Los altavoces de la propaganda han vuelto a encenderse para festejar -como se merece- el primer viaje del “hombre” a la Luna, aunque en realidad no era exactamente “un hombre cualquiera” sino un estadounidense. Lo que ocurre es que el estadounidense se asimila a la humanidad entera y por eso habla en su nombre.

El estadounidense es capaz de hacer lo que los demás seres humanos no somos capaces.

También es capaz de cumplir el sueño por antonomasia de la humanidad, que no es el de comer todos los días, sino el de viajar al espacio exterior. No tienen Ustedes más que hacer una encuesta por la calle y verán que es así: desde los tiemos del Neolítico la humanidad ha soñado con ir a la Luna y Estados Unidos ha cumplido ese sueño por todos nosotros.

“America first” no es sólo el sueño de Trump sino el de todos: Estados Unidos fue el primer país en pisar nuestro satélite. Que quede bien claro: Estados Unidos es el primero porque es superior a los demás.

La terminología no engaña. Siempre se habló de la “conquista” del espacio y, en consecuencia, Estados Unidos “conquistó” la Luna.

Luego hay quien dice que la ciencia y la tecnología son neutrales, que no son ni calientes ni frías, ni carne ni pescado, pero desde hace medio siglo que la propaganda no descansa gracias a Armstrong, Aldrin y Collins.

Hay quien cree que la Guerra Fría no tuvo nada que ver, a pesar de que siempre se habló de la “carrera espacial” y de que el contrincante era nada menos que la URSS, que desde los años cincuenta había superado a Estados Unidos en todos los terrenos, pero especialmente en tecnología espacial.

El primer satélite artificial que orbitó alrededor de la Tierra en 1957 fue el Sputnik soviético, la primera imagen de la cara oculta de la Luna llegó de la URSS dos años después y en 1961 el primer cosmonauta que giró alrededor de la Tierra se llamaba Yuri Gagarin.

De alguna manera había que tapar aquella afrenta. Para demostrar su superioridad tecnológica, a Kennedy le propusieron varios proyectos importantes, incluido el viaje a la Luna, que fue elegido por su simbolismo.

El programa Apolo consumió el esfuerzo de 180.000 personas dedicadas durante casi una década a preparar el viaje. También consumió casi el 0,8 por ciento del Producto Nacional Bruto estadounidense. Sin embargo, no cambió la superioridad técnica de la URSS en materia espacial.

En 1970 los soviéticos llevaron a la Luna un vehículo teledirigido desde la Tierra que trajo muestras del suelo satelital. A partir de mediados de los años setenta, los cosmonautas soviéticos serán los únicos en girar alrededor de la Tierra a bordo de las estaciones Salyut y luego MIR, mientras que el transbordador espacial estadounidense no voló hasta 1981. La estación espacial internacional no fue tan “internacional” sino más bien soviética.

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