«Nuestro Don Quijote en versión argentina y trotskizante no se contenta con recomendarnos autores como Lukács que manchan el nombre del marxismo, sino que directamente se atreve a hablar de los clásicos del marxismo y corregirlos.

A Marx llegaría a tacharlo de desinformado y de poco menos que mercenario, ya que su artículo sobre Bolívar no le es de su agrado por su contenido, algo por otra parte normal para un trotskista simpatizante con el socialismo del siglo XXI donde la figura de Bolívar ocupa una parte central del pensamiento revisionista de esta corriente:

«Marx realiza una evaluación sumamente negativa de Bolívar. No comprende su papel de primer orden en la emancipación continental del colonialismo español ni su proyecto de construir una gran nación latinoamericana. (…) Resulta más que probable que las fuentes historiográficas –férreamente opositoras al líder independentista– que Marx encuentra en el Museo Británico y en consecuencia utiliza tiñan su sesgado análisis. (…) Para justificar la superficialidad o lo erróneo de esos juicios históricos de Marx se ha subrayado que su autor escribió esas líneas sobre Bolívar con extrema rapidez y únicamente con el fin de ganarse el pan». (Néstor Kohan; Del Bolívar de Karl Marx al marxismo bolivariano del siglo XXI; Simón Bolívar y nuestra independencia. Una lectura latinoamericana, 2013)

Está claro que a los trotskistas les gusta enormemente el chisme y la manipulación histórica tanto o más que a las polillas la luz, no pueden resistirse a ello, forma parte de su naturaleza ya que ante el horror que le supone la evidencia histórica tienden a fantasear para poder cuadrar su locura a través de todo tipo de especulaciones, ya que de otra forma su mundo idealista se les vendría abajo.

Pero lejos de lo que dice Kohan, Marx fue muy claro sobre su escrito «Bolívar y Ponte» de 1858, en una carta personal a Engels, reconoce que se ha alejado del tono para una enciclopedia como era el fin de su artículo, pero que no se arrepiente para nada de calificar a Bolívar como hizo allí, es más se mofa de él y le critica nuevamente para desgracia de todos esos bolivarianos marxistas de la actualidad que especulaban si el escrito fue un «error no meditado» o «un escrito forzado por las circunstancias económicas»:

«Charles Dana [coeditor de The New American Cyclopaedia] me pone reparos a causa de un artículo más largo sobre «Bolívar», porque estaría escrito en un partisan style [tono parcial, prejuiciado], y exige mis authorities [autoridades, fuentes] Estas se las puedo proporcionar, naturalmente, aunque la exigencia es extraña. En lo que toca al partisanstyle, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque». (Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, 14 de febrero de 1858)

Más adelante Kohan muestra cuáles son sus referentes actuales:

«Bolívar vuelve a inspirar nuevas rebeldías, las antiguas y otras nuevas que resignifican sus antiguas proclamas de liberación continental incorporando nuevas demandas, derechos y exigencias populares. (…) Asume las formas más variadas y los estilos más diversos, atravesando desde los movimientos sociales hasta los sacerdotes tercermundistas, desde los gobiernos bolivarianos hasta la lucha insurgente y guerrillera, desde el presidente Hugo Chávez hasta el Movimiento Continental Bolivariano (MCB) 30 y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP)31. No es casual. Todos se inspiran en Simón Bolívar. (…) En Nuestra América vuelven a sonar los tambores de la rebelión. Cada vez se escuchan más cerca. Día a día son menos los que creen que el futuro está debajo de la bandera prepotente de los Estados Unidos de Norteamérica». (Néstor Kohan; Del Bolívar de Karl Marx al marxismo bolivariano del siglo XXI; Simón Bolívar y nuestra independencia. Una lectura latinoamericana, 2013)

¡Si de los curas, bolivarianos y tercermundistas va a venir la revolución marxista en Latinoamérica mal vamos! Siendo sinceros sería mejor que no suframos más experimentos de pseudorevoluciones en nombre de una causa tan noble como la del comunismo y que el mismo dejase de ser vilipendiado por quienes lo deforman constantemente.

