Lo que Venezuela necesita es que alguien de un puñetazo encima de la mesa

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El lenguaje del gobierno venezolano no tiene nada que ver ni con el de Estados Unidos ni con el de ese gallinero que ejerce de oposición antichavista.

Si cometiéramos el error de atenernos a las palabras, parecería que la víctima del golpe de la semana pasada es Estados Unidos o el gallinero. Ellos son los únicos que hablan alto y claro.

No se han cortado ni un pelo amenazando a Maduro al más puro estilo chulesco. El senador republicano por Florida, Marco Rubio, ha afirmado que Maduro “tiene que decidir de qué manera va a abandonar el poder, por las buenas o por las malas”.

Lo mismo dicen los matones del Pentágono: “Se va como Noriega o como Marcos”, ha advertido el jefe del Comando Sur, en referencia a Ferdinand Marcos, al que en 1986 destituyeron del gobierno de Filipinas a golpe de disturbios y manifestaciones.

Por parte del gobierno no se ha producido ninguna de las reacciones que cabría esperar de quienes han tratado de ser desalojados por la fuerza. Les han calificado tantas veces de “represores” que no reprimen nada. Es otro golpe que les va a salir gratis a los golpistas.

Maduro ha llamado a Trump a “rectificar” su política hacia Venezuela, que es como decirle a un perro que deje de morder.

El gobierno venezolano capitula frente a los golpistas. “Estoy de acuerdo en una iniciativa diplomática para el diálogo, para el acuerdo”, ha propuesto Maduro, lo cual sólo puede envalentonar a los sicarios de Estados Unidos.

El lenguaje de la oposición en Venezuela es el mismo que utilizan los fascistas en España. Cuando tienen la sartén por el mango, no se puede hablar de violencia; pero cuando van perdiendo no hablan de otra cosa que de violencia precisamente.

En España los fascistas tienen claro que se hicieron con el poder tras una guerra civil y desde hace 80 años les dicen a sus oponentes: “si quieres sacarme de mi sitio tienes que hacer lo mismo”.

Pero una guerra civil es algo muy malo, terrible. Nadie quiere una guerra civil y entonces es mejor que todo quede tal y como está, es decir, aguantando el fascismo, el paro, la falta de vivienda, el artículo 155…

En Venezuela todos (“los unos y los otros”) hablan del mismo plan: convocar nuevas elecciones, un mantra que se repetirá hasta que las gane el bando políticamente correcto, es decir, hasta que Maduro y los suyos salgan del gobierno.

Los chavistas tienen sellado su destino. El imperialismo ya ha expulsado a Correa en Ecuador, a Cristina Fernández en Argentina, a Lula en Brasil… En Latinoamérica el reformismo no tiene la más mínima cabida. Estados Unidos sólo quiere aliados incondicionales en su patio trasero, marionetas dóciles.

Lo que los bolivarianos han construido a lo largo de estos años se va a derribar en cuanto la chusma golpista tome las riendas del Estado y entonces llegará lo realmente interesante: ¿qué harán todos esos que han estado alimentando las esperanzas y las ilusiones de millones de venezolanos?, ¿pedir que se vuelvan a convocar elecciones?

Hace ya bastante tiempo que Venezuela necesita que alguien de un puñetazo encima de la mesa… Bueno, lo de la mesa es negociable; quizá el golpe hay que dirigirlo a otro lugar.

Fuente: MPR

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