Colombia: El paro no para

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El estallido social desatado el pasado 28 de abril expresa un nuevo momento de país, marca ‘un antes y un después’, y significa un salto cualitativo dentro del ciclo de ascenso de las luchas populares que inició la Minga de 2008.

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Raúl Contreras.— Este salto cualitativo asomó en las movilizaciones de noviembre de 2019 pero fue frenado por el Covid-19 el año pasado, no obstante resurgió en el estallido contra la criminalidad policial del 9 y el 10 de septiembre, para mostrarse ahora con más vitalidad en el Paro Nacional iniciado el 28 de abril.

El estallido social desatado evidencia que sectores más numerosos del pueblo colombiano están decididos a no aguantar más, como lo demuestran las masivas movilizaciones de fines de abril, todo mayo y parte de junio, que llegaron a cubrir más de 500 municipios, con bloqueos de vías en un número similar, en donde se destacan los Puntos de Resistencia de Cali, Bogotá y otras ciudades, con las Primeras Líneas que cuentan con el respaldo de amplios sectores poblacionales a pesar de la brutal represión desatada por el Gobierno, que recrudeció con ataques de narcoparamilitares urbanos.

En el fragor de las luchas crecen los niveles de conciencia, el rechazo al Gobierno, a sus instituciones y a sus fuerzas represivas a la vez que crece la simpatía por los cambios, factor que define este nuevo momento reforzado con la vinculación activa de los artistas y sectores de la cultura.

Las demandas ahora trascienden el carácter reivindicativo y gremial tradicional, tienen mayores componentes políticos, como los que recoge el Pliego del Comité Nacional de Paro (CNP) desde 2019, y los que hoy formulan núcleos juveniles y los sectores que exigen la renuncia de Duque para dar paso a un Nuevo Gobierno y un Nuevo País.

Luchar por la confluencia y una salida dialogada a la crisis nacional

Es claro que las salidas de paz, resolver unas demandas sociales básicas y una tramitación negociada de las reivindicaciones más sentidas de la gente movilizada ya no caben con este Gobierno, indicativos de ello es lo acontecido cuando el sofisma de la conversación nacional de Duque con las movilizaciones de fines del 2019, que se suma a la perfidia ante los Acuerdos firmados con las FARC y el ELN, y lo que acaba de ocurrir en las conversaciones con el CNP que llevaron a que este se retirara de ellas, por la nula disposición del Gobierno para la negociación, su desconocimiento al Preacuerdo de garantías y su actitud mañosa y dilatoria.

La lucha sigue, así el movimiento tenga sus paréntesis vendrán nuevas jornadas, el paro no para, así haya suspensiones temporales de las movilizaciones hasta el 20 de julio cuando el CNP presentará al Congreso varios Proyectos de Ley y el Pliego de Emergencia, que tendrán un rechazo frontal de la coalición derechista que gobierna, como acaba de acontecer con la negativa que dieron a la Matricula Cero, la Renta Básica y otras Reformas presentadas por la bancada de oposición.

El futuro inmediato es promisorio y para potenciarlo, el movimiento necesita de la confluencia para avanzar contra el adversario común, es imperativo trabajar por tener un referente nacional común y coordinado que conduzca unas líneas de acción básicas, lo que generaría sinergias, multiplicaría la fuerza, atraería y daría animo a los sectores menos conscientes cuya participación mejoraría la correlación de fuerzas.

Dejar crecer el sectarismo y endiosar la división le sirve más al régimen dominante que a la causa de los cambios que urge Colombia, a los que se atraviesan el imperialismo, la oligarquía y su Gobierno, como obstáculos que hay que apartar del camino.

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