Rendición y evacuación

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Roto el bloqueo, abiertos los canales de comunicación e iniciado el proceso, la evacuación de los soldados ucranianos que durante semanas han permanecido en la acería Azovstal sitiados por las fuerzas rusas y de la República Popular de Donetsk se ha acelerado en las últimas horas. Lo que en un principio pudo parecer únicamente la evacuación de combatientes heridos de gravedad -es así como Ucrania quiso presentarlo y como se reflejó durante las primeras horas en la prensa occidental- era en realidad la rendición final de esos más de 2000 miembros del Ejército Ucraniano, el regimiento Azov, la Guardia de Fronteras y la Policía. El lunes por la noche, horas después de que fuera el comandante del regimiento Azov, Denis Prokopenko, quien anunciara que la misión de la guarnición de Mariupol se había completado, Volodymyr Zelensky anunciaba en un breve vídeo publicado en las redes sociales la evacuación. Ucrania había tardado prácticamente doce horas en lograr determinar cuál sería el discurso que presentaría ante los medios para justificar el final de la presencia militar ucraniana en Mariupol, y con ello en toda la costa del mar de Azov.

 

El martes por la mañana, cuando las imágenes tomadas sobre el terreno -fundamentalmente por la prensa rusa, pero también por la agencia Reuters- mostraban el traslado de soldados tanto heridos como sanos, la prensa occidental en pleno anunciaba que Ucrania evacúa a los defensores de Azovstal. A ello se añadían los titulares que señalaban que Ucrania daba por concluida la misión en Mariupol, un intento de dar un papel activo en la toma de una decisión que se ha precipitado, no por una misión cumplida sino por la falta de agua potable, alimentos y medicamentos para los soldados, sitiados y sin posibilidad de recibir suministros.

En las primeras horas, los medios ucranianos más cercanos al Gobierno, como el Kyiv Independent, especialmente sus periodistas más conocidos, negaban abiertamente que se hubiera producido una rendición. El relato ucraniano, repetido por la prensa sin poner en duda la versión, pasa por alegar un acuerdo de intercambio de los soldados sitiados en Azovstal, los defensores de Mariupol (pese a que hace semanas que su capacidad de defensa se limitaba a la protección que les suministraba la fábricas de diseño y construcción soviética) por soldados rusos capturados por Ucrania.

El objetivo de Ucrania era, según explicó Zelensky, salvar las vidas de los “héroes de Ucrania”. Como había afirmado horas antes Prokopenko -él sí, oficialmente Héroe de Ucrania- Kiev ha recibido armas de sus socios occidentales, pero precisa de los militares para utilizarlas. Algunos medios de comunicación, como el español La Vanguardia, por ejemplo, han seguido tan al pie de la letra la narrativa de Kiev que han calificado la evacuación de victoria moral de Ucrania.

El discurso oficial de Ucrania, y es significativo que fuera Prokopenko y no Zelensky quien lo marcara inicialmente, pasa ahora por alegar que la resistencia de Azovstal ha supuesto un punto de inflexión en la guerra, ya que, según afirmó Oleskiy Arestovich, ha impedido a las tropas rusas capturar la ciudad de Zaporozhie. Poco importa que gran parte del contingente de Mariupol fuera trasladado hace prácticamente un mes, cuando terminó realmente la batalla, y que fueran enviadas, no hacia Zaporozhie, objetivo que no se encuentra entre las prioridades actualmente, sino a la zona de Popasnaya, Lisichansk y Severodonetsk en Lugansk o Avdeevka en Donetsk.

Con el apoyo de la prensa, Ucrania intenta oscurecer la realidad de la rendición -sea incondicional como afirmó Dmitry Polyansky en la ONU o pactada en vistas de un intercambio de prisioneros-, realizada exactamente en los términos planteados hace semanas por Vladimir Putin: no ha habido un corredor humanitario que dejara marchar a los soldados o una extracción a un tercer país como exigía Ucrania (aunque las autoridades de Kiev buscan que la negociación, por mediación de países como Turquía, se encamine en esa dirección). En lugar de eso, los soldados ucranianos, desarmados y cacheados por soldados rusos, han tenido que atravesar un corredor para subirse a autobuses marcados con una Z, símbolo de la operación militar especial rusa, para ser trasladados a territorio controlado por la RPD. En las primeras horas, los soldados heridos han sido trasladados al hospital de Novoazovsk, mientras que el resto ha sido trasladado a Elenovka, hasta hace unas semanas frontera entre el territorio de la República Popular de Donetsk y Ucrania o, según la BBC, a Rostov y Taganrog en Rusia.

