La pregunta incómoda: ¿la terapia repara el daño o lo sostiene dentro del sistema?

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Maira Gestoso.— No todas las terapias son iguales, ni parten de la misma idea de lo que significa “estar mejor”. Aunque se utilicen herramientas parecidas, la forma de entender el malestar y de acompañarlo puede ser muy distinta.

Hoy mucha gente llega a consulta con un tipo de malestar que se repite: cansancio, ansiedad, sensación de no llegar a todo, de no hacerlo bien, de estar siempre un poco por detrás de lo que se espera.

Y junto a eso aparece algo que muchas veces no se dice tan claramente: la presión por mejorar rápido. Por volver a funcionar. Por “estar bien” lo antes posible para poder seguir con la vida.

Ahí aparece una pregunta incómoda: cuando hablamos de estar mejor, ¿Qué significa exactamente? ¿Sentirse mejor de verdad o volver a encajar en un ritmo de vida que está produciendo ese malestar?

La terapia puede ser un lugar donde por fin se puede parar, hablar sin tener que rendir, sin tener que demostrar nada, sin tener que ser productivo ni eficiente. Solo eso ya tiene un valor enorme en una época en la que casi todo pide resultados.

Pero también puede pasar algo más complejo: que la terapia se convierta, sin quererlo, en un espacio que ayuda a las personas a adaptarse mejor a condiciones de vida que no cuidan.

Y aquí conviene ser claros: el sistema no cuida. No está diseñado para cuidar. Está diseñado para funcionar, para producir, para sostener ritmos de vida que muchas veces pasan por encima del bienestar de las personas.

En ese contexto, la terapia puede quedar atrapada en una tensión difícil. Puede ser un espacio que alivia el sufrimiento, pero también un espacio que facilita que ese sufrimiento se vuelva soportable sin cambiar demasiado lo que lo produce.

No es una cuestión de “terapias buenas” o “terapias malas”. Es una cuestión de marcos de trabajo y de qué se entiende por ayudar.

Hay acompañamientos que se centran sobre todo en que la persona vuelva a su funcionamiento habitual, con menos malestar, para poder seguir adelante. Y hay otros que, además de eso, incluyen la pregunta por el origen de ese malestar y por el contexto en el que tiene sentido que aparezca.

La diferencia es importante. Porque no es lo mismo pensar que el problema está solo en la persona, que entender que muchas veces lo que duele tiene que ver con cómo está organizada la vida hoy.

Por eso la pregunta no es simplemente si la terapia repara o no repara el daño. La pregunta es qué hace la terapia con ese daño.

Porque a veces aliviar el malestar abre un espacio necesario para respirar. Y otras veces, sin quererlo, ayuda a que las personas puedan seguir aguantando lo mismo sin que nada cambie.

Y quizá ahí está el punto más incómodo: si el objetivo es solo que alguien vuelva a funcionar dentro de un sistema que no cuida, entonces la pregunta ya no es solo terapéutica. Es política.

Maira Gestoso pertenece al Colectivo Orientación Vital

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