Casi ocho décadas después de haber dejado las fábricas de acero de Japón, Lee Chun-sik rompe a llorar cuando se acuerda de las palizas, las quemaduras y trabajos forzados que vivió.

Cuando solo tenía 17 años, dejó Corea del Sur, que fue colonia de Japón de 1910 a 1945. Le prometieron que le formarían para ser ingeniero. Pero cuando llegó a Kamaishi en 1941 era prácticamente un prisionero. Lee dice que los guardias japoneses le dieron palizas cuando no estaban conformes con su trabajo, labor por la que nunca le pagaron.

“No puedo ni pensar en esos días. Tratar de hacer memoria me hace ahogarme, sentirme triste y llorar”. Ahora Lee está en el centro de una ruptura diplomática entre Corea del Sur y Japón, que como EEUU están trabajando por reforzar las alianzas en Asia para crear un frente unido contra Corea del Norte y su programa nuclear.

La semana pasada, el Tribunal Supremo de Corea del Sur dictaminó que Lee y otras tres personas tenían derecho a recibir una indemnización por parte de Nippon Steel y Sumitomo Metal Corporation de casi 78.000 euros cada uno. La sentencia ha llegado después de 14 años.

Desde que el caso fue presentado por primera vez, los otros tres hombres que demandaron junto a Lee han muerto. Lee se enteró de sus muertes el mismo día del veredicto. El viaje a Seúl, donde está el Supremo, fue tan agotador para este hombre de 94 años que ni siguiera pudo pararse a hablar con los periodistas cuando regresó a casa.

El trauma en Japón le impidió cumplir su sueño de convertirse en ingeniero, según cuenta. Tuvo diferentes trabajos después de la guerra. Fue policía durante el gobierno militar de EEUU, dirigió una gasolinera y una compañía de turismo.

Con la sentencia, Lee ha conseguido pasar página. Ahora mismo, vive solo en la ciudad sureña de Gwangju, en un abarrotado apartamento de una habitación llena de fotos familiares descoloridas y una pila de bolsas de papel con recetas médicas.

“Me siento muy bien, como renovado ahora que se ha dictado la sentencia. La indemnización se repartirá”, explica. “Me cuesta describir lo difícil que fue esperar el fallo y la compensación hará que empiece a olvidarlo”.

Japón no tardó en condenar la sentencia. El primer ministro, Shinzo Abe, advirtió que su Gobierno podría llevar el caso hasta la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas. “Esperamos que el Gobierno de Corea del Sur tome medidas contra el fallo”, dijo ante un comité parlamentario. Añadió también que el fallo no tendrá consecuencias para las empresas japonensas con presencia en Corea del Sur.

Condenó la decisión del Tribunal Supremo calificándolo de “increíble” y expresó “su profundo pesar” por el hecho de que los vínculos bilaterales se vieran afectados de manera negativa por el caso y otros acontecimientos recientes que “van en contra de los esfuerzos por construir relaciones bilaterales de futuro”.

Japón ha dicho una y otra vez que todas las reclamaciones de indemnización derivadas de la guerra fueron resueltas “completamente” por un tratado bilateral firmado en 1965. La empresa también alegó que era una entidad separada de la entidad que obligó a Lee y a otros a trabajar, y que Nippon Steel se formó mediante fusiones después de la guerra.

El Supremo rechazó estos argumentos y dijo que el tratado no impedía que las personas afectadas demandasen por la experiencia “inhumana e ilegal” que sufrieron. Se han presentado 14 demandas similares contra empresas japonesas, entre ellas, Mitsubishi Heavy Industries y la importante empresa industrial y de ingeniería Hitachi Zosen.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha guardado silencio sobre el tema, pero el primer ministro dijo que el Gobierno “respeta la opinión del poder judicial”.

El Ministerio de Exteriores en Seúl considera que los líderes japoneses estaban “pasando por alto el fondo de la cuestión del asunto… y siguen haciendo comentarios que despiertan las emociones de nuestros ciudadanos”.

Para Lee, lo que atañe a la geopolítica en torno a su caso es poco preocupante. Lo que le importa es recibir el pago atrasado, concretamente, 75 años tarde.

“Las otras víctimas que presentaron la demanda han muerto, pero al ser el único superviviente no voy a ceder. Fui muy joven a Japón para trabajar y pasé por un gran sufrimiento, me gustaría que este tema se resolviera antes de que me muera”, concluye.

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