miércoles, octubre 21, 2020
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Sahara Occidental, el otro muro

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Guillermo Alvarado.— Desde que en 1975 España abandonó su colonia en el Sahara Occidental, para entregársela de manera vergonzosa a Marruecos ignorando el legítimo derecho a la independencia y soberanía de ese pueblo, muchas iniquidades han ocurrido ante el silencio cómplice de la comunidad internacional.

La ONU se ha limitado a clasificar la zona como “territorio no autónomo” y recomendar un referendo para que los saharauis determinen su estatus, pero hasta ahora nada se ha llevado a la práctica.

Marruecos fue el principal beneficiado de la guerra que se extendió desde el 75 hasta 1991 durante la cual el Frente Polisario, de la República Árabe Saharaui Democrática tuvo que enfrentarse a dos ejércitos, el de Rabat y el de Mauritania, que intervino instigada por Francia.

Al finalizar el conflicto, más del 60 por ciento de la joven república saharaui, proclamada en 1976, quedó en poder del régimen marroquí, justamente los suelos más ricos en yacimientos de fosfatos, hierro, petróleo y gas, además de mil kilómetros de costa en un mar rico en recursos pesqueros.

Cientos de miles de personas huyeron hacia la vecina Argelia y otros viven en precarios campamentos en tierras arenosas que prácticamente no tienen ningún valor económico.

El país quedo dividido por un muro del que poco se conoce, pero que merece tanto repudio como el hecho por Israel en  Cisjordania o el que pretende levantar Donald Trump en la frontera con México.

Se trata de una combinación de vallas que se fueron creando a partir de 1980, en la medida en que se ocupaba más territorio saharaui. En la actualidad es un complejo de ocho muros con una extensión de dos mil 700 kilómetros y son una de las fortificaciones más grandes del planeta.

Su edificación fue realizada, como no podía ser de otra manera, por especialistas israelíes, y Arabia Saudita la financió, lo que los convierte a ambos en cómplices de esta brutal agresión.

A cada cuatro kilómetros hay un campamento militar, y a cada 15 hay modernos radares que informan de cualquier movimiento a unidades de artillería cercanas. En la vigilancia participan unos 150 mil soldados marroquíes, equipados con drones y otras tecnologías sofisticadas.

Los alrededores constituyen el campo minado más grande del orbe. Especialistas calculan que hasta 40 millones de minas y otros artefactos explosivos están sembrados allí. No en balde se le conoce como “el muro de la vergüenza”, no sólo por su tamaño, sino por la forma en que el mundo lo ignora.

Fuente: RHC

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