jueves, octubre 1, 2020
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El momento oportuno

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Tras la burla, llega el momento de ponerme serio. Pero no con EEUU, si no a costa de EEUU. Porque lo que está ocurriendo es el acelerador de muchas cosas, especialmente la que importa: la desdolarización.

Lo he dicho y lo repetiré: EEUU no tiene ya nada más que un solo poder, el económico. Ni el militar, ni el político y ni siquiera el social si es que este último lo tuvo alguna vez más allá del mundo peliculero. EEUU es un matón de barrio que solo se atreve con los pequeños y que recula cuando otro grande le hace frente. Mucha parafernalia verbal contra China, mucha aprobación de leyes, mucho de todo pero que solo ha servido como acelerador de la respuesta china.

Los chinos son, ante todo, confucionistas y su concepto del tiempo no es el nuestro. Ellos siempre miran a largo plazo, siempre, y no solo es algo que reflejó Mao. Pero llega un momento en el que el largo plazo de China empieza a acortarse. Y ahora es el momento oportuno.

Dos son los movimientos que hay que tener en cuenta, que en realidad son uno y consecuencia de lo mismo: de la agresión económica de EEUU.

EEUU utiliza al arma económica (las sanciones) porque no tiene otra. Meteros eso en la cabeza y dejad de autojustificaros con la historia del «imperio» (el sueño y la pesadilla). EEUU no es ningún imperio, es una Roma ardiendo, literalmente, y sosteniéndose solo y únicamente por el dinero. Hasta ahora.

Cuando el Congreso Nacional del Pueblo chino anunció la semana pasada que elaboraría una ley de seguridad nacional para Hong Kong, el matón de barrio hizo el movimiento en falso definitivo: amenazar con retirar a China del sistema SWIFT (las transacciones financieras internacionales) donde el dólar es la moneda única. Solo se ha hecho con Irán, dos veces, en 2012 (lo que obligó al país persa a aceptar el acuerdo nuclear con EEUU, China Rusia, Francia, Gran Bretaña y Alemania) y en 2018 (cuando EEUU abandonó unilateralmente este mismo acuerdo nuclear). Pero se ha amenazado a Rusia con lo mismo (en 2014, cuando el referéndum de Crimea) y ahora a China.

No sirve de mucho porque China tiene su propio sistema de transacciones financieras, el Sistema de Pagos Interbancarios de China (CIPS, en inglés), que representa ya entre el 10% y el 29% del comercio exterior chino, dependiendo a quién se haga caso. Según los datos chinos (los más favorables, pero también de los que hay que fiarse), el CIPS movió el año pasado, en diversas monedas, incluyendo el dólar, un equivalente a 2 billones de euros con un aumento del 97% respecto a 2017 y del 233% a 2018. Por dar más cifras, de los 176 bancos e instituciones financieras, chinas y extranjeras, que inicialmente se sumaron al CIPS se ha pasado a los 2.266, y subiendo.

Es decir, que aunque el porcentaje de transacciones financieras chinas a través del SWIFT se mantiene alto, no es estrangulador ni mucho menos y estaría por ver si el resto de vasallos occidentales aceptaría tal decisión. China (o Rusia) no son Irán, desde luego. Y si con Irán hay una pequeñísima revuelta europea, con China ya sería total. Algo que no se puede permitir EEUU.

Pero EEUU tiene que aparentar que sigue siendo el baranda mundial, y por eso recurre a la amenaza económica porque sabe que es su única baza. Y aunque sea totalmente improbable que se ejecute, China acaba de dar el paso definitivo para el fin del dólar como moneda mundial: la digitalización del yuan.

La historia no viene de ahora, sino del año 2008. ¿Recordáis lo que pasó entonces? La otra gran crisis capitalista. China lo vio y, al tiempo que salvaba al mundo, comenzó a moverse para hacer del renminbi o yuan una moneda internacional. Así, presionó para que se incorporase en las monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional (que se resistió casi durante dos años, aunque finalmente tuvo que tragar en 2015 y está operativo desde 2016) como Derecho Especial de Giro. Desde entonces, el yuan representa el 1’9% de los DEG del FMI aunque cada vez es mayor el número de bancos centrales de todos los países que lo incorporan a sus monedas de reserva.

