Llega toda una época de carestía y privaciones

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El FMI ha rebajado su previsión de crecimiento mundial para el año que viene al 3,6 por cien y antes de acabe el año volverá a reducirla aún más. No es una situación transitoria. La agencia Bloomberg asegura que llega toda una época que califica de “carestía”. Los partidarios del decrecimiento deben estar de enhorabuena; los que van a padecer el hambre, lo van a lamentar.

 

La era de la escasez, asegura Bloomberg, comienza con 1,6 billones de dólares de pérdidas para la economía mundial, agravados por la declaración de pandemia, las sancionnes económicas a Rusia y el confinamiento en China, que están interrumpiendo las cadenas de suministro, golpeando el crecimiento y empujando la inflación a máximos en cuarenta años.

Los lazos que unen la economía global y proporcionan bienes en abundancia en todo el mundo se están deshaciendo a un ritmo aterrador. El mercado mundial vuelve a los niveles anteriores a la Organización Mundial del Comercio (OMC). “La fragmentación continuará”, afirma Robert Koopman, economista jefe de la OMC.

Durante tres décadas el capitalismo se ha caracterizado por su capacidad de producir más y más bienes a precios cada vez más bajos, pero los últimos cuatro años han traído una serie creciente de perturbaciones. Los aranceles han aumentado durante la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La pandemia ha provocado bloqueos. Ahora, las sanciones y los controles a la exportación están interrumpiendo el suministro de productos básicos y otras mercancias, lo que podría enfrentar a las economías avanzadas a un problema que creían haber superado hace tiempo: la escasez. Los países emergentes podrían enfrentarse a amenazas más graves para la seguridad energética y alimentaria, como las que ya están provocando disturbios en países desde Sri Lanka hasta Perú. Y todo el mundo tendrá que lidiar con el aumento de los precios.

En 1983 los flujos comerciales sujetos a prohibiciones de exportación o importación representaban sólo un 0,3 por cien del producto interior bruto mundial. En 2019 esa cuota se ha multiplicado por más de cinco. Los embargos generalizados provocados por la Guerra de Ucrania y los esfuerzos de los países por asegurar sus propios suministros prohibiendo las ventas al exterior -como la reciente prohibición de la India a las exportaciones de trigo- han hecho que esa cifra sea aún mayor.

El confinamiento en China ha puesto en riesgo cientos de miles de millones de dólares en exportaciones y ha interrumpido las cadenas de suministro de multinacionales, como Apple y Tesla.

La guerra comercial ha hecho que los aranceles estadounidenses a las mercancías chinas hayan pasado del 3 por cien a cerca del 15 por cien durante el gobierno de Trump.

Como es típico, Bloomberg divide el mundo en países democráticos (“nosotros”) y autocráticos (los que se oponen a “nosotros”) y calcula el intercambio de mercancías entre ambas partes en 6 billones de dólares, lo que equivale al 7 por cien del PIB mundial. La subida de los aranceles hará que el comercio internacional se reduzca en un 20 por cien, retrocediendo a su nivel de finales de los noventa, antes de que China entrara en la OMC, como porcentaje del PIB.

El capitalismo va a perder gran parte de la productividad asociada al comercio internacional. A largo plazo, la fragmentación del mercado mundial dejará al mundo un 3,5 por cien más pobre que si el comercio se estabilizara en su actual cuota de producción, y un 15 por cien más pobre en comparación con un escenario de relaciones mundiales más fuertes.

Un 7 por cien más de las relaciones comerciales existentes se desplazará hacia “el bloque que se opone a nosotros”. Eso significará que las fábricas que elaboran productos para los mercados estadounidenses se trasladarían de China a, por ejemplo, India o México.

La crisis afectará, sobre todo, al dominio de las grandes potencias occidentales sobre el mundo. En 1983, cuando Ronald Reagan calificó a la Unión Soviética como “el imperio del mal”, el bloque que se opone a “nosotros” representaba alrededor del 20 por cien del PIB mundial. Este año ese porcentaje habrá aumentado al 34 por cien y en los próximos años será aún mayor. Pero la transición llevará tiempo y causará graves cuellos de botella por el camino, preparando el terreno para un período de inflación alta y volátil.

La amenaza para el capitalismo en Estados Unidos y Europa no se limita a las repercusiones del confinamiento en China, ni a la reacción de sus propias sanciones contra Rusia. También podrían sufrir represalias directas.

La prohibición impuesta por China en 2010 a la venta de tierras raras a Japón, elementos esenciales para la fabricación de todo tipo de productos, desde teléfonos inteligentes a baterías de coches eléctricos, ilustra que los controles a las exportaciones pueden ser utilizados por ambas partes. El corte del gas de Rusia a Polonia y Bulgaria es otro. Si Putin va más allá y corta también el suministro a Alemania, Francia e Italia, pondría en peligro el 40 por cien del abastecimiento de la Unión Europea, lo que haría que el bloque europeo entrara en una profunda recesión.

Fuente: mpr21.info
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1 COMENTARIO

  1. El capitalismo ya estaba dando coletazos hace tiempo por injusto y falto de escrúpulos.
    Tocaba Decrecer serenamente.
    Toca volver al origen. A la naturaleza.
    Al campo, que está abandonado con todas sus riquezas esperando. Aunque el Cambio climático va a provocar más refugiados.
    No tengo ninguna esperanza en la “nteligencia” humana porque no es inteligencia, es torpeza.
    Y la humanidad de estos jóvenes, criados con pecho capitalista, está llena de aburrimiento y desconcierto.
    Me voy a la huerta……

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