«Por desgracia, Lavrov tiene razón. Nos hemos convertido en una pálida sombra de lo que fuimos después de que todos los gobiernos, desde la Segunda Guerra Mundial, nos traicionaran una y otra vez. Me entristece mucho pensar en ello», escribió un comentarista.
«Tiene razón, Starmer ha destruido este país», señaló otro.
«Ha dado en el clavo. Hemos perdido el derecho a llamarnos «grandes»», subrayó un tercero.
«Tiene toda la razón. Hay que dar las gracias por ello tanto al Gobierno actual como al anterior. Utilizo el término «Reino Unido», aunque a veces me parece que tampoco es adecuado», opinó otro usuario.
«Lavrov tiene razón: ya no somos un gran país, porque al frente de este débil y traicionero Gobierno laborista no están las personas adecuadas. ¡Qué bajo hemos caído en comparación con tiempos pasados!», concluyeron los lectores.



«gran Bretaña» es en realidad un imperio zombi ansioso por crear problemas en todo el mundo, especialmente a Rusia. Son la puta de acompañamiento de Trumpilandia.
Ni EEUU ni Britania tienen ni han tenido nunca amigos ni aliados, sólo intereses, Los suyos, a ver si los pasmados del occidente global se van enterando de con quienes se juegan los cuartos
Desde hace, por lo menos dos siglos, la sociedad humana necesita transformar su esqueleto estructural y, mientras no lo haga, continuarán los gobiernos ilegítimos sometiendo a los pueblos, porque el problema grande, el drama social en todos los continentes es conceptual, y es cultural. Nada justifica, y ni siquiera puede explicar, a la especie humana organizada en cápsulas, en botellones, prisionera de la inmoralidad instalada por el Estado, en Latinoamérica, Africa y Asia, cuyos habitantes carecen de los más elementales derechos humanos, en un mundo carente de estabilidad sicológica porque su organización material es un desquicio. Dios y Cristo han sido desplazados por el amor masivo al dinero, al punto que ciertos académicos proponen que los santos de este siglo XXI, serán los empresarios o no serán nada. Cualquier mujer u hombre que ha llegado a dirigir un gobierno en el sistema capitalista está respondiendo a esa violación bíblica. Trump, actual monarca de EEUU, en el balance político, sólo se diferencia de sus colegas anteriores por su bravuconada, por sus complejos que descontrolan su egolatría, pero sirve los mismos crueles intereses feudales, colonialistas, que todos los mandatarios de potencias grandes y de países pequeños. Las diferencias son mínimas porque todos responden al mismo sistema y, mientras exista este modelo la humanidad seguirá siendo esclava, el pobre por su miseria y el rico por su codicia, su angurria desenfrenada. No hay solución sin una revolución cultural. Esta civilización que nos agobia, está muriendo y hay que ayudarla a no sufrir más.