martes, septiembre 22, 2020
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La técnica del Golpe de Estado sanitario: el caso de Burundi, un país que se atrevió a quitarse el bozal

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La declaración de pandemia no sólo puso en marcha en casi todo el mundo el terrorismo de Estado con pretextos sanitarios. No sólo ha difundido el pánico a escala individual sino también entre los países.

Hay países gregarios como hay personas gregarias, que en lugar de tomar sus propias decisiones se sienten mejor aceptando las que otros les imponen, sean guardias civiles o médicos.

Uno de los países díscolos del mundo frente a la pandemia fue Burundi, como ya expusimos en otra entrada. Si los “expertos” tuvieran razón, la población de Burundi habría sido arrasada por el coronavirus, y no es así: a fecha 14 de julio Worldometers sólo le atribuye un muerto y 269 positivos (1).

El Presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, tenía razón razón: el coronavirus es un absurdo, una declaración a partir de la cual la prensa mundial le vilipendió con los calificativos típicos que se imponen a los políticos africanos.

Nkurunziza hizo algo más que hablar: expulsó a la OMS del país y poco después murió súbitamente “a causa de una crisis cardíaca”, según fuentes oficiales del país africano. El resto del relato sobre la salud del Presidente africano se lo dejamos a la imaginación del lector.

Lo que sí debemos decir para completar el cuadro es que su sucesor, Evariste Ndayishimiye, le dio la vuelta a la tortilla sanitaria, aceptando todo lo que los imperialistas le pusieron encima de la mesa, incluido el bozal (*), que siempre fue lo más característico de los esclavos negros.

Lo más interesante es relatar la campaña de los portavoces del imperialismo contra Nkurunziza, empezando por un artículo del 6 de mayo en un blog tan característico como el del Consejo de Relaciones Exteriores: “El coronavirus coincide con peligrosas tendencias en la democracia de Burundi”, se titulaba (2).

Esclavo negro con bozal

Aquí no somos, pues, los únicos que observamos “coincidencias” entre la política mundial y los virus. Tampoco somos los únicos afectados porque el terrorismo de Estado no sólo se muestre como tal sino a través de los “vecinos”: no nos impiden a nosotros que hagamos lo que nos de la gana porque somos “muy libres”, pero no quieren quedar contaminados por nosotros y por eso están dispuestos a lincharnos hasta ponernos el bozal (*).

El Consejo de Relaciones Exteriores también se escudaba en los vecinos de Burundi. Eran ellos los que protestaban por la política sanitaria de Nkurunziza en un momento en el que sólo había 7 casos positivos. No habían encontrado más apestados, decía el artículo, porque se realizan pocos tests. Está claro que las pandemias no son consecuencia de la detección de enfermedades sino de la realización de tests, cuantas más mejor.

Curiosamente, a Nkurunziza le reprochan sus tendencias autoritarias por su empeño en celebrar las elecciones, algo que nos recuerda a lo que la izquierda domesticada (Bildu, BNG) propuso en Euskadi y Galiza durante las recientes elecciones autonómicas. La salud (la vida) está por encima de todo, según han confirmado los jueces en España.

El melodrama acaba con la muerte “súbita” de Nkurunziza el 8 de junio que, según The Guardian, no se debió a una crisis cardíaca sino “posiblemente” al coronavirus. Es el titular favorito de la prensa imperialista: la muerte de un negacionista a causa de aquello mismo que niega, la demostración perfecta de que ellos tienen razón y los demás cierran los ojos ante la evidencia.

Tras la muerte de Nkurunziza, el nuevo Presidente, Ndayishimiye, lo tiene claro: el coronavirus es “el peor enemigo” que tiene Burundi (4). Casi no hay ningún otro problema en el país africano que no sea el coronavirus. Antes no había pademia y ahora sólo hay pandemia.

¿Se había recrudecido la situación?, ¿aumentó el número de muertos?, ¿se propagó la peste? En absoluto. Se trata de puras declaraciones políticas, primero en un sentido y luego en el contrario porque las pandemias no son otra cosa que eso: decisiones políticas amplificadas hasta el hartazgo por las cadenas de comunicación.

La diferencia es que Nkurunziza tenía su propio criterio, mientras Ndayishimiye es un lameculos y a partir de que demuestras tu sumisión, la prensa internacional habla bien de ti; dejas de ser el típico “dictador africano”.

Ndayishimiye es un lacayo tan bien amaestrado que en vida de Nkurunziza decía una cosa y ahora dice la contraria. Siempre sirve a su amo, siempre hace lo que le dicen. A partir de entonces, comienzan a practicar más tests, dicen a la población que tanto las pruebas como el tratamiento contra la plaga son gratuitos. De esa manera introducen a cada uno de los habitantes dentro de la rueda sanitaria.

Si alguien no se presta a realizar las pruebas de coronavirus, dice Ndayishimiye, “será considerado como un brujo y tratado como tal”. Ya ven que la “lucha” contra el coronavirus ha desatado una caza de brujas, otra más. ¿O acaso creyeron que eso se había acabado para siempre?

(1) https://www.worldometers.info/coronavirus/country/burundi/
(2) https://www.cfr.org/blog/covid-19-coinciding-dangerous-trends-burundis-%20democracy
(3) https://www.theguardian.com/world/2020/jun/09/burundi-president-dies-%20illness-suspected-coronavirus-pierre-nkurunziz
(4) https://www.monitor.co.ug/News/World/Burundi-changes-tack-president-%20declares-COVID-19–biggest-enemy-/688340-5585992-13veo1d/index.html

Más información:
– Tras Tanzania también Burundi expulsa a los miembros de la OMS

(*) Originariamente en castellano la palabra “bozal” se refería a un negro recién esclavizado al que se le ponía una máscara en la boca para impedir que se rebelara contra su amo. Aún no había sido amaestrado convenientemente y había que impedir que se pusiera en contacto con otros para levantarse contra la opresión.

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