La CIA ha dejado a sus peones en Afganistán para que la ‘lucha contra el terrorismo’ no se acabe nunca

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Los autores del atentado de Kabul, que operan bajo la denominación de Jorasan, son el Califato Islámico en Afganistán y toman el nombre de la provincia homónima. Surgieron en Pakistán, con el apoyo de la CIA y el propio gobierno afgano ahora derrocado.

Desde 2010 se asentaron en los distritos del sureste de Nangarhar, en las montañas de Spin Ghar y en la frontera con las tribus del lado paquistaní de la Línea Durand. Antes de unirse al Califato Islámico, operaron bajo diferentes marcas, principalmente TTP (Tehrik-e-Taliban Pakistan), un movimiento que fue perdiendo fuelle. El TTP contaba con el apoyo de RAW, el servicio de inteligencia indio, para desestabilizar Pakistán.

El gobierno afgano también comenzó a apoyar a este movimiento. Les permitieron circular libremente por la provincia y buscar tratamiento médico en los hospitales públicos (1).

Pakistán apoyaba a los talibanes y Afganistán (junto con India) a Jorasan, es decir, al Califato Islámico. Ahora bien, detrás del gobierno afgano y su servicio secreto NDS, quien operaba era la CIA. Incluso el presidente afgano, Hamid Karzai, calificó a Jorasan como “herramienta de Estados Unidos”.

Desde 2001 el máximo dirigente del NDS era Amrullah Saleh que, a su vez, había ocupado el mismo cargo en la Alianza del Norte y había sido entrenado por la CIA en Estados Unidos. Como ya hemos explicado en entradas anteriores, la CIA evacuó en helicóptero a los dirigentes del Califato Islámico de Irak y Siria y los trasladó a Nangarhar para reforzar las filas de Jorasan.

Una vez en Afganistán, el movimiento comenzó a atacar al gobierno afgano, por lo que el ejército estadounidense tuvo que intervenir en su contra. No obstante, sobre el terreno el grueso de la lucha en su contra fue llevada a cabo principalmente por los talibanes, que recibieron el apoyo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (2).

Las operaciones de los talibanes lograron impedir la expansión de Jorasan en el este de Afganistán. Renunciaron a ampliar su territorio y recurrieron a ataques suicidas contra objetivos en Kabul. En mayo de este año, por ejemplo, un coche bomba frente a una escuela de niños hazaras (chiítas) en Kabul mató a más de 90 personas, la mayoría de ellos de muy corta edad (3).

La CIA y el NDS formaron unidades especiales distribuidos en varios batallones (NDS-01 a 04), así como la Fuerza de Seguridad Jost (KPF). Estos escuadrones de la muerte tenían el apoyo aéreo de la CIA.

Desde 2018 la CIA participó en un programa para asaesinar o capturar a los dirigentes talibanes, con el nombre en clave de Ansof, y antes Omega (4). El personal de la CIA se complementaba con personal asignado del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos.

A mediados del año pasado, Human Rights Watch afirmó que “las fuerzas de ataque afganas respaldadas por la CIA” habían cometido crímenes de guerra. “Estas fuerzas de ataque han matado ilegalmente a civiles en incursiones nocturnas, han sacado por la fuerza a detenidos y han atacado instalaciones sanitarias que supuestamente atendían a insurgentes. Las víctimas civiles de estas incursiones y operaciones aéreas han aumentado drásticamente en los últimos dos años”, decía la ONG (5).

Después de que los talibanes tomaran Kabul, la CIA tenía que acabar con su programa de asesinatos selectivos y perder el control de gran parte de su actividad en Afganistán, que comprende el tráfico de drogas.

Al caer Kabul, al menos una de la brigadas afganas, unos 600 mercenarios, recibieron la orden de custodiar el aeropuerto de Kabul. Se encargaban de los accesos y las torres de vigilancia (6). El plan era que los escuadrones de la muerte del NDS fueran de los últimos en abandonar el país durante la evacuación, sirviendo de retaguardia antes de ser trasladados en avión.

Otras unidades, incluida la Fuerza de Seguridad Jost, se dirigieron al valle de Panshir, donde se está formando una nueva Alianza del Norte, dirigida por Amrullah Saleh y Ahmad Massud. Los talibanes están tratando de localizarlos.

Antes del atentado del aeropuerto de Kabul, los talibanes advirtieron a Estados Unidos de un inminente ataque de Jorasan, pero el ejército no tomó precauciones. La mayor parte de las víctimas no fueron causadas por ningún terrorista suicida, sino por las tropas afganas que custodiaban el muro y las torres de vigilancia del aeropuerto (7). Tenían heridas de bala en la parte superior del cuerpo y las balas venían de las alturas.

El Pentágono reconoció públicamente la posibilidad de que algunas de las personas que murieron en el exterior del aeropuerto pudieran haber sido acribilladas por las tropas afganas a las que habían encomendado la custodia del aeropuerto.

Un día después del ataque, la CIA mató a un supuesto dirigente de Jorasan en Jalalabad que no tenía nada que ver con el atentado. La afirmación de que se trataba de un misil “Flying Ginsu”, que no contiene explosivos, no es coherente con los daños causados por la metralla que se observan en las grabaciones de vídeo.

El New York Times descubre ahora lo que ya anunciamos hace semanas: “En medio del caos afgano, una misión de la CIA persistirá durante años” (8). A medida que la guerra afgana se acercaba a su fin, dice el periódico, la CIA esperaba que su preocupación principal se alejara gradualmente de la lucha contra el terrorismo -una misión que durante dos décadas ha transformado a la central en una organización paramilitar centrada en la caza del hombre y los asesinatos- para pasar al espionaje tradicional contra China y Rusia.

Es como una vuelta al 11-S, a lo mismo de siempre: “Afganistán podría arrastrar a la CIA a una compleja misión antiterrorista durante años”, concluye el periódico. La CIA crea el terrorismo y luego se encarga de “luchar” para que se acabe.

Ni Estados Unidos, ni mucho menos la CIA, se retiran de Afganistán. Lo veremos dentro de muy poco. “Cualquier ataque terrorista desde Afganistán expondría a Biden a fuertes críticas de sus oponentes políticos por su decisión de retirar las tropas estadounidenses del país, otro factor que podría llevar a una intensa presión de la Casa Blanca sobre las agencias de espionaje para que se centren en Afganistán”.

(1) https://www.afghanistan-analysts.org/en/reports/war-and-peace/the-islamic-state-in-khorasan-how-it-began-and-where-it-stands-now-in-nangarhar/
(2) https://www.washingtonpost.com/outlook/2020/10/22/taliban-isis-drones-afghanistan/
(3) https://en.wikipedia.org/wiki/2021_Kabul_school_bombing
(4) https://www.politico.com/story/2018/07/24/afghanistan-defense-cia-operation-704929
(5) https://www.hrw.org/news/2019/10/31/afghanistan-cia-backed-forces-commit-atrocities
(6) https://www.nytimes.com/2021/08/20/world/asia/afghans-are-aiding-americans-in-keeping-the-tumult-outside-from-swamping-the-airport.html
(7) https://www.nytimes.com/2021/08/28/world/asia/afghanistan-evacuations.html
(8) https://www.nytimes.com/2021/08/27/us/politics/cia-afghanistan.html

Fuente: mpr21.info
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