Herri Gorri: APUNTES POLITICOS (2021)

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La COVID-19 aceleró y agudizó una crisis económica que ya se encontraba en el horizonte del corto o medio plazo. El estancamiento macroeconómico en el conjunto de la Unión Europa ya era un hecho en 2019 y la duda no era si iba a estallar una crisis, sino cuándo y su envergadura. En el Estado español, la recuperación macroecómica a la que asistimos a partir del año 2014, fue producto de los recortes, una competitividad basada en la devaluación salarial, precarización y en definitiva, un aumento de la explotación y las desigualdades entre una oligarquía en posición de fuerza y un proletariado que se ha visto despojado de derechos sociales, laborales y salariales.

Una recuperación macro-económica que media entre 2014 y 2018, en la que las rentas del capital se han visto incrementadas frente a las del trabajo, las tasas de ganancia se han disparado y en la que la existencia de un sector del proletariado en situación de pobreza relativa y absoluta de en torno a un 20% de la población del Estado español, se ha convertido en estructural, un elemento a gestionar más que un problema social y económico a resolver. El bloque en el poder en el Estado español, es una “lumpen-oligarquía” acostumbrada al dinero fácil y a buscar sus beneficios, no mediante la inversión y la innovación, sino en la explotación, la generación de pobreza, la especulación y los entramados con el poder político, socializando las pérdidas de sus malas decisiones y privatizando los beneficios.

Por supuesto, una fase de crecimiento macroeconómico basada en los recortes, la devaluación salarial y la desvalorización del trabajo, tiene como consecuencia restar dinamismo a la demanda, al consumo de unas economías domésticas ahogadas por hipotecas y alquileres disparados por la lumpen-oligarquía rentística, por lo que el subconsumo de las masas, recortó cualquier posibilidad de mantener una dinámica de crecimiento sostenible en el tiempo.

El estallido de la pandemia, aceleró la crisis y la agudizó por las medidas que fueron tomadas para frenar su expansión. No vamos a analizar la pandemia en sí misma, ni las medidas que fueron tomadas para frenarla. Sólo diremos que la pandemia estalló en un determinado contexto de una oligarquía y un bloque en el poder en posición de fuerza, y un Régimen del 78 con un alto grado de estabilidad, consenso y capacidad de gestionar las contradicciones generadas por la lucha de clases. Un Régimen del 78 que, aún con el estallido de la crisis provocada por la COVID-19, mantiene su fortaleza y legitimidad.

Las visiones mecanicistas e idealistas, que en su momento pudieron haber establecido una correlación positiva entre crisis y concienciación, organización y movilización del proletariado, no acertaron ni de lejos. Y el hecho es que el contexto en el que nos encontramos, es el de una correlación de fuerzas muy desfavorable para el proletariado y los sectores populares, frente a una oligarquía y un bloque en el poder en situación de fuerza para desarrollar una nueva ofensiva contra derechos y libertades fundamentales y acometer la fase final del desmantelamiento de lo que entendemos como “Estado de Bienestar” con éxito.

2-LOS RETOS DEL “ANALISIS CONCRETO DE LA REALIDAD CONCRETA”

El panorama que dibujó a principios del pasado años 2020 el “relator” de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos tras su visita a ciertos lugares del Estado español que no figuran en las guías de turismo, fue impactante y desolador. Miseria, pobreza extrema… pero lo peor es que son situaciones que los efectos de la pandemia no han hecho más que expandir y, mucho nos tememos que, si no es evitado, convertirá en estructurales.

Un informe de OXFAM cuantifica en 800.000 personas las que a lo largo del 2020 se han convertido en nuevos pobres en el Estado español, alcanzándose la cifra de cinco millones la de personas que están por debajo del umbral de la pobreza. De manera simultánea, las grandes empresas de la oligarquía, a pesar de los problemas que el confinamiento les supuso, con un derrumbe de la actividad económica y el consumo, para septiembre ya estaban generando beneficios.

El bloque en el poder que controla el Régimen del 78, se sabe en posición de fuerza, y a pesar de las contrariedades que le genera la presencia de UNIDAS-PODEMOS en el gobierno de coalición, su programa político ante el estancamiento económico que se vivió en el 2019, es el de recrudecer su ofensiva económica, política e ideológica contra el proletariado. La crisis acelerada y agudizada por la pandemia, puede ser el marco perfecto para impulsar una transformación del régimen de acumulación, un cambio político y social en el que la pobreza de un 20% de la población, se presente no sólo como inevitable, sino incluso funcional para el propio sistema.

Un régimen de acumulación en el que derechos democráticos y sociales y libertades fundamentales que el proletariado había logrado alcanzar, intentarán ser revertidos de manera progresiva pero imparable. Y para que no queden dudas al respecto, volveremos a decirlo de manera aún más clara: El Estado de Bienestar en las sociedades capitalistas avanzadas, fue producto de la lucha de clases. Las ocho horas, los seguros de desempleo, la jubilación, sanidad y educación públicas, el derecho y el deber del trabajo como medio de garantizar un proyecto digno de vida y un sistema democrático de libertades y derechos formales, fueron el resultado de décadas de luchas obreras y populares, en un contexto en el que el movimiento obrero organizado mantenía capacidad ofensiva.

