Veinte treguas después

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Desde el lunes, 27 de junio, se ha declarado una tregua indefinida en Donbass. Todo uso de armas, incluidas las armas ligeras, está prohibido. Los residentes de Donetsk desconfían de todos estos ecos y, aunque el frágil silencio entró en vigor el 27 de julio, están más preocupados que contentos. Estos movimientos sirven para que en los programas de debate grabados en los estudios de Moscú se declare: “¡Hurra! La guerra ha terminado”. Pero en la vida real todo es diferente.

Los residentes de las Repúblicas Populares de Donbass han vivido más de veinte treguas. Llevaban nombres que no se han cumplido: total, completa, de la cosecha, de Pascua, escolar. Si la victoria dependiera de los nombres, habría llegado hace mucho tiempo. ¿Cómo vive la población en las localidades de la línea del frente? ¿Creen que el silencio reinará durante mucho tiempo? Con estas preguntas me he dirigido a los residentes de la localidad de Sajanka [al sur de la RPD].

“Oh, no hemos sabido nada de ti en mucho tiempo”, responde Oxana Samarskaya, directora del único colegio de Sajanka, en el que estudian alrededor de treinta niños. Le alegra recibir mi llamada. “Bueno, qué voy a decir. Nos da miedo decir nada. Porque el 26 de julio hubo mucho ruido y ahora está tranquilo. El silencio llegó, el 27 de julio, como prometieron, y por ahora no se ha incumplido. ¿Creemos que continuará así? Probablemente no”.

Hablamos de los planes para el verano, de la cosecha, de las dificultades para ir de vacaciones, fundamentalmente por falta de dinero. “No iremos a Sedovo. Los niños cogen las bicis por las mañanas y van al mar”, dice Oxana. “Este año nadie ha sido enviado a Crimea de momento. Vivimos en un universo sin tiempo y en constante expectación”.

Mientras tanto, el colegio de Sajanka trabaja activamente para prepararse para el inicio del curso escolar. Así me lo explica la empleada de la escuela Tamara Alexandrovna.

“Pintura, limpieza. El otro día, el alcalde de la administración de Novoazovsk, Oleg Morgun, nos entregó un cargamento de tejas para cubrir el tejado. Hay rumores de que puede haber una segunda ola de coronavirus y que la enseñanza tendrá que volver a ser a distancia, pero yo no quiero creeros”, dice. “Nadie cree en esta tregua. ¿Cuántas treguas tenemos ya en la memoria? Aun así, mucha gente tiene familiares al otros lado, especialmente en Mariupol y no podemos ir. Vivimos en guerra, no vemos a nuestros familiares. ¿Qué alegría hay en esta vida? ¿No habrás oído en Donetsk cuándo piensan abrir la frontera?”

No puedo ayudar a Tamara Alexandrovna, no hay nada de momento. Quiero creer que las fronteras se abrirán un día, de la misma forma que quiero creer en esta tregua, aunque sea la vigésima. ¿Y si funciona? Es la forma en que las personas creen en algo incluso aunque no lo admitan. Al fin y al cabo, el colegio está limpio y pintado, se han limpiado los cristales. No puede ser para que vuelvan a romperse por las explosiones.

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