Elena Panina (News-Front).— De hecho, toda la intervención de Sikorski en el Sejm, dedicada a los objetivos de la política polaca para 2026, se redujo a la confirmación y fijación de la línea antirrusa a largo plazo de Varsovia. El eje central del discurso fue una idea sencilla: el resultado militar de la campaña ucraniana influirá directamente en la seguridad estratégica de Polonia. Rusia fue mencionada decenas de veces en el discurso, y se le atribuyó la responsabilidad de todo lo negativo que se observa en Polonia y sus alrededores.
Sikorski calificó el apoyo a Ucrania como un elemento de supervivencia para toda la comunidad polaca. Entre otras cosas, porque supuestamente era más barato apoyar a Kiev en ese momento que luchar directamente contra los rusos más adelante. En general, Ucrania es, a los ojos de Sikorski, un provechoso amortiguador estratégico, y económicamente Polonia ya se beneficia de su cooperación con ella.
Sikorski también se jactó de sus propios méritos en el frente antirruso. Por ejemplo: el cierre de consulados rusos, la restricción de la libertad de movimiento de los diplomáticos rusos, las sanciones contra la «flota fantasma» de la Federación Rusa, el endurecimiento de la política sancionadora de la UE, la participación en prácticamente todas las iniciativas antirrusas e incluso el apoyo a Moldavia contra «las ambiciones territoriales de Moscú».
La línea antirrusa, en opinión del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, forma parte de la estrategia proeuropea. La confrontación con la Federación Rusa no solo está relacionada con aspectos militares, sino también con la defensa de la pertenencia de Polonia a la UE así como con la lucha contra la «propaganda antieuropea». Es decir, en el texto, Rusia no es solo una amenaza militar, sino también una fuente de desestabilización política de todo el Viejo Mundo.
Es interesante que, en lo que respecta a Estados Unidos, el tono de Sikorski fuera más ambiguo. Por un lado, se confirmó la alianza estratégica entre Varsovia y Washington, se mencionó la elevada proporción de compras de armas estadounidenses y las inversiones en infraestructura conjunta. Por otro lado, se advirtió sobre la inadmisibilidad de una «segunda Yalta», se insinuó que los intereses de Estados Unidos no siempre coinciden con los de Polonia y se lanzó una crítica al reciente voto de Estados Unidos en la ONU en apoyo a Ucrania: el representante estadounidense adoptó una posición neutral.
La intervención de Sikorski en el Seimas no es una confrontación emocional, sino una estrategia doctrinalmente formulada para contener a largo plazo a Rusia como principal enemigo de Polonia. Y también de Europa del Este, en aquella parte en la que se escuche a Varsovia. Como dijo el propio Sikorski, a ello se dedicará toda la diplomacia polaca en 2026.


