Kim Jong-un y Donald Trump en Hanói, Vietnam, el 28 de febrero de 2019. Leah Millis / Reuters

La prórroga de las sanciones de Washington en contra de Corea del Norte se produjo a pesar del reciente intercambio de mensajes afables entre los líderes de ambos países, Donald Trump y Kim Jong-un, lo que había generado esperanzas de una reactivación de las conversaciones estancadas entre ambos países.

En una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, un portavoz no identificado aseguró que «nuestro Estado no es un país que se rinda ante las sanciones de los Estados Unidos. Tampoco somos un país al que Estados Unidos pueda atacar cuando lo desee».

Estas reacciones están motivadas por la decisión de la Casa Blanca el viernes pasado de extender por otro año más seis órdenes ejecutivas que sancionan al país asiático por sus programas nucleares y de misiles.

El portavoz norcoreano también denunció el miércoles las declaraciones del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, de que más del 80 % de la economía norcoreana se había visto afectada por las sanciones lideradas por Washington. También ha hecho mención a que sería difícil lograr la desnuclearización de la península siempre y cuando la política de Estados Unidos esté dominada por políticos con un «antagonismo empedernido» hacia Corea del Norte.

La declaración de Pionyang también advierte a los enemigos del país en Washington, de que no «dudarán en apretar el gatillo que flexione los músculos para defenderse» si su soberanía está amenazada.

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