El secuestro de la legalidad internacional: Exigimos la liberación de Nicolás Maduro.
El asedio contra la Revolución Bolivariana ha cruzado todas las líneas rojas. No asistimos a un debate diplomático ni a una crisis política ordinaria; estamos ante el secuestro fáctico de la soberanía popular de Venezuela y de su presidente legítimo, Nicolás Maduro. Para cualquier militante antiimperialista y con conciencia de clase, la tibieza no es una opción. Es la hora de la acción y de la exigencia firme.
El secuestro de la voluntad popular
Ataque a las urnas: Secuestrar al presidente constitucional significa secuestrar el voto de millones de venezolanos.
Golpismo transnacional: Washington ejecuta una operación ilegal que pisotea de forma flagrante todo el derecho internacional.
Precedente peligroso: Si el imperialismo consolida este atropello, ninguna nación soberana volverá a estar segura.
Complicidad europea: Las instituciones occidentales guardan un silencio criminal que las convierte en cooperadoras necesarias.
Romper el cerco y tomar la palabra
Guerra mediática: Los medios de comunicación del capital construyen relatos falsos para justificar la agresión.
Bloqueo asfixiante: Las sanciones de la Casa Blanca buscan quebrar la resistencia del pueblo mediante el hambre.
Unidad obrera: La clase trabajadora global debe entender que la batalla de Caracas es la batalla de todos.
Resistencia callejera: La solidaridad no se declara en despachos; se defiende movilizándose en las calles.
La detención, aislamiento o coacción de un mandatario electo es la máxima expresión del fascismo internacional administrado por el gran capital. El objetivo real nunca ha sido la «democracia», sino el saqueo de los recursos naturales de Venezuela y la destrucción del ejemplo de dignidad que sembró Hugo Chávez.
Exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y el respeto absoluto a la legitimidad bolivariana es hoy el deber central del internacionalismo. Frente a la agresión imperial, la respuesta solo puede ser la movilización total, la denuncia frontal y la lealtad inquebrantable con los pueblos que deciden ser libres. ¡No pasarán!
André Abeledo Fernández