¿En qué se puede decir que ha acabado toda esta verborrea sobre los movimientos bolivarianos como supuesta vanguardia que albergaba la esperanza progresista de la humanidad? Se puede decir sin dudas que han naufragado, han acabado en un rotundo fracaso muy sonoro, como hemos analizado diversas veces en todos los movimientos que se reivindicaban bajo los llamados socialismos del siglo XXI, europeos o americanos y de sus más inmediatos aliados:

a) El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», Equipo de Bitácora (M-L), 2013;

b) ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015;

c) Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015;

d) ¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015;

e) Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia; Equipo de Bitácora (M-L), 2016.

f) Algunas consideraciones sobre el caso Dilma y la crisis política en Brasil; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

g) Reflexiones sobre el VIIº Congreso del Partido «Comunista» de Cuba y su línea económica; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Hoy más que nunca debemos recordar las palabras de Enver Hoxha en este sentido:

«Hoy no hay necesidad de que se inventen nuevos «socialismos», ni de que se copien los llamados socialismos de los revisionistas modernos, como el soviético, yugoslavo, chino y otros, que de socialismo sólo tienen el nombre. Qué es el socialismo, qué representa y realiza, cómo se logra y se construye la sociedad socialista, no son cosas desconocidas. Existe una teoría y una práctica del socialismo científico. Esa teoría nos la enseñan Marx, Engels, Lenin y Stalin. Su práctica la encontramos en la rica experiencia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin, la encontramos hoy también en Albania, donde la nueva sociedad se edifica según las enseñanzas del marxismo-leninismo. Claro está que el socialismo, como ha dicho Lenin, tendrá diferentes fisonomías y sus propias peculiaridades en diferentes países, lo que se deriva de las condiciones socio-económicas, del camino a través del que se desarrolla la revolución, de las tradiciones, de las circunstancias internacionales, etc., pero los principios básicos y las leyes generales del socialismo permanecen inalterables y son indispensables para todos los países. (…) Cualquier enmascaramiento, falsificación o desviación de la teoría científica del marxismo-leninismo no puede tener larga vida. Tarde o temprano se desenmascara porque está en oposición con los ideales de la clase obrera, de los pueblos que luchan por la liberación, por la verdadera democracia, por el socialismo, por una sociedad sin explotadores ni explotados». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

En los países capitalistas de corte revisionista, o sea, aquellos que se cubrieron bajo la apariencia de que allí tras la toma del poder se construyó una sociedad «socialista», pero que en realidad como en otras cuestiones fundamentales revisaron el marxismo-leninismo y no siguieron las pautas ineludibles para construir una sociedad socialista quedándose estancados en un capitalismo, en estos países revisionistas, como países capitalistas que son, no eluden sus leyes de desarrollo que van inevitablemente contra el pueblo trabajador. Por tal razón actualmente existen –en algunos con mayor medida que otros– graves trastornos debido al gasto excesivo en el ejército, desempleo, inflación, diferenciación social, desconcierto por el pago de la deuda, descontento por la falta de abastecimientos de los productos básicos, decepción y enfado por la política interior y exterior antirrevolucionaria del gobierno, apatía por la falta de perspectivas de mejora del nivel de vida, y un largo etc., esto se reflejan a su vez en hechos como huelgas económicas, absentismo laboral, choques de las masas trabajadoras con los cuerpos y fuerzas del Estado, luchas por el poder en la dirigencia, cambios repentinos de política económica, subida y caída de altos cargos del gobierno. Allí, como países que guardan las relaciones de producción capitalistas de todo tipo somos testigos de fenómenos y contradicciones entre el gobierno y las masas trabajadoras, contradicciones que se ven agudizadas en momentos de gran delicadeza y crisis para las dirigencias de estos gobiernos. Es decir, que las reformas que introducen los actuales los gobiernos revisionistas no son más que parches, la herida seguirá sangrando a borbotones, ya que estas reformas no tocan la estructura capitalista y burguesa de sus sistemas.

