Nota V.O. : El Partido Comunista Revolucionario Voltaico describe en el último número de la revista internacional CIPOML la situación de alta tensión y de lucha social que vive el país centroafricano, Burkina Faso. Por su interés reproducimos a continuación un fragmento del artículo: “! Las luchas populares se desarrollan en nuestro país !” para así aproximarnos a la realidad de este país y su lucha revolucionaria contra el imperialismo y la oligarquía.

Estas luchas han sacudido a todas las clases sociales populares, tanto de las ciudades como del campo: obreros, semi-proletarios, campesinos, pequeña burguesía urbana. Luchas que han tomado diversas formas: sentadas, huelgas, manifestaciones masivas, barricadas en las calles y carreteras, etc. La organización de estas luchas ha sido desde los sindicatos, asociaciones y otras coaliciones hasta iniciativas de tipo «sovietista» (consejos obreros) en el campo.

Estas luchas hay que analizarlas teniendo en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Espíritu de insurrección popular que permanece vivo en el ánimo de las masas populares. La combatividad, la toma de conciencia y el, reflejo organizativo, se desarrollan cada vez más a partir de la experiencia de la insurrección popular de octubre de 2014, y la victoriosa resistencia contra el golpe de Estado contrarrevolucionario del general Gilbert Diendere en septiembre de 2015.

La concienciación ha rebasado el marco de las luchas económicas. Tiene un contenido político y antiimperialista que se afirma y crece. La reivindicación de un verdadero cambio sigue vigente pues la insurrección fue neutralizada por el golpe de Estado del Regimiento de Seguridad Presidencial, del teniente-coronel Zida, apoyado por los partidos burgueses y organizaciones de la sociedad civil controlada por el imperialismo, concretamente el francés. Nuestro pueblo denuncia la dominación de nuestro país por el imperialismo, particularmente el francés. Exige la independencia nacional. Denuncia la presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio, así como la moneda, el franco CFA, en tanto que instrumento de la dominación económica. Nuestro pueblo lucha por la soberanía nacional sobre los recursos naturales del país.

Como durante la Transición, nuestra clase obrera y el pueblo no se fían de este poder del MPP cuyos principales dirigentes durante una treintena de años fueron pilares del poder represivo y saqueador, desde el Consejo Nacional de la «Revolución» hasta la IV República de Blaise Campaoré pasando por el Frente Popular. Son los animadores de un Estado burgués que defiende los intereses del imperialismo, principalmente el francés, y de la burguesía neocolonial. Esta es la razón por la que han sido incapaces de tomar medidas sobre ninguno de los problemas básico de la insurrección. Su principal objetivo es el de liquidar el movimiento popular y revolucionario que se desarrolla y que amenaza los fundamentos del sistema neocolonial en nuestro país.

La crisis revolucionaria se profundiza de día en día, es política. El poder del MPP y sus aliados tiene diversos conflictos, abiertos o larvados, entre los principales dirigentes del MPP a nivel de ciertos partidos principales de la Alianza de la Mayoría Presidencial (UNIR/ PS, PAREN, entre otros) Lo mismo sucede en la oposición burguesa reaccionaria coaligada en el seno del CFEOP (cabeza la oposición política), y con las sacudidas en el seno de UPC (Unión por el Cambio) que es la principal fuerza. El CDP del difunto régimen derrocado por la insurrección popular, trata de reconstruirse en medio de las luchas de influencia entre los diferentes clanes que lo componen.

Las fuerzas de Defensa y Seguridad, están minadas por la crisis como demuestran las múltiples restructuraciones a nivel de los mandos de las fuerzas armadas y la ruptura entre la tropa y la alta jerarquía. Los movimientos de protesta se multiplican en la Policía Nacional con numerosos escándalos financieros revelados en informes de investigación, y por el creciente descontento entre los agentes por la degradación de sus condiciones de vida y de trabajo. Los militares y policías expulsados por su participación en los motines de 2011, así como gendarmes jubilados también manifiestan su descontento.

En el terreno económico la situación es catastrófica. El pueblo está atenazado por la pobreza y la miseria, agravado por el desempleo endémico que se da, sobre todo, entre los jóvenes. La maquinaria económica va a ritmo lento, el PNDES (Programa Nacional de Desarrollo Económico y Social) no es la solución como no lo fueron los programas de ajuste estructural (PASD), los Cuadros Estratégicos de la Lucha contra la Pobreza (CLSP) o la Estrategia de Crecimiento Acelerado y Desarrollo Durable (SCSDD), programas todos ellos basados en el liberalismo económico preconizado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

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