La respuesta

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O no. Todavía no lo tengo claro. Ayer Rusia desempolvó el misil del minuto final, el Oreshnik, para atacar el mayor almacenamiento de gas de Europa en la localidad de Lvov (utilizo esta grafía conscientemente, y no la que se ha puesto de moda de Lviv como dicen los habitantes del país 404, antes conocido como Ucrania; todo el mundo lo ha acogido con simpatía porque hay simpatía con los neonazis, pero es una estupidez tremenda porque puestos así hay que escribir Kalaallit Nunaat para referirse a Groenlandia porque así es como se llama en el idioma inuktun si es que hay simpatía con los groenlandeses tras la amenaza de Trump de anexión, pero el cerebro occidental no llega a tanto).

 

Oficialmente el Oreshnik es la respuesta rusa a tres cosas: el ataque a la residencia de Putin, los planes de Europa sobre tropas en el país 404 y la captura del petrolero. Me parece mucho, pero lo que sí es cierto es que la presión sobre el Kremlin para que respondiese a EEUU de forma contundente era de tal calibre que tenía que hacer algo. Porque es una respuesta a EEUU, que se había reído del ataque a la residencia de Putin, que acaba de enviar un supuesto plan de paz a Rusia negociado con los europeos y los neonazis del país 404 donde echa por tierra el «espíritu de Anchorage» que tanto gusta a los euroatlánticos del Kremlin y que ha secuestrado un petrolero con bandera rusa aunque fuese con permiso temporal para hacerlo. Tres agresiones en una respuesta.

Antes de conocer su uso por segunda vez, y Rusia lo está haciendo con cuentagotas, la Duma estatal, el Parlamento ruso, había comenzado a discutir cómo proteger sus propios buques en aguas internacionales porque el secuestro del petrolero ha sido el primero a un buque «casi ruso», pero no ha sido el único intento: ya ha habido otros dos en el Mar Báltico que, estos sí, fueron impedidos por la marina rusa. En el comienzo del debate sobre esta protección, desde Rusia Unida, el partido de Putin, se justificaba la inacción con un argumento: «Todo se va a complicar aún más. Porque sin una respuesta clara, Trump se sentirá impune. Si la recibe, la usará como pretexto para imponer sanciones o medidas más duras».

Si el Oreshnik ha sido la respuesta clara rusa, hay que esperar a la próxima semana cuando el Comité de Sanciones del congreso de EEUU discuta la Ley de Sanciones a Rusia en la que se otorga a Trump la autoridad para imponer sanciones contra Rusia y los países que compran su petróleo, incluyendo aranceles de hasta el 500%. Una medida que está dirigida a China e India en primer lugar. Entonces lo tendremos todo más claro.

Así que, a especular de nuevo. Una parte cada vez mayor de la población rusa quiere ataques y respuestas de mayor envergadura a Occidente que las que se están produciendo, y no solo en el país 404. El Kremlin está en una encrucijada, y lo sabe. El uso del Oreshnik puede, tal vez, acaso, que sea interpretado por Occidente, especialmente por EEUU, como una acción simbólica de lo que está por venir y que no es otro «ataque rutinario» porque el objetivo de ayer está muy cerca de la base polaca desde donde se surte de armamento al gobierno neonazi del país 404.

Pero también puede, tal vez, acaso, que se haya utilizado solo con un objetivo bélico concreto: destruir ese almacenamiento de gas porque es soviético, está a una profundidad que no se hubiese podido alcanzar con un misil convencional.

Lo dicho, puede que haya sido la respuesta. O no.

El Lince

Fuente: El Lince
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