A los defensores de estos regímenes solo les queda el eslogan fácil y el griterío. Entre estos mensajes que repiten de forma sucesiva, aluden que al menos sus regímenes «siguen en pie» a diferencia de las experiencias socialistas que nosotros reivindicamos, y es que para ellos, es preferible defender un régimen capitalista vestido de ropajes socialistas del que se forma parte de uno u otro modo, que hacer autocrítica, reorganizar las fuerzas y lanzarse a luchar por una experiencia realmente socialista. Es comprensible, lo primero es altamente fácil sobre todo en el caso de alguno como estos politólogos o jefes de partido, pues es altamente rentable para su bolsillo, pero lo segundo les supone asumir una verdad demasiado desagradable para ellos y reconocer que han estado apoyando o siendo parte de verdaderas estafas como ha sido este «socialismo del siglo XXI», el cual había fracasado antes de empezar por sus postulados antimarxistas.

Cuando Kohan toca la cuestión filosófica repite como Lukács la cuestión de que Engels «exageró» los límites en donde actúa la dialéctica, y que el torpe Stalin, repitió dicho error:

«Stalin, publicó en 1905 un pequeño ensayo titulado ¿Anarquismo o socialismo?, que contiene gran parte de las teorías canonizadas posteriormente en los manuales soviéticos que difundirán el DIAMAT [Materialismo Dialéctico] por todo el mundo. (…) Exagerando aún más la teoría de la aplicación engelsiana, Stalin sostiene que no solo la ciencia social se deriva de la ontología natural, sino que además el «socialismo proletario», como movimiento político, se deriva «lógicamente» del sistema filosófico». (Nestor Kohan; Nuestro Marx; 2013)

El afable Kohan llega incluso a proponer la teoría guevarista de que la ideología contenida en la superestructura va por delante de la base económica contenida en la realidad material, y que por supuesto, puede lograr transformaciones de peso sin que la nueva base económica se haya consolidado, lo que reduce todo a que, en realidad para él lo que sostuvieron tanto Engels como Stalin fueron dogmatismos derivados de no comprender el «poderío de la ideología», viniendo a acusarles a ambos como una especie de economicistas, que dan demasiada importancia al aspecto económico:

«Stalin desarrolla la teoría del retardo de la conciencia, para la cual esta última inevitable y necesariamente debe ser precedida por los cambios en el mundo exterior. Por lo tanto, se le atribuye la característica de ir siempre a la zaga del mundo real, el cual desarrolla cambios materiales con una antelación cronológica invariante en relación con la conciencia. No podrá haber construcción de una conciencia socialista y de una nueva subjetividad —se le rebatirá posteriormente al Che Guevara, desde esta lógica, durante los años 60— si no hay previo desarrollo de las fuerzas productivas y los instrumentos técnicos». (Nestor Kohan; Nuestro Marx, 2010)

Aquí Kohan no solo tiene el descaro de desacreditar a Stalin, sino que niega de nuevo lo que el propio Marx repitió una y otra vez hasta la saciedad y que por todos es conocido:

«En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». (Karl Marx; Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política, 1859)

Engels después de la muerte de Marx, se encargó de aclarar varias veces esta tesis central del marxismo por si autores como Kohan querían manipular el pensamiento de Marx:

«Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta –las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas– ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades –es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella–, acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado.

Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres. (…)

En segundo lugar, la historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, de las que surge una resultante –el acontecimiento histórico–, que a su vez, puede considerarse producto de una fuerza única, que, como un todo, actúa sin conciencia y sin voluntad. Pues lo que uno quiere tropieza con la resistencia que le opone otro, y lo que resulta de todo ello es algo que nadie ha querido. De este modo, hasta aquí toda la historia ha discurrido a modo de un proceso natural y sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas. Pero del hecho de que las distintas voluntades individuales cada una de las cuales aparece aquello a que le impulsa su constitución física y una serie de circunstancias externas, que son, en última instancia, circunstancias económicas –o las suyas propias personales o las generales de la sociedad– no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean iguales a cero. Por el contrario, todas contribuyen a la resultante y se hallan, por tanto, incluidas en ella. (…)

