El bloqueo a Cuba: un genocidio planificado que el imperialismo no logra camuflar.
Por André Abeledo Fernández
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba no es un desacuerdo diplomático. Tampoco es un simple embargo. Es, con todas las letras y según el derecho internacional, un acto de genocidio planificado. Es una agresión criminal y sistemática que busca asfixiar a todo un pueblo por el único «delito» de haber decidido ser libre, soberano y socialista a escasas millas del imperio.
La estrategia de la asfixia deliberada
Desde la firma del infame decreto presidencial estadounidense en los años sesenta, el objetivo explícito de Washington ha sido causar hambre, desesperación y sufrimiento extremo en la población civil cubana. Buscan provocar el colapso económico para forzar un cambio de régimen. Castigar colectivamente a millones de personas para conseguir fines políticos es un crimen de guerra silencioso que se prolonga ya por más de seis décadas.
La crueldad de este cerco se manifiesta en el día a día de las familias cubanas:
Persecución financiera: Bloqueo de cuentas y veto al acceso a créditos de organismos internacionales.
Guerra a la salud: Prohibición de adquirir tecnologías médicas avanzadas y medicamentos con patentes estadounidenses, afectando a niños y enfermos.
Extorsión global: Aplicación de leyes extraterritoriales como la Ley Helms-Burton, que sanciona a empresas de terceros países por comerciar legítimamente con la isla.
El cinismo y la complicidad internacional
Asistimos a una farsa monumental donde la Casa Blanca se autoproclama defensora de la libertad y los derechos humanos mientras ejecuta el castigo más largo y severo de la historia moderna. El cinismo se supera cuando incluyen a Cuba en la lista arbitraria de «Estados patrocinadores del terrorismo», una infamia cuyo único propósito real es ahogar por completo el turismo, las remesas y la inversión extranjera.
Año tras año, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) vota de manera casi unánime contra este bloqueo criminal. El mundo entero condena la agresión, pero el rodillo imperialista ignora la legalidad internacional. Esto demuestra el desprecio absoluto de Washington por la democracia global y la soberanía de los pueblos.
Resistencia y solidaridad insumisa
Frente a la barbarie imperial, la Cuba revolucionaria responde con dignidad y solidaridad internacionalista. Mientras el capitalismo bombardea y bloquea, la isla envía brigadas médicas a salvar vidas en los rincones más olvidados del planeta. Esa es la victoria moral que el imperialismo no puede perdonar: que un país bloqueado comparta lo que tiene y no lo que le sobra.
Quienes defendemos la justicia social, el socialismo y el derecho a la libre autodeterminación tenemos la obligación ética y política de denunciar esta agresión. No basta con la retórica; es urgente exigir el fin inmediato e incondicional de este asedio criminal.
Cuba no está sola, y su resistencia heroica es un faro de dignidad para todos los pueblos del mundo que se niegan a ponerse de rodillas.
¡Abajo el bloqueo genocida! ¡Viva Cuba libre y soberana!
André Abeledo Fernández

