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José María Fidalgo o el sindicalismo de gestión como carrera social

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Pepe Gutiérrez-Álvarez.— No hay “foto” (en el sentido que le daba el “gran Guerra”) de la últraderecha en la que  José María Fidalgo, el que fue durante mucho tiempo “el hombre fuerte” de Comisiones Obreras durante casi dos décadas, no aparezca. Se le encuentra en todas, y lo mismo aparece jaleando al PP e incluso sonando como posible ministro en un futuro gobierno de un Rajoy a punto de conseguir la mayoría absoluta; la última de la presentación de las inenarrables memorias de José María Aznar y en la que también estaba presente el “premier” socialista Rodríguez Zapatero.
Para hacerme una cierta idea del personaje, he echado mano a amigos que han seguido su trayectoria desde cerca como Juan Montero, reconocido líder de Miniwatt, algo así como “la Marinaleda” del movimiento obrero. También al Wikipedia, donde se resumen algunos datos básicos: …

José María Fidalgo (Velilla, León, 18 de febrero de 1948); sindicalista español, secretario general de Comisiones Obreras de 2000 a 2008; licenciado en Medicina, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatológica en excedencia del hospital madrileño de La Paz. Afiliado a Comisiones a los 29 años (1977), nada más iniciar su trayectoria en este terreno ya ocupó el cargo de secretario general de la Federación Estatal de Sanidad de CCOO, así como el de secretario confederal de política institucional, aliándose desde el primer momento con la línea más oficialista que, al menos en lo que quedó de década, tuvo que cabalgar el tigre de toda clase de movilizaciones en las que, la asamblea cada vez pesaba menos y la estructura burocrática, pesaba más. En Sanidad sentó cátedra: firmó un acuerdo de espaldas a las asambleas de sanitarias que se encontraron que apenas sí recogía sus exigencias más elementales. El “sock” fue tal que cundió la desafialiación, pero en aquel tiempo la cúspide sindical ya estaba por los pactos de la Transición, los mismos que acabaron con la resistencia que había llenado centros de trabajo, instititos y calles..
Luego todo fue a peor. De un lado el 23-F, fue como un advertencia al pueblo que todavía no se había recuperado del terror franquista, .de otro, estaba la ilusión de la Europa social, un espejo que se veía desde el retrovisor, y con todo ello, la “revolución neoliberal” neoliberal o sea la del capitalismo sin oposición.

En este cuadro, se sitúa el personaje, alguien cuyo interés desde luego no radica en ningún otro mérito que haber llegado a ocupar la secretario general de lo que quedaba de Comisiones Obreras.

En este país desmemoriado, donde la lucha antifranquista llegó a parecer poco menos que mera arqueología y que, los derechos sociales, eran algo que siempre existieron, el nombre de Comisiones Obreras aparece ligado a los funcionarios que hablan por los medios, sobre todo a los secretarios generales que “mataron al padre”, o sea que sucedieron a Marcelino Camacho, un militante obrero integro y luchador que, al creer en el partido, también se creyó que ahora las mejoras se irían consiguiendo por las buenas.

De derrota en derrota…

Desde esta perspectiva, quizás les suena a chino una historia que nos dice que Comisiones se había creado como “una forma de oposición unida de todos los traba¬jadores, sin distinción de creencias o compromisos religiosos o políticos», y se rechazaban la CNS, el “Vertical”, como “unas estructuras sindicales que no nos sirven”. Comisiones se presentaba ante los trabajadores “como una necesidad de defender nuestras reivindicaciones inmediatas y de preparar un mañana de libertad y unidad sindical”. Por todo lo cual, Comisiones no era, “ni pretende serlo mañana, un sindicato y menos todavía una agrupación política”. Su primer objetivo era “la conquista de unas libertades básicas que permitan a los trabajadores, reunidos en asambleas democráticas, decidir sobre su futuro, creando su propia organización sindical como lo estime conveniente la mayoría, con absoluto respeto a las minorías auténticamente representa¬tivas de sectores de trabajadores”.

