
Ortelio González Martínez (Granma).— Desde el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, hasta las guerras del siglo XXI, Estados Unidos ha acumulado un historial militar sin parangón en la historia moderna. Las cifras son estremecedoras: ha bombardeado más de 30 países desde la Segunda Guerra Mundial y ha tenido intervenciones militares –incluyendo desembarcos, bombardeos, envío de tropas o derrocamientos encubiertos entre 70 y 84 naciones. Un estudio reciente, viralizado en redes académicas, sitúa la cifra en 84 países invadidos.
El pasado y presente militar de EE. UU. es una constatación documentada que atraviesa dos siglos y medio de historia. Según el libro America Invades, de Christopher Kelly y Stuart Laycock, de los 194 países reconocidos por Naciones Unidas, ha invadido 84 y ha tenido implicación militar en 191. Los únicos tres que se salvan son Andorra, Bután y Liechtenstein.
No se trata solo de guerras declaradas. La cifra crece si se contabilizan operaciones encubiertas, bombardeos selectivos, apoyo a golpes de Estado y despliegues de tropas bajo el eufemismo de «restablecer el orden». Un informe de la cadena alemana DW señala que, solo durante la Guerra Fría, EE. UU. realizó 72 intentos de cambiar el equilibrio de poder a su favor, 64 de ellos mediante operaciones encubiertas.
El economista Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, eleva la cifra total de operaciones de cambio de régimen –entre abiertas y encubiertas– a cerca de 100 desde 1947; «si no es un récord, es un buen average».
El 6 de agosto de 1945, el bombardero B-29 Enola Gay lanzó la bomba atómica «Little Boy» sobre Hiroshima. Tres días después, «Fat Man» cayó sobre Nagasaki. En total, al menos 100 000 personas murieron de forma inmediata, y otras 100 000 fallecieron en los meses y años posteriores por enfermedades derivadas de la radiación.
Estados Unidos sigue siendo el único país que ha utilizado armas nucleares contra una población civil. Más allá de la polémica sobre si el bombardeo fue necesario para poner fin a la Segunda Guerra Mundial –muchos historiadores sostienen que Japón ya estaba dispuesto a rendirse–, lo que queda es el símbolo de una nación dispuesta a usar su poderío sin escrúpulos ni contemplaciones.
La lista de países bombardeados por EE. UU. desde la Segunda Guerra Mundial es larga y no conoce fronteras geográficas. China, Corea, Guatemala, Indonesia, Cuba, Vietnam, Laos, Camboya, Granada, Libia, Panamá, Irak, Somalia, Afganistán, y Siria e Irán en las décadas recientes.
Las consecuencias han sido devastadoras. Laos, por ejemplo, es el país más bombardeado per cápita de la historia, con más de 2 millones de toneladas de explosivos lanzados durante la Guerra de Vietnam. Camboya fue objeto de bombardeos secretos que causaron miles de muertes civiles. Irak quedó sumido en el caos y el ascenso del ISIS tras la invasión de 2003, y Afganistán, después de dos décadas de guerra, volvió a manos de los talibanes en 2021.
Más allá de las bombas, EE. UU. ha perfeccionado el arte de la «intervención silenciosa». En 1953, la CIA y el MI6 británico derrocaron al primer ministro iraní Mohammad Mossadegh, instalando al sha Reza Pahlavi, un aliado incondicional de Washington. El resultado fue la Revolución Islámica de 1979, que hoy es blanco de bombardeos estadounidenses.
En 1954, un golpe apoyado por la CIA derrocó al presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, elegido democráticamente por sus políticas de reforma agraria. En 1973, EE. UU. respaldó el golpe de Augusto Pinochet en Chile contra Salvador Allende, desatando una dictadura que dejó miles de muertos y desaparecidos. La lista continúa con República Dominicana (1965-66), Nicaragua (década de 1980), Panamá (1989), y las más recientes operaciones en Venezuela y Ucrania.
La nación norteña se presenta como el adalid de la democracia y la libertad. Pero su historia militar cuenta otra historia: la de un país que ha bombardeado, invadido y derrocado gobiernos de manera casi ininterrumpida durante más de dos siglos. El expresidente Jimmy Carter, en 2019, resumió esta realidad con crudeza: «Estados Unidos ha estado en paz solo 16 de sus 243 años de existencia. Es la nación más beligerante de la historia».
Un detalle interesante que aparece en varios reportes es que, si se cuentan solo los años en los que el país no estuvo involucrado en ninguna guerra, ataque u ocupación militar, ese número se reduce a solo 5 años: 1976 (el último año del gobierno de Gerald Ford) y de 1977 a 1980 (la totalidad de la presidencia de Carter). Este matiz refuerza la idea central de su declaración
Los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron la antesala de una política exterior que, bajo el argumento de la seguridad nacional, ha convertido las bombas en el instrumento de su dominio global. Mientras el mundo debate sobre derechos humanos y justicia internacional, el historial militar de Estados Unidos permanece como una herida abierta en la memoria colectiva de decenas de países. Una memoria que no se borra, por mucho que se intente reescribir.

