Ante la descarada manipulación de los trotskistas, un poco de historia: Lev Landau

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Hablemos un poco sobre la inocencia de las “victimas” de las represiones estalinistas.

Entendemos, por supuesto, que todo sistema de justicia, sea en el país o régimen que sea, comete errores: por muy ideal que sea el sistema lo aplican personas. Esas personas – policías, investigadores, miembros de inteligencia o contraespionaje, incluso jueces, pueden, en determinados casos, cometer errores o incluso actuar de mala fe movidos por motivos personales como la dejadez, la falta de interés, o lo que es peor, aunque no menos frecuente, por avaricia o motivos políticos. No existe un sistema de justicia en el mundo que sea perfecto, como no podía ser perfecto el sistema de justicia soviético. Mayor cantidad de errores comete un sistema en situaciones complejas, de emergencia, cuando aumenta el número de delitos que se comenten como consecuencia de cataclismos sociales como pueden ser revoluciones, guerras, crisis económicas, etc…

No pretendo afirmar aquí que en la URSS no había personas inocentes cumpliendo condenas de prisión al igual que en cualquier otro país, tanto en la época de Stalin, como antes o después de ella, como en la actualidad.

También estaréis de acuerdo que, como explicaba arriba, en las épocas de crisis el número de delitos y por tanto el número de represaliados crece. Lógicamente, crece y el número de aquellos inocentes a los que el sistema, siempre imperfecto, condena injustamente. Por supuesto, con la agudización de la lucha de clases, aumentan los delitos y aumentan la cantidad de represaliados.

Con todas estas premisas, lo primero, aunque ya se hace cansino, es afirmar: En la URSS no pasó nada fuera de lo común. Esa famosa época de “Gran terror” ni fue tan grande, ni tan terrorífica, como cuentan los lacayos de la burguesía y colaboradores del fascismo, entre los que se encuentran los trotskistas.

En cuanto a los millones de inocentes arrojados a las cárceles, cabe señalar que, según Zemskov, el sistema del Gulag durante el período en cuestión contenía:

El 1 de enero de 1937 – 1196369
El 1 de enero de 1938 – 1881570
El 1 de enero de 1939 – 1672438

Para los anticomunistas está claro que entre los presos soviéticos no había asesinos, violadores, ladrones, timadores, etc. No estaban en la cárcel los carniceros del ejército blanco, los intevencionistas de Antanta… Para la burguesía y los trotskistas todos eran presos político inocentes.

Bueno, en realidad, entre estos represaliados y en estos años, en base al artículo 58 (considerado de delitos políticos) del código penal soviético y similares artículos de códigos penales de las repúblicas, se encontraban el 12,8% (1937), 18,6% (1938) y 34,5% (1939) de los totales indicados. Además, es importante saber que dicho artículo poseía una larga lista de sub-artículos que establecían condenas por espionaje, actos terroristas, sabotaje, etc…

También quiero señalar que la cantidad de presos en la URSS nunca fue significativamente mayor, y la mayor parte de su existencia fue bastante menor, que en los mismos momentos históricos en Europa o Estados Unidos, por ejemplo. De hecho, Estados Unidos, esa cuna de libertad a la que todos deben emular, sigue llevándose la palma al tener entre rejas el 25% de toda la población carcelaria a nivel mundial. Y eso que no tiene ni revoluciones ni guerras en su territorio, y siendo la capital del imperio que expolia al resto del mundo consigue mantener a sus clases oprimidas en condiciones más o menos favorables, les suelta migajas para que no protesten.

Bueno, volvemos a uno de esos “inocentes” represaliados en la URSS de Stalin, Lev Landau.

Un físico brillante, un científico reconocido en todo el mundo y, por supuesto, en la Unión Soviética. Premio Nobel, académico de la Academia de ciencias de la URSS, a finales de los años 30 pasó un año en la cárcel.

Según los místicos de la burguesía y sus fieles chacales, los trotskistas, fue condenado por “espionaje en favor de Alemania nazi” y liberado gracias de las cartas de eminentes científicos Bor y Kapitza a Stalin y Molotov. Nada más lejos de la verdad.

Gracias a que gran parte de documentos secretos de la época hace años están desclasificados, se puede acceder al expediente del caso Landau y conocer así los pormenores, sin caer en la simple imaginación o inventos.

Así sabemos que no aparece en su expediente, ni en la sentencia, nada relacionado con el espionaje, pero sí un panfleto antisoviético que escribieron él y un grupo de sus compinches el 23 de abril de 1938. La idea era distribuir dicho panfleto durante las celebraciones de 1 de mayo, pero el día 28 de abril tanto Landau como sus “amiguitos” fueron arrestados y su plan se fue al traste.

Al principio Landau se negaba a hacer declaraciones, pero ya en julio empezó a cantar. Es importante recalcar aquí que sus declaraciones de ninguna manera se deben a “palizas” o “torturas” que nos cuentan los anti-comunistas. Este hecho está especialmente recalcado en los materiales del caso e incluso en los materiales de su rehabilitación que se produce cuando Beria llega a liderar la NKVD. Incluso los “rehabilitadores” de Gorbachev a finales de los años 80 principios de los 90 reconocen que nunca se le aplicó ninguna medida ilegal a Landau.