Era pues “un movimiento independiente, de la clase obrera», que rechazaba “cualquier clase de ‘verticalismo’ o de sometimiento, a las consignas de la Administración o de cualquier grupo político”. Se regía por el principio democrático, cada trabajador o trabajadora tenía su voto en la asamblea. En su momento, muchos nos sentimos especialmente identificados con este párrafo: “La división sería un suicido de clase en la España de los monopolios cuando tenemos enfrente un capitalismo poderoso con sus orga¬nizaciones patronales e industriales unitarias”. Al repasar estas notas parece evidente que lo segundo sigue igual, mientras que lo primero se perdió por el camino. Ya entonces, se advertía en su documenta fundacional: “Parece claro que todos debemos velar para que bajo la capa de una libertad mal entendida no se nos arrebate y se dispersen en cien pedazos los medios e instrumentos sindicales que se han ido acumu¬lando con nuestras cuotas y nuestros sacrificios hechos de jornadas de trabajo agotadoras, mantenidas constantemente, de privaciones sin cuento de nuestras familias”.

Confiados en que esto no iba a ocurrir, teníamos la gran ilusión de llegar e «incluso superar a otros movimientos sindicales extranjeros si acertamos a conjugar la auten¬ticidad sindical con la posesión de los medios materiales acumulados en torno a la organización sindical oficial que hoy controlan el Estado y los patrones”.
No fueron solamente palabras, desde su surgimiento como una forma de sindicalismo asambleario que agrupaba todas las voces al margen de las diferencias, y al que los trabajadores concedieron un crédito por todo lo que había significado. Había sido el sindicalismo contra la dictadura por excelencia, el que lideró la mayoría de todas aquellas luchas en las que las libertades estaban asociadas a mejoras en las condiciones de trabajo y de vida. De ese crédito queda muy poco, casi nada y en ello, personajes como José Mª Fidalgo tienen un papel de primer orden.

Es verdad que los ha habido más corruptos en la historia del movimiento obrero, pero todos ellos ya estaban fuera de sus respectivas organizaciones.

A modo de conclusión:

Fidalgo no ascendió en el entramado de los despachos del sindicato, por las luchas. Algunos conocidos, hablan de una episódica militancia de José María, nada menos que en Acción Comunista, grupo de cariz más o menos “luxemburguista”, pero eso fue antes de 1977 y seguro que no pasó de una relación platónica. Su “currículo” por lo tanto, ni tan siquiera cuenta con páginas de activismo clandestino, como sí la tienen aunque bastante lejana, Antonio Gutiérrez y “Toxo”. Éste último, cuando tiene que ponerse el mono azul, evoca su pasaje por la empresa Bazán, concretamente durante su etapa como aprendiz. Con 19 años participa en la organización de la huelga general de Ferrol del 10 de marzo de 1972, una huelga que saldó con dos obreros muertos y con más de 40 heridos. Luego encabezará la lista del FUT por la LCR, en las elecciones de junio de 1977, pero cuando percibe que la historia está pasando por otro sitio, convierte el activismo sindical en una forma de carrera, como otros lo harían con la política profesional.

El nombre de Fidalgo por lo tanto, está exclusivamente ligado a las tres décadas en las que la clase trabajadora ha ido perdiendo conquistas de la misma manera que, la patronal que había reconocido que había tenido un matrimonio feliz con la dictadura, fue aumentando sus beneficios y prerrogativas. Su mérito, por lo tanto, sí existe, es porque señala el grado de corrupción moral alcanzado por los profesionales del sindicalismo negociador, como representante de un entramado que también se benefició de de este curso.

Es una historia sin desperdicio. Fidalgo ascendió al Secretariado Confederal de CCOO a partir del V Congreso en 1991. Con la progresiva derechización de CCOO empezó a tener un papel relevante después de las elecciones generales de junio de 1993 con la nueva victoria del PSOE (en este caso con mayoría relativa) y en plena crisis económica el Gobierno de Felipe González con el apoyo del PP, CiU, PNV… se apresta a dar un nuevo golpe de tuerca contra los trabajadores e inicia una negociaciones puramente formales con los sindicatos (las agresiones son del tal magnitud que son conscientes de que es imposible que los sindicatos firmen el paquete de medidas antiobreras (los salarios son siempre los culpables) que presentan…Entonces se abrió una fase acelerada de “negociaciones”, El aparato de CCOO, cree que es posible llegar a un acuerdo con el PSOE y la patronal.

