Los ‘expertos’ pasan de las empresas farmacéuticas a la OMS y a las instituciones públicas, y a la inversa

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Inicialmente los nuevos medicamentos y vacunas se introducen en los países del Tercer Mundo en los que los que no hay un control eficaz de la seguridad de los fármacos. Si hay algún efecto adverso importante, importa menos que las consecuencias recaigan sobre los pobres y los explotados de este mundo.

Para las multinacionales que los diseñan es importante analizar la información sobre los nuevos fármacos que se han obtenido en esos países donde los sistemas sanitarios carecen de las herramientas, la formación y la capacidad necesarias para controlar la seguridad.

Aunque se ha avanzado mucho y muchos países del Tercer Mundo son ahora miembros del Programa Internacional de Vigilancia de Medicamentos de la Organización Mundial de la Salud, la experiencia en la evaluación de los datos de reacciones adversas, así como en la planificación de la gestión de riesgos, es limitada.

Sin un control eficaz, los programas de salud pública corren peligro en los países más desarrollados y los pacientes ricos pueden verse afectados si sufren reacciones adversas a unos medicamentos mal diseñados y probados. Pueden socavar el programa y conducir a un descenso de la confianza en los fármacos y vacunas.

Por ello la OMS y la Fundación Gates han puesto en marcha el Proyecto de Vigilancia Inteligente de la Seguridad, también conocido como Proyecto Triple S, para mejorar el control de los experimentos farmacológicos en los países del Tercer Mundo.

Se trata de un plan de tres años de duración, durante los cuales está previsto realizar tres ejercicios piloto en diferentes países del Tercer Mundo para evaluar adecuadamente los riesgos asociados a los nuevos fármacos y vacunas.

La MHRA, el instituto británico que autoriza los medicamentos y mercancías sanitarias del Reino Unido, se ha unido a la iniciativa para aportar su experiencia. El doctor Ian Hudson, director ejecutivo de la MHRA, ha declarado: “Estamos encantados de participar en una iniciativa mundial tan importante. Los nuevos medicamentos y vacunas se comercializan por primera vez en el marco de programas de salud pública, en contextos en los que es necesario reforzar los sistemas de control de la seguridad y de regulación. La experiencia que podemos aportar al proyecto ayudará a los centros nacionales de control de la seguridad a identificar rápidamente los riesgos y los beneficios y a tomar las medidas reglamentarias adecuadas para apoyar la salud mundial”.

El doctor Dan Hartman, de la Fundación Gates, añadió: “El Proyecto Triple S es de vital importancia para el éxito de los programas de salud pública destinados a combatir algunas de las principales enfermedades del mundo. Cuando se utiliza un nuevo fármaco o vacuna, es esencial que los riesgos potenciales se identifiquen pronto y se comprendan. La participación del MHRA en este proyecto contribuirá a desarrollar los conocimientos científicos y normativos de los centros nacionales”.

La OMS, la Fundación Gates y la MHRA, es decir, lo público y lo privado aparecen estrechamente imbricados en el mercado de la salud. La Fundación Gates posee un importante paquete de acciones de la multinacional farmacéutica Pfizer, y la OMS y la MHRA son quienes tienen que autorizarlos.

Esa unidad no sólo se produce a escala empresarial, sino también personal: los “expertos” pasan de la empresa privada a la OMS o a la MHRA sin solución de continuidad, y a la inversa. Todo queda en familia. Son los mismos perros con diferentes collares. No tienen que romperse la cabeza para promover un mismo mensaje.

Fuente: mpr21.info

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