El día más sagrado

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“Sobre Donbass, las nubes se oscurecen, el horizonte está cubierto de explosiones”, canté mirando al cielo sobre Donetsk y temblando con el frío viento. Parecía que el tiempo podía interferir con la tradicional marcha del regimiento inmortal del Día de la Victoria. Como si alguien hubiera decidido poner a prueba nuestro compromiso. Pero Donetsk no ha fallado. Oleadas de personas rápidamente se lanzaron sobre un río común y en poco tiempo se ha creado un regimiento inmortal de muchos miles.

 

“La marcha se celebrará en todas las ciudades de la República sin excepción”, explicó Mijaíl Frolov, uno de los coordinadores del acto. “Este año tenemos una novedad: en algunas ciudades, el regimiento inmortal se celebrará en varios barrios a la vez. Y si el tiempo nos acompaña, la población saldrá con toda la familia”.

Es una marcha verdaderamente popular que anualmente une a millones de personas de todas las edades y todas las clases. En ella todos los iguales. Un general con medallas, una anciana con el descolorido retrato de su marido o el estudiante con el retrato de su bisabuelo.

“Para mí, es el día más sagrado. Vengo todos los años y el mal tiempo no puede impedírmelo”, dice el coronel-general Mijaíl Frolovich Maslov. “Da miedo pensar lo que está ocurriendo ahora en Ucrania. Para mí, es arrancar la vida a los vivos. Lo dimos todo por ella en nuestro tiempo: construimos institutos, fábricas, centrales eléctricas. Y esto es lo que obtenemos a cambio. Pero creo que tendrán que pagar el precio por lo que han hecho a Donbass. Es la hora de eliminar el banderismo desde la raíz”.

Cada año crece la columna del regimiento inmortal de los héroes de nuestra guerra, este año es casi tan grande como la columna con retratos de los héroes de la Gran Guerra Patria. Muchas personas portan, junto a los retratos de los caídos de la milicia, retratos del primer presidente de la RPD, Alexander Zajarchenko. Una mujer lleva iconos en las manos junto a un cartel con las imágenes de milicianos caídos.

“Todos eran de Mariupol. Algunos murieron en 2014, otros más recientemente, otros fueron torturados en cautividad”, dice Olga Seletskaya, que también es de Mariupol. “Cada año hay más fotos en mi cartel. Y en nuestra ciudad, se equipara la cinta de san Jorge con los símbolos nazis. La gente tiene miedo, pero aun así salen a la calle, llevan flores a los monumentos y es así en toda Ucrania. No podrán borrar la memoria de la población”.

Es simbólico que en las filas del regimiento inmortal haya tantos de nuestros compatriotas de Avdeevka, Mariupol y Slavyansk.

“Mi abuelo, Alexey Ivanovich Sbezhnev, es de Avdeevka [en zona ucraniana, a escasos kilómetros de Donetsk], lo sacamos de allí en 2018 y llegó a participar en el desfile de la victoria. Zajarchenko se acercó a él y le estrechó la mano. La imagen fue mostrada en el canal de televisión Oplot y sus vecinos de Avdeevka vieron a mi abuelo en la televisión, les alegró ver que estaba vivo. La gente ve nuestros canales allí”, explica Galina Selezneva.

Una de las mujeres lleva un retrato de su padre con la inscripción: “Acabar con Bandera”. “Mi padre, Nikolay Petrovich Tsyba, tenía 15 años cuando empezó la guerra, se lo llevaron a trabajar en Alemania y cuando la 45ª unidad del Ejército Soviético los liberó, se unió inmediatamente al ejército y fue enviado a Ucrania occidental a luchar contra los banderistas”, explica Natalia Samojalova. “Papa solía recordar cómo asesinaban a nuestros jóvenes soldados sin piedad ni humanidad. Menos mal que no ha visto lo que está pasando hoy en día en Ucrania. Se le habría partido el corazón.

También hay mucha gente joven en el regimiento inmortal. Ivan Sumskoy, estudiante de quinto curso, ha venido con su abuelo por primera vez a la marcha. “Mi abuelo me ha contado los momentos clave de la guerra: me ha hablado sobre la batalla de Kursk, sobre Stalingrado, he leído mucho sobre el sitio de Leningrado”, cuenta el chico. “Aunque hace bastante frío, he decidido venir a la marcha.

Aquí, en Donetsk, a nadie se le va a ocurrir preguntar “¿De quién fue la victoria?” ni sustituir este sagrado día con el hipócrita Día de la Reconciliación y la Memoria. Estas personas llevan siete años viviendo en condiciones de guerra, sin reconocimiento, pero la fortaleza de su espíritu es envidiable. A veces me pregunto si una persona necesita conocer el duelo, la sangre y la pérdida para comprender realmente qué son el bien y el mal y si solo entonces será consciente durante un tiempo. Y me respondo que sí.

La población saluda al regimiento inmortal con gritos de “¡Hurra!”, algunos tocan Katyusha con el acordeón y otros se secan las lágrimas de los ojos. Es imposible acostumbrarse a la grandeza del poder del pueblo.

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