Desde la nueva lógica, a la dirección le estorba la presencia de Agustín Moreno como responsable de la negociación por CCOO y dan un golpe de timón, apartándolo de la mesa en la que se pactan derrotas. Y aquí es donde entra en escena Fidalgo que sustituye al crítico Agustín Moreno, en la negociación, otro momento de inflexión hacia la derecha. En aquel momento, Fidalgo intentó por todos los medios que se llegara a un acuerdo, pero a pesar de sus enormes esfuerzos para intentar pactar y evitar la Huelga General, esta se llevó a cabo.

Con Felipe al frente, el PSOE, con el apoyo de toda la derecha, impone una vez más su contrarreforma laboral contra los trabajadores… Pero, dada la magnitud de la agresión CCOO y UGT, se ven entonces forzadas a convocar una Huelga General de 24 horas el 27 de enero 1994 que, se hace a regañadientes. No hubo la menor voluntad de dar ninguna perspectiva de continuidad a la lucha, lo que significó que al poco tiempo firmaran estas medidas y profundizaran aún más la degradación de las condiciones de los trabajadores en la Reforma del 1997.

A partir de esta negociación, los equipos de Fidalgo y Toxo se convirtieron en los principales apoyos de la línea de Antonio Gutiérrez que, fortalecido con el apoyo de todo el sector carrillista (ya finalmente “colocado” en el PSOE), se dispuso a adecuar la estrategia de CCOO a lo que definían como “modernidad” y que no es otra cosa que aceptar que la única opción posible era el sistema capitalista en su contrarrevolución permanente, o sea de privatizaciones y desmantelamiento del Estado social, eso sí, en nombre de de la defensa de un Estado del Bienestar, aunque para hacerlo viable, había que apropiarse de los bines públicos “deficitarios”.

La línea de “negociación”, o sea, rechazando cualquier iniciativa de la base trabajadora, se establecerá como una fórmula para convencer a los amos que les irá mejor pactar, antes que cualquier posible respuesta obrera. Era mejor que la ruptura que pregonaba el thatcherismo y sus “mandarines” (se podía hacer una buena antología de artículos escritos por Vargas Llosa, en los que los sindicatos son acusados de “dictaduras”, de coaccionar la libertad, la libertad del dinero sin fronteras), aunque estos, hicieron un doble juego. Por un lado ofrecían un reconocimiento a los sindicatos como instituciones (después de una entrevista con el monarca, Fidalgo y Cándido Méndez, declararon que los sindicatos eran una instituciones tan necesaria para la democracia como lo era…la monarquía), pero por otro, personajes como Esperanza Aguirre no se olvidaban de abundar en su desprestigio como una manera complementaria de debilitarlos.

No tardará el día en el que una operación de tipo de Wikileaks, saque a relucir todas las negociaciones corruptas que nos obligue a escribir una nueva historia del sindicalismo. Con una parte en la que, con mayor o menor esfuerzo y consistencia, los sindicatos contribuyeron a mejorar la vida de los trabajadores y protagonizaron batallas importantes (todavía en 1968, las muy moderadas Trade Unions ganaran una batalla protagonizada por las mujeres en una huelga que acabó imponiendo por ley al igual trabajo, igual salario, entre hombres y mujeres), y con otra en la se cuente con pelos, nombres y señales todo lo contrario.