El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error. Desgraciadamente, ocurre con harta frecuencia que se cree haber entendido totalmente y que se puede manejar sin más una nueva teoría por el mero hecho de haberse asimilado, y no siempre exactamente, sus tesis fundamentales. De este reproche no se hallan exentos muchos de los nuevos «marxistas» y así se explican muchas de las cosas peregrinas que han aportado». (Friedrich Engels; Carta a Bolch, 22 de setiembre de 1890)

¡Por tanto, efectivamente el guevarismo de Kohan es un bluf en cuanto a pretendido pensamiento marxista como ya adelantaba Engels en 1890 sobre este tipo de personajes que se las dan de ilustrados marxistas!

Años después Mehring diría en el mismo sentido contra los autores burgueses que criticaban el método histórico de Marx:

«¿Cómo sabéis que la economía constituye la base del desarrollo histórico, y no más bien la filosofía? Pues lo sabemos simplemente por esto, que los hombres tienen que comer, beber, construir sus viviendas y vestirse, antes de estar en condiciones de pensar y de hacer poesía, que el hombre sólo logra tener conciencia a través de la convivencia social con otros hombres, y que por consiguiente su conciencia se halla determinada por su existencia social, y, no a la inversa, su existencia social por su conciencia. Precisamente la hipótesis de que los hombres sólo comen, beben, construyen sus viviendas porque piensan, esto es, que llegan a la economía a través de la filosofía, constituye el supuesto «arbitrario» más tangible y, por consiguiente, es precisamente el idealismo histórico el que conduce a las «construcciones históricas» más asombrosas. (…) El hombre sólo puede lograr la conciencia, pensar y actuar conscientemente, dentro de la comunidad social; el lazo social, del cual él es un eslabón, despierta y guía a sus fuerzas espirituales. Pero la base de toda comunidad social es el modo de producción de la vida material, y es éste quien determina así, en última instancia, el proceso espiritual de la vida en sus múltiples manifestaciones. El materialismo no niega las fuerzas espirituales, antes bien, las examina hasta llegar a sus fundamentos, para lograr la claridad necesaria sobre el origen del poder que tienen las ideas. Ciertamente, los hombres construyen su historia; pero cómo lo hacen depende en cada caso de la claridad o confusión que existe en sus mentes acerca de la conexión material de las cosas. Pues las ideas no surgen de la nada, sino que son producto del proceso social de producción, y cuanto mayor es la exactitud con la que una idea refleja este proceso, tanto mayor es el poder que adquiere. El espíritu humano no está por encima, sino en el desarrollo histórico de la sociedad humana; surgió de la producción material, en ella y con ella». (Franz Mehring; Sobre el materialismo histórico y otros escritos filosóficos, 1893)

Kohan podría perfectamente entrar dentro de esta categoría de autores burgueses que pretenden corregir lo que ellos llaman «el defecto del marxismo» a la hora de considerar la economía como la base del desarrollo histórico, mientras que los antimarxistas como él opinan que es la filosofía y el papel de las ideas lo que determina todo, aunque hay otros que creen que ese papel está reservado a la política, otros en la jurisprudencia, algunos creen que el responsable está en el azar y otros incluso dicen que debemos hallar el desarrollo histórico de la humanidad en la providencia.

Pero el pensamiento de Néstor Kohan para atacar al marxismo es más sutil y peligroso: haciéndose pasar por marxista, en realidad deforma el marxismo hasta intentar convertirlo en una especie de idealismo bastardo. Resulta que la tesis según la cual el mundo material precede a las percepciones humanas y sus abstracciones en el pensamiento –ideas– es una deformación «engelsiana» del marxismo, y así Kohan pretende restituir la verdad del marxismo.