A pesar de ello, y de las imágenes que lo prueban, medios tan importantes como The New York Times tardaron más de 24 horas en admitir que los soldados ucranianos son, en la práctica, prisioneros de guerra. Y pese a las evidencias, el segundo mensaje de Zelensky para referirse a la situación buscaba una vez más dar un papel activo a Ucrania en una cuestión en la que se encuentra a merced de la decisión de las autoridades rusas, que serán quienes decidan qué soldados pueden ser intercambiados y si en esas listas pueden ser incluidos los miembros del regimiento Azov, prohibido en Rusia y considerado neonazi (como lo fuera también en algún momento de los últimos ocho años en otros países como Japón o Estados Unidos). En su breve mensaje del martes por la noche, Zelensky llegó a afirmar que la operación está siendo liderada por los militares y la inteligencia ucraniana.

Con escasas comparecencias de oficiales ucranianos habitualmente mucho más habladores, Ucrania ha optado por mantener al máximo el silencio, no solo para no perjudicar el relato informativo, sino para no dañar su posición en la negociación por el intercambio enfadando a Rusia. Kiev es consciente de su situación de debilidad. Ha comenzado ya un debate social y político en Rusia sobre si el país debe siquiera plantearse el intercambio de soldados (no heridos) del regimiento Azov. Esa postura se ha mostrado ya en la Duma y a ella se han sumado figuras importantes como el líder de Crimea Sergey Aksionov. La delicada postura de Ucrania en este asunto se debe, además, a la desproporción en el número de prisioneros de guerra. Tan solo en Mariupol, se han entregado a las tropas rusas casi 1500 soldados de la 36ª Brigada además de los más de 2000 sitiados en Azovstal. Aunque Ucrania no ha dado cifras concretas sobre el número de soldados rusos y de las Repúblicas Populares en su poder, se conoce que la cifra es muy inferior a la cantidad de soldados ucranianos en manos de Rusia, la RPD y la RPL.

Al margen de posibles negociaciones entre Kiev y Moscú, el proceso de rendición y evacuación de los solados de Azovstal continúa. La tarde del miércoles, las autoridades rusas y de la RPD informaban de que se habían entregado ya 969 soldados, 80 de ellos heridos, 55 de ellos de gravedad. Al final de la jornada, Alexander Jodakovsky, comandante del batallón Vostok, afirmó que 785 soldados se habían entregado el miércoles, por lo que el proceso continúa y se está acelerando. Jodakovsky precisó también que, antes de abandonar el recinto, los soldados destruyen sus teléfonos, tablets y ordenadores portátiles. Conscientes del diferente estatus que para Rusia y la RPD tiene el regimiento Azov, los soldados se retiran también esas insignias.

La lucha en Azovstal, que como afirmó ayer Denis Pushilin no será reconstruida, ha terminado, aunque aún no ha terminado la evacuación. El líder de la RPD explicó también que entre ese primer millar de soldados evacuados no se encontraba ningún oficial de alto rango, ni Denis Prokopenko, ni Svyatoslav Palamar ni Serhiy Volina habían emergido de momento del subsuelo de la acería propiedad de Rinat Ajmetov. Aunque aún por confirmar, el corresponsal de Komsomolskaya Pravda Dmitry Steshin, que se encuentra sobre el terreno, afirmó que Svyatoslav Palamar, Kalina, podría haberse entregado al batallón Vostok la noche del miércoles.

2 COMENTARIOS

  1. Si esto es como contáis francamente es vergonzoso lo que Occidente está vendiendo y diciendo…
    Demasiado coherente está siendo Putin entre tanto buitre.
    Y aunque Putin no se libraría de mis críticas, me parece irrisoria la figura de Zelenski.
    Y muy preocupante cómo se está aceptando la guerra, mezclada con Eurovisión y con tanta ridiculez por parte de los europeos.
    Vergüenza ajena es lo que siento.
    Y mucha pena por ver cómo este mundo se va a la mierda .

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