Los yihadistas que cortaban cabezas en Siria han sido acogidos en Europa como ‘héroes de la libertad’

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El viernes un tribunal de Róterdam publicará la sentencia sobre un crimen de guerra que ha tenido una enorme repercusión en Holanda. El fiscal le ha pedido 27 años de cárcel a Ahmad Al-Q. por el asesinato a sangre fría de un preso, cometida en Siria en 2012.

El acusado es un residente de 49 años que vive en Holanda desde 2014 con su mujer y sus siete hijos. Su profesión es la de conductor de autobús, aunque en Siria dirigía la milicia yihadista Gurabaa Mohassan, afiliada al “Ejército Libre de Siria”, donde se hacía llamar Abu Khuder.

El gobierno holandés le concedió el estatuto de “refugiado político”, y sus crímenes habrían permanecido ocultos si en 2019 la policía alemana no hubiera prestado atención a sus encuentros en Holanda con los veteranos de su batallón. Los alemanes informaron a sus colegas holandeses, que ya no pudieron seguir respaldando a un criminal de guerra.

Pero en su momento los yihadistas habían publicado en YouTube un vídeo en el que aparecía Abu Khuder participando personalmente en la ejecución de un oficial del ejército regular sirio. Era un piloto cautivo con marcas de tortura al que trasladaban a la orilla del río Éufrates. Por el camino Abu Khudar cuenta por qué le va a asesinar y luego le acribilla personalmente a sangre fría. Se escuchan 26 disparos de pistolas y fusiles de asalto Kalashnikov.

Al principio de la Guerra de Siria los medios de comunicación calificaban a este tipo de asesinos como “héroes” que luchaban contra el gobierno de Damasco. Días después de la grabación del vídeo, el periódico británico The Guardian publicó un largo reportaje sobre este criminal. Lo presentaba como “una de las personas más valientes y despiadadas de la provincia de Deir Ezzor”, la zona del este de Siria donde operaban los sicarios de Abu Khudar. Incluso le entrevistaron, herido en el brazo izquierdo por la bala de un francotirador. En las fotos aparecía con vendas y brazaletes.

Los medios decían que eran los “moderados” de Siria. En la entrevista, Abu Khuder reconoció que su batallón se había transformado en una unidad del Frente Al-Nosra/Al-Qaeda, aunque el entonces secretario de Estado estadounidense, John Kerry, aseguraba que Al-Qaeda no operaba en Siria.

Los medios no convirtieron a los “buenos” en “malos” hasta que en 2014 cruzaron la frontera y entraron en Irak. Entonces Europa comenzó a acoger a algunos dirigentes yihadistas como “refugiados políticos”.

Alemania encabezó la política europea de puertas abiertas para los yihadistas, hasta que comenzaron los atentados indiscriminados. En julio de 2016, un “refugiado” sirio de 21 años atacó a los transeúntes con un machete en Reutlingen, Alemania, matando a una mujer embarazada e hiriendo a varias personas. Los yihadistas reivindicaron la autoría.

En octubre de aquel año, el ciudadano sirio Jaber Al-Bakr fue detenido en Leipzig. Decían que había huído de su país a causa de la persecución del gobierno de Damasco, pero le acusaron de preparar un atentado terrorista en el aeropuerto de Berlín. Dos días después de su detención, apareció ahorcado en una celda de la prisión.

En 2019 un refugiado sirio de Limburgo, Alemania, intentó masacrar a los transeúntes con un camión robado. Como no mató a nadie, fue condenado a nueve años de prisión.

En 2018 un tribunal de Düsseldorf condenó a cadena perpetua a un comandante de campo de 43 años que operaba en Alepo con el nombre de Abu Dib. También era miembro del “Ejército Libre de Siria”, es decir, de la “oposición moderada” al gobierno de Damasco. Había secuestrado y torturado personalmente a varios detenidos, algunos de los cuales murieron. Sin embargo, Alemania le concedió el estatuto de “refugiado político”. Todo iba viento en popa, hasta que una de las víctimas de las torturas reconoció a su verdugo.

El año pasado, un tribunal de Budapest condenó a otro mercenario de la Guerra de Siria, F. Hassan, a cadena perpetua por dos asesinatos públicos, incluida la decapitación de un imán local.

El primer caso de crímenes de guerra contra yihadistas sirios en Holanda fue el del ciudadano holandés Osama Ahlafa, de 24 años, que combatió en las filas del Califato Islámico y del “Ejército Libre de Siria” entre 2014 y 2016. En 2019 un tribunal le condenó a más de 7 años de cárcel por unas fotografías en las que un yihadista posaba felizmente delante de un preso crucificado. En su juicio dijo ante el tribunal que no había participado en el asesinato, pero el hecho mismo de participar en la exhibición del cadáver de un preso fue reconocido como crimen de guerra.

Ahora, en Francia, se está celebrando un juicio contra Majdi Nema, portavoz del grupo yihadista Jaysh Al-Islam (Ejército del Islam), donde utilizaba el apodo de Islam Allush. Fue detenido en enero del año pasado, pero hasta entonces tuvo tiempo de obtener una licenciatura en relaciones internacionales en la Universidad de Provenza, gracias a una beca del programa europeo Erasmus. Los familiares de las víctimas sirias le acusan de participar en torturas, asesinatos, secuestros y reclutamiento de mercenarios.

Hay varios procesos de este tipo en Europa, mientras los medios de comunicación se rasgan las vestiduras como auténticos hipócritas. ¿Cómo han podido entrar en Europa tantos criminales de guerra?, ¿cómo les han concedido el estatuto de refugiados políticos?, ¿cómo han pasado de ser ángeles a ser demonios?

Vladimir Kornilov https://thefrontierpost.com/dutch-terrorist-revealed-the-truth-about-europe/

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