Ya hemos demostrado con anterioridad que es totalmente absurdo divorciar a Engels y a Marx, cuando sus obras y su pensamiento se desarrollaron en una simbiosis constante, dependiendo el uno del otro y nutriéndose mutuamente. Kohan repite las tesis de Lukács y presenta de nuevo este argumento revisionista de que existe un engelsianismo materialista y el marxismo idealista. A lo largo de la historia diversos oportunistas criticaron esta concepción. Sin ir más lejos, un intelectual como Unamuno calificaba de fanáticos, necios y sectarios a aquellos que creían que para considerarse marxista debía abrazar el materialismo:

«Soy socialista convencido, pero, amigo, los que aquí figuran como tales son intratables: fanáticos necios de Marx, ignorantes, ordenancistas, intolerables, llenos de prejuicios de origen burgués, ciegos a las virtudes y servicios de la clase media, desconocedores del proceso evolutivo. En fin, que de todo tienen menos sentido social. A mí empiezan a llamarme místico, idealista y qué sé yo cuántas cosas más. Me incomodé cuando les oí la enorme barbaridad de que para ser socialista hay que abrazar el materialismo. Tienen el alma seca, muy seca, es el suyo un socialismo de exclusión, de envidia y de guerra, y no de inclusión, de amor y de paz. ¡Pobre ideal! ¡En qué manos anda el pandero!». (Carta de Miguel de Unamuno a Mújica, 1895)

Sin duda el «marxismo» de Kohan es aquel que puede equipararse al sentimiento de amor idealista-humanista de Unamuno, el mismo «marxismo» heterodoxo que años después le llevaría a posiciones reaccionarias como llegar a saludar inicialmente el golpe de Estado fascista de 1936, pero no puede llevar desde luego a una postura realmente marxista, científica.

«El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluido el de Feuerbach– es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana». (Karl Marx; Tesis sobre Feuerbach, 1845)

La actividad sensorial humana es igualmente material. ¡Y esta tesis ha sido escrita por Marx tan pronto como 1845! ¡Puro «engelsismo»!

Kohan, en su excitada oposición fanática a Stalin, defiende la teoría antimarxista de que el mundo ideal no marcha a la zaga del mundo material. De este modo, deberíamos concluir con él que el mundo ideal precede al mundo material. Pero, ¿cómo es posible esto si el mundo ideal es un producto material del desarrollo mismo del mundo material?

Lenin, en su magnífica obra «Materialismo y empiriocriticismo» de 1908 trata este tema de forma que sintetizó todo el avance previo que Marx y Engels produjeron sobre este tema. Con todo, para lo que nos trae aquí a colación, esgrimió dos axiomas que la ciencia misma reconoce a día de hoy: el mundo material ha evolucionado desde la materia inorgánica hasta la orgánica para desembocar en la materia pensante, que se conoce a sí misma; y que hubo, por lo tanto, una época en la que existía desarrollo material sin ningún tipo de desarrollo ideal, pues la materia pensante no era un hecho:

«El materialismo, de completo acuerdo con las ciencias naturales, considera la materia como lo primario y considera como secundario la conciencia, el pensamiento, la sensación, ya que en forma claramente expresada, la sensación está ligada tan sólo a las formas superiores de la materia –materia orgánica–». (VladimirIlich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Ahora resultará que Lenin no es marxista sino engelsiano. El proceder de Kohan es muy sencillo: él se atribuye a sí mismo como un marxista decente. De este modo, cualquier cosa que no sea compatible con el pensamiento particular de Kohan, no será marxismo. ¡Ni siquiera si quien discrepa con Kohan es el propio marxismo!

Kohan se encuentra unida tanto sentimental como ideológicamente con Guevara. En cuanto al pensamiento de Guevara, mito del revisionismo del siglo XX, es de un fuerte voluntarismo-practicismo que lo aparta sensiblemente de cualquier materialismo básico, algo que resulta evidente tanto en los desarrollos del famoso foquismo –en donde no solo se relega a la clase obrera como clase social más avanzada y factor determinante en la construcción del socialismo, sino que como decimos, renuncia al estudio del momento histórico para supuestamente construir ese momento histórico a través de la voluntad de la «vanguardia foquista»–, pero también en sus planteamientos económicos en general –podríamos hablar de su concepto trotskista de «superindustrialización» sacado por Preobrazhensky como tanto se enorgullece Kohan–. Todos sus lineamientos en la economía también se basan en la voluntad, la conciencia, es decir, subordina la transformación de la estructura económico-política a la transformación prima de la superestructura, y no al contrario. Ejemplo es la correcta crítica que Rafael Martínez le dedicó, obra que recomendamos con insistencia para entender gran parte de los defectos del pensamiento económico de Guevara:

