¿Cuántas veces hemos escuchado que las huelgas de la clase obrera no sirven para nada? Sin duda, en infinidad de ocasiones. Lo que en realidad no sirve de nada es permanecer con los brazos cruzados ante tanta injusticia repartida por parte de oligarquía (esto es lo que fundamentalmente reparten entre la clase obrera), que es lo que habitualmente hacemos. El enemigo nunca regala nada. Todas las conquistas arrancadas por los trabajadores y trabajadoras han llegado a través del esfuerzo y la lucha. Quizá las huelgas breves de tiempo sean escasamente eficaces para la consecución de una victoria realmente importante. Pero con una huelga general ampliamente prolongada en el tiempo ya es otra cosa, el enemigo de clase tiembla, y no precisamente de frío; tiembla aunque haga mucho calor.

Ejemplos existen; recordemos éste que sucedió hace algo más de 100 años:   

El 5 de febrero de 1919 se inició en Barcelona la conocida como huelga de «La Canadiense» contra la eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, siendo la entidad bancaria Canadian Bank of Commerce of Toronto, principal accionista. La raíz de la disputa fue el despido de ocho trabajadores por iniciar un sindicato independiente.

En el día del 23 de febrero se unieron a la huelga los trabajadores de la compañía Energía Eléctrica de Cataluña, consiguiendo detener por completo la actividad de las compañías eléctricas. Esta huelga se prolongó hasta alcanzar una paralización de 44 días convirtiéndose en huelga general, llegando a detener cerca del 70% de la industria catalana.

Finalmente, atendiendo a las reivindicaciones sindicales, el Gobierno, en el Decreto de 3 de abril de 1919, fijó la jornada máxima de ocho horas diarias, siendo España el primer país del mundo en establecer por ley la jornada laboral de ocho horas. Los 8 trabajadores despedidos fueron readmitidos.

Donde dice 98, léase 100

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