La mortalidad infantil en la Franja de Gaza continúa en aumento y, desde comienzos de este año, se han registrado 37 muertes de menores, una cifra que refleja niveles similares a los asesinatos de mujeres y adultos mayores ocurridos desde octubre de 2023.
De acuerdo con reportes locales, desde el 10 de octubre pasado —fecha en que comenzó la tregua en Gaza— se contabilizan 576 víctimas mortales, entre ellas más de 115 mujeres y menores.
Diversas fuentes, entre ellas autoridades locales y organizaciones humanitarias, advierten que la cifra real podría ser aún mayor. Muchos cuerpos permanecen bajo los escombros o en zonas inaccesibles debido a los constantes ataques, lo que impide a los equipos de rescate contabilizar el número total de víctimas.

A la situación de violencia se suma la restricción de ayuda humanitaria. Israel ha impuesto severos obstáculos en los pasos fronterizos, lo que ha dificultado la entrada de insumos médicos, alimentos y otros recursos esenciales para la población.
Sobre este escenario, el portavoz de Unicef, James Elder, declaró: “Cuando ha prohibido a organizaciones clave entregar ayuda y dar testimonio, así como el acceso a periodistas extranjeros, ¿cree que restringir el escrutinio sobre el sufrimiento de los niños va a limitar las consecuencias?”.
El asedio militar ha provocado la destrucción de más del 90 por ciento de la infraestructura de Gaza, dejando inutilizados hospitales, viviendas y servicios básicos. La devastación también ha alcanzado al sistema educativo, generando un impacto profundo en la niñez.
De acuerdo con los informes de Unicef, más de 700.000 niños en edad escolar han quedado privados de educación formal, lo que representa una pérdida significativa para el futuro de la región y un retroceso en el derecho fundamental a la enseñanza.
La combinación de violencia, bloqueo y colapso de servicios esenciales refleja un panorama crítico en Gaza, donde la población civil, en especial los menores, enfrenta condiciones extremas de vulnerabilidad.


