Sobre las pruebas para la detección del COVID-19 en los centros escolares de Madrid

Pretenden instrumentalizar a nuestros hijos sometiéndolos a una prueba inútil, agresiva y degradante...

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Pilar G. García.— El pasado 16 de diciembre, la web de Cadena SER publicó un listado de 560 centros educativos, públicos, concertados y privados, donde la Comunidad de Madrid tiene previsto llevar a cabo pruebas serológicas de detección de COVID-19, durante los próximos meses y a un total de 12.665 alumnos y 1.500 profesores. Algo que, parece ser, también va a darse en otras regiones del Estado Español.
Los señores de Cadena SER justifican estas pruebas etiquetándolas de “análisis epidemiológico aleatorio”. ¿Pero acaso queda alguien que se lo crea a estas alturas? Máxime cuando los medios de manipulación de masas (que ahora manipulan más que nunca) llevan semanas anunciando que, pasadas las fiestas de fin de año, nos sobrevendrá la “tercera ola de contagios por COVID-19”. Y no, no es que los gobiernos dispongan de astrólogos, oráculos o adivinos, como sucedía en las cortes de la antigüedad. Todo está más que calculado: esta tercera ola coincidirá con los meses en los que, cada año, se dan las epidemias de gripe y, como ya hicieron en marzo y abril de 2020, todos los afectados por esta enfermedad pasarán a engrosar las listas de enfermos por COVID-19. Como también lo harán las cifras obtenidas por los test PCR, que llevan realizándose de manera industrial desde el mes de septiembre, y las resultantes de las pruebas serológicas que ahora piensan hacer a nuestros pequeños.

No vamos a entrar a evaluar la escasa o nula validez de las pruebas PCR. Ya lo están haciendo hasta la extenuación médicos y científicos, como Natalia Prego, Enric Costa y María José Martínez Albarracín, y lo hizo en su momento el propio creador del test, Kary Mullis. La propia Organización Mundial de la Salud se pronunció recientemente al respecto en un comunicado sobre las limitaciones de esta prueba como herramienta diagnóstica. Y tampoco ahondaremos en cómo es posible realizar test de antígenos para un virus sobre el cual existen serias dudas de que haya sido aislado, purificado y secuenciado siguiendo los postulados de Koch. La cuestión aquí es que, cuantas más pruebas se realicen, mayor será la cantidad de falsos positivos. Esto es algo que nuestros gobernantes saben muy bien.

Pretenden instrumentalizar a nuestros hijos sometiéndolos a una prueba inútil, agresiva y degradante, sólo para ayudar a aumentar sus estadísticas de contagio, lo suficiente como para poder declarar el comienzo de la tan anunciada tercera ola. Y el hecho de que, en esta ocasión, su objetivo sean los niños y adolescentes, sólo puede obedecer a una intencionalidad: ponerlos en el punto de mira y, con la excusa de que “los contagios han aumentado notablemente entre la población infantil y juvenil”, probablemente sumar más medidas represivas a las que llevan ya meses sufriendo en los centros educativos, como la obligatoriedad del uso de mascarillas durante toda la jornada escolar, el uso y abuso de desinfectantes químicos, las colas eternas para todo, el distanciamiento interpersonal, los grupos burbuja y un adoctrinamiento continuo de miedo y odio, en el que sus compañeros son un peligro y, quienes se saltan la más mínima norma, una amenaza mortal.

Así pues, la pregunta que cabe hacerse es: ¿vamos a consentir esto? ¿Cuántas veces no se habrá dicho que los niños no se tocan? ¿Cuántos estallidos sociales han tenido lugar durante la Historia por eso precisamente, porque los gobernantes han osado poner sus manos sobre los hijos del pueblo? Para nosotros, esto ya llega tarde, porque nos los han tocado todo lo que han querido y más. Pero ¿vamos a permitir que sigan haciéndolo? ¿O nos limitaremos, como hasta ahora, a consentir y obedecer ocultando nuestra vergüenza tras la mascarilla, mientras continúan atormentándolos, atemorizándolos y humillándolos delante de nuestras narices?

De nosotros depende.

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