Imagen de la película francesa ‘Hermanas de armas’

A última hora de la tarde del domingo el Presidente francés Macron convocó una reunión urgente del Consejo de Defensa en el Elíseo para decidir el destino de las tropas desplegadas en el nordeste de Siria.

En secreto Macron había añadido ocho bases militares a la que ya había antes en Rojava, la región más militarizada del mundo, a la que algunos papanatas llevan años bendiciendo porque se había llevado a cabo una revolución sin que los imperialistas se dieran cuenta de ello (a pesar de estar al lado).

Ahora las tropas francesas se han visto atrapadas en una ratonera por otro país de la OTAN, Turquía, exactamente igual que las estadounidenses.

Los imperialistas se establecieron en el “Paraíso Rojava” para forzar el desmantelamiento de Siria, que debería desaparecer como Estado para crear en su lugar varios minifundios del tipo Kosovo: pequeños, dóciles y tan empobrecidos que necesitaran recurrir costantemente a su “ayuda” más desinteresada.

Luego los catedráticos de relaciones internacionales los calificarían al modo acostumbrado como “Estados fallidos”, un campo abonado para las ONG, la beneficencia y las excursiones de los papanatas europeos a los que les gustan las colectivizaciones, la autogestión y el confederalismo.

Pero los papanatas no son tan tontos como parecen; saben bien quiénes son sus amos porque Macron ordenó expresamente a sus espías de la DGSE que fomentaran el envío de los libertarios franceses a engrosar las filas de las YPG kurdas, con tan mala fortuna que uno de ellos regresó a Francia e intentó derribar un helicóptero de la Gendarmería (*).

Ya saben: los lacayos se rebelan contra sus amos, por más que nunca sean capaces de dejar de ser lacayos.

En Oriente Medio nada es lo que parece, por lo que no es tan extraño que en Rojava los imperialistas franceses reforzaran las filas de las YPG kurdas exactamente igual que habían reforzado las filas de Al-Qaeda y el Califato Islámico.

Siria no es sólo un país invadido por tropas extranjeras, sino por toda la clase de tentáculos imaginable que las grandes potencias son capaces de poner en movimiento. El caso de las ONG humanitarias es uno de ellos, pero no el único, ni el más importante.

Todo el personal estuvo bastante bien clasificado. A los yihadistas los envían a Raqqa, a los revolucionarios a Rojava y a los humanitarios a Alepo.

El laberinto sirio se puede enredar mucho más que un ovillo de lana. ¿Cómo es posible que la OTAN presione a Turquía por la invasión del nordeste de Siria cuando Turquía forma parte de la OTAN y tiene derecho a ser protegida por la alianza militar?

¿Francia condena la invasión militar turca y no la suya propia?, ¿a qué han ido unas y otras tropas a Siria?, ¿por qué se concentran todas ellas en el nordeste de Siria?

¿Cómo es posible que los revolucionarios que han ido de excursión a Rojava no sean capaces de defender el paraíso autogestionario que han creado y le encomienden la tarea al ejército sirio contra el que tanto han despotricado?, ¿en tan poco valoran la revolución y la autogestión que han creado?

La vergonzosa retirada de las milicias kurdas de Rojava ha desnudado el mito de su lucha contra el Califato Islámico: desde 2011 el grueso de los combates contra los yihadistas los ha soportado el ejército regular sirio y quienes han querido combatir la plaga, se han unido a él, incluidos los kurdos.

(*) https://www.voltairenet.org/article207886.html

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