El antifascismo no son cuatro chavales con cresta pegándose

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Alan Herchhoren.— El pasado 9 de octubre, Emilio Silva el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ofrecía una visita guiada por el Cementerio Civil de Guadalajara donde la asociación estaba realizando unos trabajos de exhumación de varios antifascistas asesinados.

La frase que se emplea como título de este artículo, la pronunció el mismo Silva en la visita guiada. Lo dice a un mes de que se cumpla el 14 aniversario del asesinato del joven de 16 años Carlos Javier Palomino por parte de un militar neonazi afiliado al partido Democracia Nacional (DN); y cuatro días después de que se cumplan 30 años del asesinato de Sonia Rescalvo, una transexual asesinada a golpes por varios neonazis en Barcelona.

Pero, ¿cuál es el problema de que haya jóvenes que persigan a neonazis y fascistas?

Escribo este artículo desde lo más profundo de mi ser. Soy nieto de una señora que fue rapada y vejada en su pueblo, porque sus padres y hermanos se habían afiliado a las organizaciones del Frente Popular. Una señora que se fue a la tumba sin saber dónde se encontraba su hermano asesinado en el frente de Córdoba. Sus nietos hemos querido continuar su estela. A consecuencia de ello, hemos sufrido agresiones por parte de neonazis, hemos sufrido ataques, seguimientos y detenciones policiales, etc.

Como mi caso, los de miles de hijos y nietos de trabajadores represaliados por el fascismo. Miles que hemos decidido continuar con el legado de nuestros abuelos. Por continuar con esa memoria, hemos sido represaliados y, algunos por ello, sufren la prisión en sus carnes.

Pero somos idiotas. Imbéciles que no sabemos lo qué es el antifascismo y que hemos puesto nuestros cuerpos contra el fascismo de manera gratuita y errónea. No tenemos ni idea.

Pero las intervenciones del sr. Silva no se quedan ahí.

En enero de este año, cuando Pablo Iglesias se atrevió a comparar el exilio republicano con el exilio del president Puigdemont recibió numerosas críticas de personalidades del mundo de la Memoria Histórica. Una de ellas, fue Emilio Silva que le recordó a Iglesias que: “Cualquier comparación entre el Estado del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos es desafortunada. La violencia del franquismo no se debe relativizar porque asesinó física y civilmente a millones de personas”

El Estado del que se fue Puigdemont es el mismo estado donde miembros de la Guardia Civil y el Ejército meten «burundanga» en la bebida de una chica para después violarla. El mismo estado del que tuvieron que huir miles de antifascistas por la represión de individuos que, en aquel entonces, no necesitaban burundanga: violaban con fusil, sotana, tricornio o uniforme de falangista.

Pero en ese mismo estado, hay jóvenes que ponen su cuerpo para evitar que individuos como éstos sigan existiendo. Nietos de los que fueron condenados al olvido. Esos jóvenes que no tienen ni idea de antifascismo y que para el presidente de la ARMH no son antifascistas.

Para Emilio Silva, presidente de una asociación que pretende recuperar la memoria de los asesinados por el fascismo; Carlos Palomino de 16 años, que fue asesinado en 2007 por un militar neonazi cuando acudía a una manifestación antirracista: no era un antifascista.

Entonces, ¿qué era Carlos Palomino?, ¿por qué lo mataron?, ¿lo mataron en una pelea de bandas como acostumbran a decir muchos?

Lógica peligrosa. Porque según la afirmación del sr. Silva podemos llegar a pensar que en la democracia actual no hay víctimas del fascismo. Que vivimos en una democracia imperfecta sí, pero democracia. Que los fascistas son cosas del pasado y los que hay ahora son trasnochados, nostálgicos.

Por esa regla de tres, como en España no hay fascistas, los chavales con cresta que han puesto su cuerpo durante los últimos años no son antifascistas y Puigdemont, nada tiene que ver con el exilio republicano: porque España es una democracia. Imperfecta sí, pero democracia. Nada más lejos de la realidad.

Cuando un joven es asesinado en A Coruña por su tendencia sexual, cuando una joven es violada por cinco energúmenos, cuando un inmigrante recibe una brutal paliza o cuando una familia va a ser desahuciada por el fondo buitre de los que son dueños los oligarcas de este país, a quien vemos en esas manifestaciones es a esos jóvenes con cresta. Donde también vemos a policias armados con banderas franquistas en sus furgonetas, pegatinas en sus pistolas, tatuajes, etc. Vemos a antifascistas con cresta y a fascistas uniformados. Lo que no vemos es a antifascistas como Emilio Silva.

 

Pero si nuestros compañeros asesinados por el fascismo no son antifascistas: ¿qué son?

Fuente: mpr21.info

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