Como comunistas, “nuestro modelo” no es el del Estado de Bienestar, eso está claro. Pero lo que también debemos analizar es que los derechos que amparaba ese modelo, el neoliberalismo ha logrado despojarlos de su carácter estructural y básico. El Estado de Bienestar no es nuestro modelo, pero si no hay condiciones siquiera para defender derechos y libertades ya ganados y expandirlos incluso dentro de los márgenes previstos por el propio régimen, plantear la ruptura como programa táctico es mera fraseología, idealismo y voluntarismo.

Que amplios sectores del proletariado se reconozcan en discursos del neoliberalismo que deslegitiman lo público como ineficiente frente a lo privado, o que hayan asimilado las mentiras sobre la inviabilidad del sistema de pensiones “porque vivimos demasiado y cada vez hay más pensionistas”. La creciente presencia de concepciones aparentemente “meritocráticas”, que relacionan pobreza, desempleo o precariedad, con vagancia, inaptitud o ausencia de “capacidad emprendedora positivamente pobreza con vagancia, o definir los impuestos como algo negativo e incautatorio, son ejemplos del grave problema que afrontamos. Si no existen en el contexto en el que nos encontramos, fuerzas sociales y políticas con capacidad -poder- para defender derechos ganados, y el neoliberalismo en sus diferentes variantes puede articular bloques político-electorales dispuestos a desmantelar estos derechos en posición de fuerza, el movimiento comunista tiene que hacer una seria reflexión en torno a su línea política y los objetivos a corto, medio y largo plazo.

Una de las tesis fundamentales que hemos venido defendiendo desde 2019, ha sido la de la inexistencia de condiciones políticas, ideológicas y organizativas, para construir un espacio de acumulación de fuerzas en torno a un programa de ruptura y de transformación socialista. Este hecho tiene importantes implicaciones, pues de manera simultánea implica que no renunciamos ni a una ruptura, ni al socialismo y reconocer que en este contexto, nuestro marco de referencia y de intervención es el del Régimen del 78.

Dicho de otro modo, consideramos que debe ser transitada una fase necesaria en la que construir organización, independencia y unidad del proletariado y transformar las correlaciones de fuerzas de modo que la ruptura no sea una mera declaración de intenciones o una consigna vacía de contenido, sino una realidad basada en la construcción de poder constituyente con capacidad de conducir una transición hacia un modelo post-capitalista.

El que como comunistas, coincidamos con reformistas y socialdemócratas en la defensa de derechos y libertades fundamentales, no nos convierte en reformistas, sino que lo que nos posibilitan es establecer una referencialidad en primer término, entre los sectores del proletariado “de izquierdas” y reformista, en torno a luchas y reivindicaciones. Desde nuestra naturaleza marxista-leninista, es táctica y programa político basado en el análisis concreto de la realidad concreta, subordinado a una orientación estratégica revolucionaria. Una línea política revolucionaria, no se encuentra en la radicalidad de planteamientos y consignas en las que el proletariado no se reconoce, sino en avanzar en la organización, la independencia política del proletariado y en su unidad, partiendo de su diversidad e incluso de contradicciones entre sus diferentes grupos y fracciones.

La defensa de una sanidad pública de calidad e igualadora del derecho a la salud de manera universal, no es reformismo, sino parte de lo que debe ser nuestro programa político aquí y ahora. El efecto de los recortes neoliberales en el sistema sanitario y, sobre todo, en la atención primaria, ha tenido un impacto fundamental a la hora de gestionar la crisis sanitaria de la pandemia. De manera simultánea, la privatización de la salud y de los cuidados, roza la criminalidad en las residencias de nuestras y nuestros mayores, donde lo que ha predominado es el lucro de fondos buitres, para los que nuestras mayores no eran más que materia prima con la que hacer negocio. Denunciar también la ruptura del derecho universal e igualitario a la salud, en un contexto de colapso del sistema sanitario y que tener recursos para pagar un seguro médico privado puede significar la diferencia entre una detección a tiempo de una enfermedad o no. Tener una cita con el médico especialista en tres meses o en una semana y una intervención en un mes o en seis meses, tiene unas implicaciones de una extraordinaria gravedad.

¿Es reformismo defender esta orientación? ¿Es reformismo renunciar al combate político e ideológico que desde el marco del Pacto de Toledo se está desarrollando en el terreno de derechos esenciales como el de las pensiones y su financiación?. No sólo debemos defender un sistema de pensiones público, blindado y con recursos suficientes basado en unas cotizaciones, producto de la solidaridad intergeneracional de clase, sino que además debemos denunciar la precarización del trabajo y luchar por la derogación de las reformas laborales que impiden reconstruir un sistema de cotizaciones basadas en el trabajo.

En el terreno del feminismo… ¿seguiremos denunciando su “carácter burgués”, despreciando su fortaleza y capacidad de movilización incluso de chicas muy jóvenes que acceden a la militancia política a través de la lucha antipatriarcal y, por tanto, necesariamente anticapitalista?.

Entre una izquierda a la que la institucionalización y el electoralismo, no han hecho sino llevar a borrar una y otra vez líneas rojas y a peligrosos “tránsitos al centro”, y una izquierda refugiada en el sectarismo, en la parálisis política y un idealismo casi nihilista, existen márgenes para configurar un polo de transformación política y social en torno a un programa con iniciativas que amenacen al Régimen.

En sucesivos escritos, desarrollaremos más estas cuestiones. Que en todo caso esta sea una introducción a la necesidad de construir un programa político comunista con proyección en el corto y medio plazo.

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