Elecciones bajo asedio recolonizador

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Washington tiene un manual de normas y procedimientos para frenar revoluciones sociales en América, como ahora, la Bolivariana

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Laura Mercedes Giráldez (Granma) Caracas, Venezuela.–Decidido a pagar el precio de caminar con pasos propios, el pueblo venezolano se ha convertido en una suerte de rompeolas ante el asedio del imperialismo.

El cerco multiforme de la Casa Blanca sobre la soberanía de América Latina no cesa en su afán de tutelar la vida de este país; lo que intentan castigar es la amenaza del ejemplo, con fórmulas ya usadas en otros tiempos y otros países.

La posibilidad real –este 28 de julio– de una victoria popular en la tierra sudamericana, les aterra. Entonces no pierden tiempo y se asocian a lacayos locales y mercenarios colombianos, para asestar, desde disímiles ángulos, su ataque contra el Gobierno Bolivariano.

En el primer semestre del año han sido frustrados varios intentos de desestabilización y tentativas de magnicidio en Venezuela.

Se demostró, además, la financiación, por un lobista estadounidense, de la campaña primaria de María Corina Machado, así como una presunta ofensiva armada protagonizada por mercenarios vinculados a la Operación Gedeón, y dirigidos desde EE. UU., que, según el prófugo de la justicia, Mario Iván Carratú Molina, forma milicias con el fin de atacar este país.

Recientemente, el mandatario Nicolás Maduro explicó que «el imperio y sus sicarios criminales, Iván Duque y Álvaro Uribe, han contratado a narcotraficantes venezolanos y colombianos, y los han metido en Venezuela para tratar de hacernos daño».

Duque y Uribe, ambos expresidentes, también están involucrados, junto a «la CIA y una coalición de medios de comunicación y políticos colombianos», en la difusión de información falsa, y en el fomento de la violencia contra el actual Gobierno Bolivariano.

Así lo denunció el fiscal general de la República, Tarek William Saab, quien develó la participación del periodista Orlando Avendaño en la incitación al odio y al llamado a la insurrección.

«Lo que María Corina está construyendo trasciende lo electoral. El ánimo en torno a ella es insurreccional. Así debe encausarse. Para que haya elecciones libres, no toca pedirlas ni buscarlas, sino imponerlas», publicó Avendaño.

Pero, ¿qué significaría que la ultraderecha local intente imponerse en los venideros comicios presidenciales?

Ya los venezolanos tienen experiencia al respecto. En más de 25 años de Revolución, el sector más reaccionario de la oposición –bajo el amparo estadounidense– ha intentado desconocer los resultados de las elecciones y ha incitado a la violencia entre el propio pueblo.

De ocurrir, podríamos presagiar guarimbas; sabotajes eléctricos; intentos de asesinato a líderes populares y del Gobierno; tentativas de golpe de Estado e invasión; robo de armas en unidades militares; desabastecimiento de combustible, alimentos y otros recursos. Se repetiría la historia, por enésima vez.

Cuando la unidad interna de una nación es débil y las voces resentidas son las que deciden, resulta más fácil asediarla, atacarla, poseerla.

Pero lo interesante está en que a quién que le interesa la inestabilidad del país con las mayores reservas de petróleo y riquezas naturales a lo largo y ancho de su espacio geográfico, es al mismo que consiente regímenes neonazis, promueve guerras, apoya golpes de Estado y respalda la instauración de gobiernos autoritarios y dictaduras.

Washington tiene un manual de normas y procedimientos para frenar revoluciones sociales en América, como ahora, la Bolivariana. Queda en manos del pueblo la decisión de elegir su camino hacia el futuro.

Fuente: granma.cu

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