Inmiscuir a Cuba en esas groseras y desfachatadas políticas de mentiras y odio es tratar de tapar con un dedo la comprobada solidaridad, cuya expresión máxima son los millones de seres humanos de todo el planeta salvados por la medicina cubana. Foto: Ricardo López Hevia

Elson Concepción Pérez.— Se puede ser ignorante y gobernar un gran país. Se puede creer que el dinero lo resuelve todo y hasta que muchos miles de millones de dólares bastarían para decidir los destinos del mundo.

Así se crean fábulas inverosímiles pero que, repetidas millones de veces a través de los grandes medios de comunicación, aparecen como verdades y, usando esas  mentiras, se hacen guerras, se dictaminan bloqueos y sanciones y se compran personajes de las más diversas especies para acompañar a Estados Unidos en esa beligerancia contra el mundo, que pone en práctica cada vez con mayor intensidad el presidente Trump.

Respecto a Cuba ya las distintas administraciones desde Washington lo han inventado todo. Ahora, por ejemplo, Trump y sus halcones incluyen a la Isla de la dignidad y la resistencia en una de las tantas listas negras fabricadas sobre la base de falacias.

Cuba, desde ahora, aparecerá como país que no contribuye en la lucha contra la «trata de personas».
Y quién nos pone en esa lista. Pues nada menos que un gobierno y un mandatario que hacen de ese delito una moneda de cambio dentro de su política.

Buscar el voto del estado de la Florida, fundamentalmente de lo más recalcitrante de  la población de origen cubano, para las elecciones presidenciales de 2020, es el interés de Trump con esta y otras de las últimas medidas adoptadas contra la Isla.

Esta vez quiere Trump y su equipo debilitar la colaboración internacionalista de nuestros médicos y otros profesionales hacia los países del sur.

«Más mentiras y calumnias de EE. UU. al considerar a Cuba en la peor categoría en su informe de trata de personas, atacando la colaboración médica cubana, ejemplo de solidaridad, humanidad y de cooperación noble y legítima entre los países del sur», escribió el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en su cuenta de Twitter.

Inmiscuir a Cuba en esas groseras y desfachatadas políticas de mentiras y odio es tratar de tapar con un dedo la comprobada solidaridad, cuya expresión máxima son los millones de seres humanos de todo el planeta salvados por la medicina cubana.

Por muchas vueltas que le den al manipulador plan respecto a la contribución de nuestros médicos, enfermeras y otro personal de la salud, no se podrá obviar que son muchas las organizaciones internacionales, los pueblos y los gobiernos dignos que se sienten agradecidos de esta pequeña Isla que no da lo que le sobra sino que comparte lo que tiene.

Olvidan o no conocen Trump y sus asesores que en abril de 2017,  la Relatora Especial de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre los derechos humanos de las víctimas de la Trata de Personas, especialmente mujeres y niños, Maria Grazia Giammarinaro, de visita en Cuba, dijo: «He sido testigo de la voluntad política del Estado cubano para combatir la trata de personas, hay un fuerte enfoque en la prevención que yo felicito. Observé buenas prácticas y el interés de las autoridades por fortalecerlas».

En rueda de prensa en La Habana, la experta resaltó: «En Cuba, las personas cuentan con un alto nivel de educación, conocen sus derechos, tienen un sistema de Salud que asiste, con profesionales altamente calificados, a todo el que tenga un padecimiento, lo cual reduce las vulnerabilidades ante este  delito, del cual ningún país está inmune».

La Relatora no solo reconoció que los servicios sociales tienen una amplia cobertura, sino que «el número de actores vinculados a ellos es sumamente alto, lo que permite intervenir cuando hay ciudadanos en riesgo, especialmente en el caso de los menores».

Cuba, señor Trump, aplica la «tolerancia cero» en un tema tan sensible como la trata de seres humanos. Tampoco lo manipula políticamente y mucho menos permitirá que se nos involucre en chanchullos electoreros por el Gobierno del país que no es ejemplo ni de colaboración contra la trata, ni de nada que tenga que ver con el respeto a los derechos humanos.

¿De qué «trata» se trata, señor Trump? ¿Del plan de robo de médicos  para dejarnos sin ellos a nuestro país y a decenas de otros donde Cuba presta su colaboración solidaria o de la «trata» de votos electorales, en el estado de la Florida, que Ud. quiere asegurar  para reelegirse presidente de Estados Unidos?

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