
Miguel Ángel Rojas (Unidad y Lucha).— Este año hace noventa años cuando Federico García Lorca entregó a la editorial de José Bergamín para su publicación el manuscrito de Poeta en Nueva York. En 1936 el fascismo llevó a cabo el cruento golpe de Estado contra la República. El poeta granadino fue asesinado ese mismo año. Bergamín se exilió en México donde publicará Poeta en Nueva York en 1940, además de su prólogo incluye el poema que Antonio Machado le dedicó a Federico y cuatro dibujos del poeta de la llamada Generación del 27.
El libro compila poemas y sus variantes que Lorca escribió a raíz a su viaje a Nueva York y Cuba entre los años 1929 y 1930, en la ciudad de los antiguos rascacielos vivió los efectos devastadores de la caída bursátil de Wall Street que derivará en el denominado crack del 29, una metrópolis dantesca, fue como un descenso a los infiernos, a la brutalidad y barbarie del capitalismo. Federico no compuso postales pintorescas, sino que poetizó con metáforas provenientes del Surrealismo la realidad estridente de Nueva York.
En el poema Ciudad sin sueño nos traslada a la Babilonia moderna, una urbe donde habita el insomnio, una metrópolis de pesadilla. Otro poema decisivo es New York (oficina y denuncia) en el que hallamos unos versos demoledores como: « Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato./ Debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero.». Federico observa el río y considera que el Hudson se emborracha con aceite. Transcurre por las avenidas: « No es el infierno, es la calle./ No es la muerte, es la tienda de frutas.». Como colofón Bergamín a través de Huida de Nueva York Federico nos traslada a Cuba, lejos de la locura de la megalópolis.
Existe un acontecimiento de dimensión universal como la Revolución de Rusia de octubre de 1917 que sacudió la Historia e influyó de una manera decisiva a la hora de abrir unos horizontes frente al decrépito capitalismo. Los movimientos literarios y artísticos de Vanguardia se vieron afectados por el seísmo revolucionario y Lorca no fue una excepción.
Como en Tiempos modernos, la extraordinaria película de Chaplin que data de 1936, Lorca no se mueve entre la utopía y la distopía sino entre la explotación brutal y los horizontes de una nueva era revolucionaria que marca las pautas del capitalismo al socialismo. Poeta en Nueva York vislumbra de manera incipiente pero decisiva el siglo de las revoluciones.