China, una vez logrado ese objetivo, se limitó a esperar y ver lo que hacía el resto del mundo. Fue presionando hacia su moneda por otras vías, como con la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructiras (BAII) en 2016, la Bolsa de Oro de Shanghai (2016) y el petro-yuan (2018). Si os fijáis, la secuencia es la misma: un movimiento cada dos años. Luego este año toca hacer otro. Y ya se ha hecho.

China acaba de anunciar oficialmente que pone en marcha la digitalización de su moneda. Lo hace cuando acaba de terminar la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo en la que se ha certificado el giro hacia adentro del país, es decir, hacia el consumo interno. No es una cuestión solo del coronavirus, sino de la realidad porque el consumo interno creció el año pasado el 64%, mucho más que el comercio exterior. Eso significa, lisa y llanamente, que China se va a convertir, aún más, en el destino final de las relaciones comerciales del mundo. Y eso le va a dar el impulso final al yuan porque la realidad es la que es y es China quien domina el comercio mundial.

China está recogiendo el desafío de EEUU, recogiendo y amplificando. De momento, la digitalización se está probando ya en cuatro ciudades: Shanghai, Shenzhen, Xiongan y Hainan. No han sido elegidas al azar (los chinos no hacen nada la azar), sino por sus características y significación. Shanghai es la ciudad más grande de China (23 millones de habitantes), además de un gran núcleo financiero; Shenzhen (13 millones) es el espejo socialista donde China está reflejando al Hong Kong capitalista; Xiongan (2’5 millones), es llamada «la ciudad de los sueños» porque en ella se están llevando a cabo los principales experimentos urbanísticos tanto ecológicos como sociales y con tecnologías punta; y Hainan (10 millones) es, después de Hong Kong, el principal puerto de libre comercio.

Está previsto que para el 2021 se añadan otras ciudades a la lista y que en 2022 esté prácticamente operativo para acoger a los Juegos Olímpicos de Invierno. Ese será el pistoletazo de salida a nivel mundial porque quienes participen o asistan, y serán muchos miles de extrajeros, solo van a utilizar la moneda local y desde sus aplicaciones móviles. Y ese será el comienzo del fin definitivo del dólar como moneda hegemónica. Seguirá siendo importante durante unos años más, pero no decisivo como es ahora.

La economía occidental está de capa caída, tanto en EEUU comoe en sus vasallos europeos y asiáticos; se enfrenta a una contracción pronunciada y prolongada de la que no va a salir con la facilidad que en 2008 porque, a diferencia de entonces, China ahora no va a tirar del carro. Y si de la crisis del 2008 el mundo capitalista aún no había salido (véase el caso español o italiano, sin ir más lejos), y han pasado 12 años, no hace falta imaginarse cuánto tiempo tardará en reparar alguna de las grietas de ahora. Porque el destrozo es mucho mayor.

Es en este escenario en el que China hace este movimiento. Acelerará la cohesión de la Nueva Ruta de la Seda contrarrestando el unilateralismo y la hegemonía de EEUU porque a medida que se extienda el yuan digital EEUU perderá su «poder nuclear» monetario. Y es, también, el golpe definitivo al lavado de dinero de las mafias occidentales que se hace en Hong Kong.

P.D.- Como no me puedo resistir a la burla, dentro de la tragedia, aquí tenéis a un convoy de las fuerzas del régimen dictatorial de Trump tras una emboscada de las fuerzas democráticas negras con el apoyo de la «oposición democrática y rebeldes moderados».

Y como no me puedo resistir a otro tipo de lenguaje, un recordatorio de los pioneros blancos antirracistas y antifascistas. The Almanac Singers, grupo en el que estaban dos clásicos como Woody Guthrie y Pete Seeger.

El Lince

Fuente: El Lince

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