«Los errores de Guevara en la economía política se pueden clasificar en dos grupos: el idealismo y el mecanicismo. (…) El idealismo está presente en toda la obra de Guevara durante toda su vida hasta su último trabajo publicado: «El hombre y el socialismo en Cuba» de 1965. Guevara conduce a proclamar la conciencia y la educación como principales en relación con el estudio de las relaciones de producción en la economía de transición, incluyendo la construcción del comunismo. (…) El papel de la conciencia y la educación se hace hincapié de forma ubicua por Guevara en sus obras económicas como el factor principal en la transición hacia formas superiores de organización económica. En el sistema de Guevara la economía política de Guevara deja de ser una disciplina independiente, el carácter objetivo de las leyes económicas de la sociedad de transición es secundario a la formación cultural del hombre nuevo. Las leyes económicas del socialismo, como las del capitalismo, existen y evolucionan con el desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones históricas, a veces incluso de forma independiente del nivel de conciencia de las masas. De hecho, en ciertas situaciones históricas, las masas en su conjunto siguen sin ser conscientes de la esencia económica de ambas, de la revolución y contrarrevolución. El papel de la conciencia y la educación, sin duda, juegan un papel fundamental en la construcción de la nueva sociedad. Sin embargo, la economía política sigue siendo una disciplina independiente y el estudio de las leyes objetivas que la rigen a ella sigue siendo un esfuerzo titánico. Sólo el análisis científico y la síntesis de las relaciones de producción pueden hacer posible el desarrollo económico sostenido necesario para la construcción de las sociedades socialistas y comunistas. En oposición al capitalismo, en el curso de la transición al socialismo, se dan las condiciones objetivas y subjetivas para que las masas participan conscientemente en la construcción y el análisis científico y la síntesis de la construcción socialista. Está claro que la participación más consciente y activa de la clase obrera en la construcción socialista, más sólidos son los fundamentos de la formación socialista. Es claro también, que cuanto más consciente es la clase obrera acerca de la esencia de la transformación económica, más robusto es el desarrollo económico y las menos influyentes son las fuerzas de la contrarrevolución. (…) El desarrollo económico en el socialismo y el desarrollo de la conciencia y la cultura socialista son dos fenómenos que van de la mano. Generalización sobre la base de la historia de la Unión Soviética que indica que la conciencia y la cultura socialista requieren una base material, sin la cual no se puede promover el desarrollo económico y el desarrollo de la conciencia. Sin embargo, de acuerdo a Guevara la conciencia y la educación socialista se supone que son los principales motores del desarrollo económico en el socialismo:

«Las esperanzas en nuestro sistema van apuntadas hacia el futuro, hacia un desarrollo más acelerado de la conciencia y, a través de la conciencia, de las fuerzas productivas». (Ernesto «Che» Guevara; La planificación socialista, su significado, 1964)

En el sistema de Guevara, el desarrollo económico socialista no es realmente el motor de la conciencia, sino a la inversa, la conciencia es la fuente de desarrollo económico socialista. El idealismo del «Che» Guevara se vuelve voluntarista. En este sentido, el idealismo del «Che» se puede comparar con los punto de vista idealistas de Mao Zedong en economía política, a pesar de que Guevara muestra una postura mucho más progresista con respecto a las relaciones monetario-mercantiles que el último». (Rafael Martínez; Che Guevara y la economía política del socialismo, 2005)

Podríamos continuar con las distorsiones de esta obra, pero creo que estos son los puntos clave donde se demuestran que Kohan no solo es un gran marxista sino que es un gran falsificador del marxismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Las sandeces de Kohan y Lukács sobre la figura Hegel y su evaluación en la filosofía de la URSS, 15 de septiembre de 2018)

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