
Sergio Rodríguez Gelfenstein.— Fuentes diversas anuncian la inminencia del ataque militar de Estados Unidos contra Cuba. Una vez más, el himno nacional llama a la batalla: “Al combate corred bayameses que la patria os contempla orgullosa. No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”. Y en este contexto, no puedo más que recordar a Silvio: “Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo. Que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo” Esa es la propuesta de Washington, los cubanos lo saben mucho antes de que Silvio lo dijera.
Ya a finales del siglo XIX, Bonifacio Byrne en su poema “Mi bandera” señaló el camino que ya habían trazado en los campos de batalla los mambises dirigidos por Antonio Maceo y Máximo Gómez, bajo la visión estratégica del apóstol José Martí: “Si deshecha en menudos pedazos, llega a ser mi bandera algún día…¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!”
Confieso que respecto de Cuba, soy un extranjero atípico. Pisé la isla por primera vez a los 16 años, no habían pasado ni dos semanas y ya estaba estudiando en un instituto preuniversitario. Mis nuevos compañeros me acogieron con desbordante solidaridad y afecto sabiendo que yo venía del Chile de Pinochet donde mi padre había estado preso. En el “pre” no sólo pude continuar mis estudios, comencé a cursar la universidad de una vida sustentada en valores, principios y comportamientos que habrían de forjar mis propios principios y valores: la solidaridad, la preocupación por el prójimo, el valor del colectivo y la posibilidad de construir una existencia al margen del individualismo y el consumismo propios del capitalismo.
Solo un año y medio después, a solicitud propia y aprovechando las circunstancias entré a la escuela militar, recibí formación como oficial de artillería. A partir de entonces y durante 8 años serví en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En 1979, junto a un grupo de militantes de izquierda de diversos países y gracias a la mirada de largo plazo del Comandante en Jefe Fidel Castro, tuve la posibilidad de ascender al más alto olimpo al que puede aspirar un revolucionario: el de ser un combatiente internacionalista. En mi caso personal, era un premio que ofrendé a la memoria del Libertador Simón Bolívar, el primer luchador internacionalista de América.
De manera que no conocí a Cuba, como un visitante que llega a un hotel y le muestran el país, sino como parte de él: fui miembro de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), hice guardia en un Comité de Defensa de la Revolución (CDR), participé en los trabajos voluntarios, hice la cola para obtener los alimentos que equitativamente se repartían para todos, subí y bajé de atiborrados autobuses que transportaban obreros, empleados y estudiantes, marché y acudí a la Plaza de la Revolución para escuchar a Fidel, los 28 de octubre fui al malecón para lanzarle flores a Camilo y porque no decirlo, tuve mis primeros amores, íbamos a la playa, al cine y a los clubes donde escuchábamos música, bailábamos y nos transmitíamos furtivos el cariño que desborda a los adolescentes.
Cuando entré a las fuerzas armadas, ya era “grande”, tenía 18 años. Comenzó otra etapa, primero estudiando y después en las unidades militares, en el mando de tropas, en los ejercicios y maniobras, en las alarmas de combate, en las guardias combativas en la que se debía estar en plena disposición combativa ante las amenazas y provocaciones imperiales. En 1978, mientras se desarrollaba el Festival Mundial de la Juventud y Los Estudiantes, estaba desplegado en un puesto de mando de combate al este de La Habana ayudando a garantizar el exitoso desarrollo del encuentro en el que participaban decenas de jóvenes de mi edad de todo el mundo. Mientras ellos disfrutaban, yo hacía guardia a la intemperie en una trinchera donde estaba ese puesto de mando.
Si hablo de todo esto, no es por vanagloria personal. Solo quiero transmitir que en esa época yo era un cubano más defendiendo la revolución y cumpliendo -como millones- las tareas encomendadas. Sin estar en Cuba hoy, puedo saber perfectamente lo que está ocurriendo: las fuerzas armadas están en plena disposición combativa, el pueblo organizado política y militarmente está ocupando -o presto para ocupar- su puesto de combate. Como siempre, desde siempre, bajo la dirección del partido, de Raúl y del presidente Díaz Canel, Cuba se apresta para el combate.
Hace poco el director de la CIA fue a Cuba, ¿con qué objetivo? Sin saberlo, Silvio nos lo anunció ya en 1991: “Me vienen a convidar a arrepentirme. Me vienen a convidar a que no pierda. Me vienen a convidar a indefinirme. Me vienen a convidar a tanta mierda”
Conociendo a Cuba, a su pueblo y a sus fuerzas armadas, con Silvio les digo. “Yo no sé lo que es el destino Caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví”. ¡Hasta la Victoria. Siempre¡ Cuba vencerá.
Te invito a seguir mis redes:
YouTube: https://www.youtube.com/@SoySergioRodriguezGelfenstein
Facebook: https://www.facebook.com/share/19pfvYSqSv/
Instagram: https://www.instagram.com/trinchera_de_ideas_sergior?igsh=aGU1Y2EzbGk3Z2pp
X / Twitter: https://x.com/sergioro0701
Blog: https://sergioro07.blogspot.com/
Posted by Sergio Rodríguez Gelfenstein at 18:48
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Labels: Fidel_Castro, Resistencia_Cubana, Revolución_Cubana, Solidaridad_Con_Cuba