Esta es una por lo tanto, historia de despachos, pasillos y prebendas que nos lleva hasta el VI Congreso Confederal de CCOO celebrado en enero de 1996 apruebe en sus ponencias y resoluciones liquidar cualquier vestigio de las posiciones de clase que habían caracterizado a CCOO desde sus inicios. Este es un Congreso de una enorme confrontación contra el sector crítico. Y en su curso, será el sector oficialista el que impondrá. Estaba encabezado por Antonio Gutiérrez, Fidalgo, y antiguo componentes de la Izquierda sindical que, como muchos otros héroes cansados, se habían apuntado al caballo ganador como Ramón Górriz y Joaquín Nieto, ambos ascendidos a altos cargos. Habían acabado haciendo lo que antes, como líderes de la Izquierda sindical, denunciaban. Estos ofrecieron un argumento de izquierda, pero invertido. Venían a argumentar que Comisiones había roto con la “correa de transmisión” que antaño les había ligado al PCE, lo que no decían era que ahora la “autonomía” era para negociar con las manos libres con el gobierno de turno. En el caso, de Felipe González, el mismo que en el curso de una huelga general, aseguraba que no se dejaría presionar por nadie, por nadie por abajo, claro, porque lo era por arriba, más que presión era entrega incondicional.

Esta corriente estaba encabezada por Camacho, Agustín Moreno, Jesús Albarraicín, Pedro Montes, o el propio Juan Montero que por entonces lideraba la sección sindical de Miniwatt. Esta confrontación –la última en el sindicato- fue ganada por el sector oficialista con el apoyo incondicional de los medias, así como de dos tercios de los delegados, representantes de la corte de delegados firmantes de “negociaciones”.

Esto sin olvidar el número cada vez más extenso de miembros del aparato, funcionarios en parte compuesto por antiguos militantes reconvertidos, gente que ha olvidado sus sueños y sus exigencias morales y que gozan de muchas de las ventajas sociales que estaban perdiendo día a día la mayoría de los trabajadores.
Para que no quedara ninguna duda: para la patronal y todos los poderes fácticos de que CCOO rompía definitivamente con su pasado. Se decía entonces en plan freudiano, que había que “matar al padre” y entre todos los conversos se conjuraron para vez quien le daba la puñalada más fuerte a Camacho para destituirlo de la Presidencia del Sindicato. El significado del congreso bien podría resumirse en la siguiente frase del bastante ingenuo Marcelino Camacho: “es la derrota del sector obrero de Comisiones”, o sea que el aparato se había adueñado de la organización.

El sindicalismo institucional no tuvo problemas en firmar todos los pactos sociales que se le pongan por delante y cada nuevo pacto más vergonzante que el anterior, lo que explica en no poca medida la adecuación táctica neoliberal que pasa de atacar a los sindicatos como obstáculos dictatoriales a la libertad de empresa, a asimilarlos como ayudantes para legitimar todas las medidas sociales que gradualmente están tomando. En este tiempo, esto es posible sobre todo porque la “contestación” ha quedado reducida a la resistencia de algunos sectores de la vieja clase obrera.

El primero fue el pacto de pensiones de octubre de 1996, donde pasan para el cálculo de la pensión de 8 a 15 años y de 10 a 15 para tener derecho a la misma. Le sigue el firmando en abril de 1997 facilitando las causas para el despido y el abaratamiento de la indemnización por despido improcedente pasando de los 45 días por año trabajado a los 33 días y a un tope de 42 mensualidades a un tope de 24 mensualidades y así hasta la última jugada infame del pacto de pensiones firmado este año que aparte de todo lo conocido como elevar la edad de jubilación a los 67 años…Hay puntos que han acordado bajo cuerda como es el caso de la cobertura de lagunas que pasan de ser cubiertas con la base mínima de cotización al 50% de la misma, una medida infame que para las personas más precarias puede significar perder hasta un 60% de su pensión.