Cantaba Landau por otra razón. Por una parte, le delataron sus compinches y, por otra parte, en el panfleto original encontrado aparecen correcciones hechas a mano por él y ese documento forma parte del expediente de su caso.

Veamos qué decía el susodicho panfleto:

¡Camaradas!

La gran causa de la Revolución de Octubre ha sido traicionada. El país está inundado de arroyos de sangre y suciedad. Millones de inocentes son arrojados a las cárceles, y nadie puede saber cuándo les llegará su turno. La economía se desmorona. La hambruna se acerca. ¿No ven, camaradas, que la camarilla estalinista ha cometido un golpe fascista? El socialismo se ha quedado sólo en las páginas de los periódicos finalmente degradados. En su odio rabioso al socialismo real, Stalin ha sido comparado con Hitler y Mussolini. Al destruir el país para mantener su poder, Stalin lo convierte en una presa fácil para el feroz fascismo alemán. La única salida para la clase obrera y todos los trabajadores de nuestro país es una lucha decidida contra el fascismo estalinista y hitleriano, una lucha por el socialismo.

¡Camaradas, organícense! No tengas miedo de los verdugos de la NKVD. Sólo pueden golpear a prisioneros indefensos, atrapar a inocentes desprevenidos, robar la propiedad de la gente e inventar juicios ridículos para conspiraciones inexistentes.
Camaradas, uníos al Partido Obrero Antifascista. Establecer vínculos con su Comité de Moscú.

Organizar grupos ARP en las empresas. Instalar la maquinaria subterránea. Mediante la agitación y la propaganda, preparar el movimiento de masas para el socialismo.

El fascismo estalinista sólo se apoya en nuestra desorganización. El proletariado de nuestro país, que se deshizo del poder del zar y de los capitalistas, podrá deshacerse del dictador fascista y de su camarilla

¡Viva el 1 de mayo, día de lucha por el socialismo!

Comité de Moscú del Partido Obrero Antifascista

Del protocolo de su interrogatorio:

Pregunta: Díganos todas las circunstancias en las que se compiló el folleto contrarrevolucionario.

Respuesta: Durante una de las reuniones con Koretz en mi piso, a mediados de abril de 1938, volvimos a discutir las posibles formas de actuar contra el poder soviético. Koretz dijo que un discurso abierto llamando a la población contra “el régimen de terror llevado a cabo por las autoridades” daría una gran resonancia política, y que tal discurso en forma de folleto estaría convenientemente programado para coincidir con el Primero de Mayo.

Al principio, esta sugerencia me pareció negativa y temí que esa forma de actividad antisoviética fuera demasiado arriesgada. Al mismo tiempo, sin embargo, estaba de acuerdo con Koretz en que una acción política de este tipo causaría una gran impresión y podría tener considerables resultados prácticos.

Koretz defendió su propuesta, argumentando que valía la pena publicar el folleto porque ayudaría a unir a las fuerzas antisoviéticas, porque mostraba que, a pesar de la represión masiva, había y hay una fuerza organizada que se está preparando para derrocar al poder soviético.

Tras acordar, en principio, la elaboración del folleto, nos dispusimos a llevar a cabo este plan…

Pregunta: ¿Cuándo, dónde y en qué circunstancias se escribió el texto del folleto?

Respuesta: Koretz y yo escribimos el texto del folleto, el 23 de abril, en mi piso.

Cuando empezamos a escribir el texto, nos enfrentamos a la pregunta: ¿desde qué posiciones políticas debemos partir y en nombre de qué dirección política debemos dirigirnos a la población?

Koretz desarrolló el siguiente punto de vista, con el que estuve de acuerdo: sería insensato e inútil hablar desde posiciones abiertamente contrarrevolucionarias, abogar directamente “por el orden capitalista”. Esta agitación no podía esperar el más mínimo éxito en el país.

Tampoco tiene sentido escribir un panfleto en nombre de una organización de derecha o trotskista: tanto la derecha como los trotskistas han sido expuestos y desacreditados entre el pueblo como agentes del fascismo, como espías.

Sin embargo, es absolutamente necesario que el folleto salga en nombre de alguna fuerza organizada que se oponga al régimen soviético “desde la izquierda”. Es muy ventajoso dar al folleto un tono exteriormente antifascista, considerando los acontecimientos que se están produciendo en el país -la derrota de la clandestinidad contrarrevolucionaria- como métodos fascistas de gobierno, como resultado de la degeneración fascista de las clases altas soviéticas. De ahí que la consigna de derrocar el poder soviético pueda parecerse a la consigna de salvar al país del peligro fascista.

Así, ante los investigadores aparecía la siguiente imagen: un grupo de personas, monta una asociación ilícita (un partido ilegal), con el fin de conspirar contra el régimen establecido y, además, pasa a la acción redactando un panfleto que promueve el golpe y pretendiendo distribuirlo. ¿Cómo tenía que reaccionar la Justicia? Si además tenemos en cuenta que todo se produce en visperas de la guerra contra una Europa unida bajo los estandartes de Hitler, la respuesta parece más que evidente: ¡A la cárcel!


Ramón Hernández

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