El Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky

Con el procedimiento de destitución de Trump que ha iniciado el Congreso de Estados Unidos, el partido demócrata persigue dos objetivos. El primero es impedir la victoria de Trump en las próximas elecciones presidenciales. El segundo es mantener la desestabilización en las fronteras de Rusia, es decir, en Ucrania.

Hay otros objetivos que van íntimamente ligados a ambos, como tapar toda la basura que han acumulado en Ucrania desde el Golpe de Estado de 2014, de la que el hijo de Biden no es más que un ejemplo.

Es la segunda tentativa de destitución que comienzan contra Trump y es aún más fraudulenta que la anterior, aunque el asunto merece la pena porque el gobierno de Obama es el que apoyó a los nazis ucranianos, no sólo para destituir al anterior Presidente Yanukovich sino con vistas a lo mismo que 1941: una escalada militar contra Rusia (el segundo Plan Barbarroja).

En los tiempos de Maidan el Vicepresidente de Obama, Joe Biden, fue el encargado de antener los contactos con Ucrania, a través de Victoria Nuland, la jefa del Departamento de Estado para Asuntos Euroasiáticos.

Nuland admitió que el Departamento de Estado había gastado 5.000 millones de dólares para apoyar a los grupos antirusos en Maidan, aunque no concretó la participación de las hordas nazis, como Svoboda o Pravy Sektor, que acturon como fuerza de choque en la desestabilización.

Ahora se sabe que el Batallón Azov mantiene vínculos con los grupos racistas que operan en Estados Unidos y que han cometido graves matanzas, como las de Christchurch y El Paso, r lo que el asunto vuelve a tomar un cariz distinto. Los nazis ucranianos se vuelven contra sus patrocinadores y el partido demócrata pide que el Departamento de Estado incluya a los nazis en el listado de organizaciones terroristas, como ya hemos publicado aquí.

Una potencia mundial conducida hasta la ruina

Cuando en 1990 logró su independencia, Ucrania era la décima potencia mundial, pero lo ha ocurrido como a todos esos países en los que se descubre petróleo: se convierte en una maldición. En el caso de Ucrania la maldición es su vecindad con Rusia y los imperialistas necesitan que se convierta en una pesadilla para Moscú, lo mismo que Polonia o los países bálticos.

Ucrania tenía 52 millones de habitantes en 1990 y ha perdido 20 desde su independencia. Ocupa el último lugar entre los 42 países del continente europeo en términos de renta per cápita, con 1.830 euros, frente a una media europea de 14.739 euros.

En una recinte conferencia del Instituto Schiller celebrada los días 16 y 17 de noviembre en Bad Soden, Alemania, la economista ucraniana Natalia Vitrenko, Presidenta del Partido Socialista Progresista de Ucrania, afirmó que el gobierno de Obama y Biden había acelerado la destrucción económica del país.

En 2016 el equipo de Trump propició un cambio de política hacia Rusia que, naturalmente, está repercutiendo sobre Ucrania, donde hay mucha mierda que lavar. Sometido a una enorme presión, la nueva política de Trump se ha vuelto contra sus colaboradores una y otra vez y, finalmente, contra él mismo, lo que pone de manifiesto el tipo de fuerzas que prevalecen en Washington, por encima de unos u otros presidentes.

Pero si esas fuerzas prevalecen por encima de Trump, prevalecen mucho más sobre el nuevo Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. El 25 de julio en la conversión telefónica entre ambos, Trump describió a los que rodeaban al antiguo Presidente ucraniano Poroshenko como “personas muy malas”. A Zelensky le han puesto una pistola en la cabeza, dice The Gray Zone, que no descarta que organicen un segundo Maidan en su contra, o incluso que le asesinen, si continúa negociando con Putin. Luego siempre pueden decir que fueron las milicias del Donbas…

A Zelensky le aprietan los nazis, pero también el FMI, es decir, el capital financiero internacional porque va tener que recortar los presupuestos en salud, educación y seguridad social.

El relanzamiento de las negociaciones de paz en el Formato Normandía, que no se había reunido desde hace tres años, se produce en esa situación. Para que culminen no basta con saber lo que harán Alemania y Francia sino si eso estará en sintonía con lo que haga Washington, es decir, que tipo de políticas se impondrán en Washington, si triunfará la destitución, si Trump gana las siguientes elecciones (o si las gana alguien como Biden), si le permiten sacar adelante sus planes…

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