En abril de 2.000, tuvo lugar el VII Congreso Confederal de CCOO y Fidalgo sale elegido Secretario General de CCOO después de una pugna entre los miembros del aparato como Benito, Toxo, que recula por falta de apoyo. Antonio Gutiérrez fue el principal valedor de Fidalgo al que exaltó como “un monstruo” por su capacidad. Un año más tarde comienza el noviazgo de Fidalgo y el PP, cuando CCOO firma el acuerdo de pensiones en solitario con la oposición de UGT; una buena amistad recompensada por gestos como la invitación a José María a ofrecer conferencias de la FAES que es, con mucho, la Fundación que mejor paga en este país de países. Aunque el acuerdo escrito no se puede considerar uno de los peores pactos, sin embargo lo que se conoce tras el acuerdo es que Fidalgo y Aznar pactan para aplicar en un nuevo abrazo con el cómputo de toda la vida laboral para el cálculo de las pensiones. La cosa va por ahí cuando Fidalgo llama “fundamentalistas” (o “talibanes” en un lenguaje que se hizo habitual entre los funcionarios del sindicato, hasta el propio Camacho podía ser tachado como tal), a todos los que se oponen a aumentar el periodo del cálculo de las pensiones.

El 20 de junio de 2002, Fidalgo intenta por todos los medios en negociaciones directas con Aznar abortar la Huelga General convocada contra el “Decretazo del PP en el sistema de protección por desempleo” finalmente fracasan todos sus intentos por impedirla. En el mes de abril de 2003, se plantea una huelga de dos horas convocada por UGT y apoyada por el Sector Crítico de CCOO contra la guerra de Irak. Fidalgo llamó abiertamente al esquirolaje y amenazó con sanciones a los organismos del Sector Crítico que apoyaran la huelga; lo de expulsar a los discrepantes era ya casi una tradición de raigambre estaliniana revestida por el lenguaje de la “modernidad”. Pero esto no era más que el comienzo…De aquel entonces data este “escrache” del que dio noticia la prensa:

Miles de personas se manifestaron ayer de nuevo en toda España contra la guerra. En Madrid, la marcha más importante, congregó a unas 50.000 personas, que desfilaron en la séptima gran protesta de la capital. El hecho de que CC OO no hubiera apoyado el paro de dos horas convocado por UGT, aunque sí la manifestación, se volvió en contra del secretario general del sindicato mayoritario, José María Fidalgo. Mientras la marcha discurría entre gritos de «asesinos» dirigidos al Gobierno de Aznar y peticiones de responsabilidades, en la cabecera, Fidalgo aguantaba una catarata de insultos y peticiones de dimisión (…) La avalancha de insultos en la cabecera fue soportada estoicamente por Fidalgo, que fumaba su pipa con una sonrisa forzada. «No es la primera vez que pasa esto», recordaba, mientras su equipo aseguraba que las protestas procedían de sindicalistas radicales de la CNT.

En abril de 2004, Fidalgo le pidió a Zapatero que no subiera el SMI del desempleo. Esto se podía leer en una nota nunca desmentida “El secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, se reunió ayer en Moncloa con el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, y el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, y les pidió que se desvinculen subidas futuras de la cuantía del salario mínimo interprofesional (SMI) de las prestaciones por desempleo” 1/. En aquel momento, el presidente del Ejecutivo se mostró receptivo a estudiar la propuesta de Comisiones según declaraciones del la cartera de “Trabajo” (sería más justa llamarla de “Desempleo”), se llevaría a cabo “’por el elevado coste que tiene’. El ministro añadió que esta central considera que mantener la indización de los subsidios por desempleo al SMI puede elevar excesivamente el coste de la protección. El propio Gobierno admite que si se eleva al SMI a 600 euros, el sobrecoste en subsidio por desempleo puede llegar a los 700 millones de euros. Sólo para este ejercicio el sobrecoste por la subida del 6,6% del SMI será de 150 millones de euros.”

Posteriormente a esta reunión el Gobierno desvinculo el SMI como indicador de rentas y creo el IPREM para evitar repercutir la subidas de SMI a los 600 € en todos los subsidios y referencia de rentas.

