Rusia busca convertirse en líder en la tecnología de hidrógeno

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Las vastas reservas de gas natural y el potencial de energías renovables de Rusia podrían convertirlo en uno de los mayores productores de hidrógeno del mundo en las próximas décadas.

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La riqueza mineral y energética de Rusia le ha dado una segunda oportunidad en los asuntos mundiales después de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética. Las exportaciones de petróleo y gas han proporcionado los ingresos necesarios para reconstruir el país y ejercer influencia en el exterior.

La transición energética es la «espada de Damocles» que pende sobre la industria rusa de combustibles fósiles. Moscú, por lo tanto, está tratando de encontrar un nuevo propósito para su industria energética mediante inversiones tempranas en tecnologías de hidrógeno.

El Ministerio de Energía de Rusia está trabajando en una estrategia de hidrógeno en cooperación con socios extranjeros en Japón y Alemania. Las herramientas para esta transformación son los titanes de la energía del país Rosatom, Novatek y Gazprom. Cada una de estas empresas, con el apoyo de Moscú, está estudiando diferentes tecnologías para producir y exportar hidrógeno.

Según el viceprimer ministro Alexander Novak, «los expertos dicen que el hidrógeno puede constituir del 7 al 25 por ciento del balance energético global para 2050, tan pronto como se resuelvan los problemas de los altos costos de producción y los desafíos relacionados con el transporte».

Para desarrollar un sector de hidrógeno, Rusia tiene la intención de utilizar los activos que ya posee, como las mayores reservas de gas natural del mundo, un sólido conocimiento nuclear e instalaciones de investigación energética de primera clase. La combinación energética del país es un reflejo de la situación actual.

Rusia tiene una de las flotas de plantas nucleares más grandes del mundo, construida y operada por la estatal Rosatom. Una cartera de pedidos significativa para nuevas plantas tanto a nivel nacional como en el extranjero es un incentivo para desarrollar y mejorar las tecnologías existentes. Por lo tanto, la energía nuclear se considera un activo que, mediante el proceso de electrólisis, podría utilizarse para producir hidrógeno «amarillo».

Funcionarios rusos y japoneses y representantes de sus respectivas industrias ya están en conversaciones para oportunidades de cooperación. En este sentido, Rosatom y Kawasaki Heavy Industries de Japón tienen la intención de exportar el primer envío para 2024. Los japoneses tienen la intención de ampliar su conocimiento de la industria y aprovechar la experiencia de importar hidrógeno de su empresa en Australia que comenzará a operar en 2021.

Además, Novatek, el mayor productor de gas independiente de Rusia, ya está buscando nuevas oportunidades para complementar sus actividades de GNL. Según el director ejecutivo Leonid Mikhelson, la compañía planea construir instalaciones de reforma de vapor y metano en la península de Yamal para producir hidrógeno. Se requerirán proyectos adicionales de captura y almacenamiento de carbono para producir el denominado hidrógeno «azul» y cumplir con los estándares necesarios. Mikhelson espera que el hidrógeno represente «una parte notable en el consumo mundial de energía entre 30 y 40 años a partir de hoy».

Sin embargo, el indiscutible campeón del gas de Rusia, Gazprom, está siguiendo un camino diferente. La compañía ya opera una extensa infraestructura de oleoductos hacia Europa y está expandiendo su capacidad a China. Debido a la vida útil de los gasoductos, el hidrógeno podría usarse para extender las operaciones mucho después de que se haya eliminado el gas natural. Antes de que se pueda bombear hidrógeno puro, la mezcla es una buena alternativa para reducir la huella de carbono y cumplir con los requisitos de los clientes.

Sin embargo, la tecnología que está estudiando Gazprom es un proceso llamado pirólisis de metano. Para esta técnica, el gas natural todavía se usa como punto de partida del proceso, pero el subproducto es diferente del reformado de metano. Al usar calor, las moléculas de gas natural se descomponen en hidrógeno y carbono, que no es gaseoso sino sólido. El carbono luego se puede utilizar para otros procesos industriales y aumentar el valor del proceso.

Por último, si bien las energías renovables no son una gran parte de la combinación energética de Rusia y el gobierno no ha anunciado planes ambiciosos, hay un futuro brillante para la energía eólica en el país. Especialmente las regiones costeras del noroeste son muy adecuadas para la producción de hidrógeno «verde» mediante electrólisis. Las tuberías de gas natural existentes podrían reutilizarse para bombear hidrógeno a los consumidores.

A pesar del potencial y las intenciones de convertirse en exportador de hidrógeno, queda un largo camino por recorrer. Rusia es uno de los países más afectados por la transición energética debido a sus considerables exportaciones de combustibles fósiles. Moscú se da cuenta, por tanto, de que el actual modus operandi no es sostenible. Los planes de hidrógeno actuales son imperativos para diversificar la economía y desarrollar nuevas industrias

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