de obra disponible y en abundancia. Luego se empezó a construr la fábrica al lado y mientras estaban con las obras, Göring autorizó al monopolio a utilizar presos como mano de obra.

“El poder político, escribieron Marx y Engels, viene a ser el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la burguesía” y Auschwitz no es una excepción. En el campo de concentración no mandaba el Estado, Hitler, el III Reich, ni las SS. Mandaba IG Farben, es decir, el capital monopolista. Auschwitz es más bien un símbolo del monopolismo que del nazismo.

El Campo I de Auschwitz se construyó en 1940 para albergar a 26.000 esclavos, pero en 1941, en el momento en que se iniciaron las obras de la fabrica de caucho sintético, contaba con 40.000. Entre 1941 y 1943 más de dos millones de esclavos pasaron por allá, de los que cientos de miles eran la fuerza de trabajo de IG Farben.

En cuanto a los Campos II y III, los historiadores aún no han encontrado los informes del monopolio químico. Al campo IV, llamado “Monowitz”, se le conocía como “el campo de concentración de IG Farben”. Fue construido para 5.000 trabajadores, pero llegó a emplear a 20.000 en algunos momentos.

Durante este período (que excluye 1944, el año más crudo), más de 100.000 trabajadores de IG Farben fueron asesinados en las cámaras de gas. Desde el principio hubo una relación directa entre las necesidades de producción del monopolio y el tratamiento de los presos. En la fábrica de caucho, sin contar la de combustible, IG Farben empleó a más de 300.000 esclavos en total, de los que más de 200.000 morirán en el trabajo porque las condiciones de trabajo en las fábricas de IG Farben eran peores que en los campos de concentración.

Algunos miembros de las SS llegaron a quejarse del trato que los dirigentes de IG Farben daban a los prisioneros. Antes de terminar la construcción de las fábricas, nueve de cada diez castigos fueron infligidos a los trabajadores de IG Farben.

A finales de febrero de 1943, se estableció un moderno crematorio en Auschwitz. El Zyclon B, utilizado para gasear a las víctimas de los campos de concentración, fue creado y patentado por IG Farben, que tenía el monopolio de las ventas mundiales desde 1934. Cada bote de gas Zyclon B emitido en las cámaras de gas de Auschwitz había sido fabricado por IG Farben.

El monopolismo sigue existiendo e IG Farben también, pero ahora se llaman AGFA, Bayer, BASF y Hoechst (parte de Sanofi- Pasteur) y Pelikan que, por cierto, suministraba a las SS la tinta con la que tatuaban a los presos.

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