En diciembre de 2008, Fidalgo perdió por 28 votos frente a Toxo en su apuesta por seguir siendo reelegido como Secretario general de CCOO, o sea que solo pierde por 28 votos y después de un grave enfrentamiento con la CONC porque quería cercenar su autonomía como Confederación, que hizo que la práctica totalidad de la delegación de Cataluña al Congreso que en congresos anteriores había votado por mayoría a Fidalgo, ahora lo hiciera por Toxo. Esto pone de manifiesto el cambio sustancial que ha sufrido la composición de CCOO…

Resulta bastante singular que hasta el Wikipedia se haga eco de que fue “agredido en los actos del Primero de Mayo de 2003 cuando se disponía a acceder al estrado para pronunciar un discurso por un trabajador despedido de Sintel, después de que los trabajadores tuvieran que recabar todos los apoyos posibles…frente a la dirección del sindicato que los vende literalmente, resultando “herido leve”, una auténtica minucia en relación a los golpes que los trabajadores movilizados suelen recibir de la policía creada –teóricamente- para defender sus derechos de ciudadanos. Este incidente que fue magnificado por los “compañeros” de la prensa y de la TVE, medios en los que tantas veces las cargas de la policía contra los trabajadores resultan justificadas o por lo menos maquilladas, como si fuese lo más natural, que lo es, como no lo es que detengan a un banquero en un Estado de Derecho en el que –como registraba El Roto en una de sus viñetas-, un empresario puede despedir a mil trabajadores mientras que mil trabajadores no pueden despedir ni a un empresario. La noticia del “coscorrón” tuvo además la manifiesta voluntad en ocultar todo el trasfondo de unas negociaciones de espalda y en contra de los propios trabajadores que decía que los altos cargos presumían representar.

Lo demás es perfectamente conocido, por ejemplo que se ha mostrado en varias ocasiones a favor del uso civil de la energía nuclear. Como lo son sus otras actividades, por ejemplo su actuación estelar como tertuliano en “Onda Cero” y en “Herrera en la Onda”, no precisamente dedicadas a crear opinión crítica. Como es también sabido, apareció como posible candidato en las listas del partido de Rosa Díez quejándose de que “hay una falta de ética del copón”. Luego vendrían otras, así Fidalgo apareció como el “sindicalista” preferido de José María Aznar y de la FAES”. En la prensa figuraba en las “quinielas” sobre el primer gobierno de Rajoy, pero no fue así, y no precisamente por que existieran desacuerdos.

Otra más reciente, lo presenta contratado como asesor a sueldo de la IE Business School. Desde un tiempo a esta parte, dirige “Negocia” desde el pasado año, una unidad de investigación del Centro de Negociación y Mediación del IE Business School, que “analiza las mejores prácticas de negociación y los sistemas sociales más equilibrados en un contexto de crisis”, un fichaje anunciado en su momento por la propia escuela de negocios, pero una vinculación que casualmente nunca se menciona cuando Fidalgo se posiciona, según él libremente, a favor de extender la edad de jubilación en los debates de televisión a los que profusamente -¡cómo no!- es invitado. IE Business School es otra más de las fundaciones y plataformas (Fedea o Everis son otras) que financian las grandes empresas (sólo hay que consultar sus memorias de gestión para encontrar sus nombres), con un objetivo nada filantrópico: extender eficazmente sus propuestas de signo neoliberal. Porque una mentira interesada, repetida mil veces y de origen -en apariencia- variado, gozará de mayor crédito y amplificación mediática que aquellas otras opiniones que no disfrutan de patrocinador ni de plataforma difusora, aunque sean bastante más justas, coherentes y acertadas que las primeras.

Lo triste es que no fue ni el único ni tan siquiera mal visto por muchos de sus “compañeros”.

Notas
1/ Cinco Días | Raquel Pascual / Madrid, 21-05-2004. Fidalgo seguirá ahí, ante las cámaras, hablando como Milton Friedman, pero las cosas ya están cambiando. Es ya el momento que la gente honesta que sabe lo importante que es el sindicalismo, aprenda firmemente que estos sindicalistas al servicio de su Majestad (el Capital), son, indudablemente, un ejemplo de hasta donde ha llegado la corrupción en el sindicalismo aupado en la Transición, amén de un personaje que encarna todo lo que un sindicalista no debe ser.

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