La vergüenza no es devolver la nacionalidad a los saharauis, es habérsela arrebatado

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La vergüenza no es devolver la nacionalidad a los saharauis, es habérsela arrebatado.

Que ahora se hable de dar la nacionalidad española a los saharauis no es el problema. El problema, la auténtica vergüenza histórica, es que se la quitaran después de haber traicionado, vendido y entregado a todo un pueblo a la dictadura de la monarquía satélite y sátrapa de Marruecos. Un pueblo que era español, con documentación española, y al que el Estado abandonó a su suerte para no molestar a sus amos.

La Marcha Verde fue una operación imperialista con sello made in USA.

No hubo casualidad ni improvisación en 1975. Detrás de la Marcha Verde estuvo el respaldo directo de los Estados Unidos, de la CIA y del inefable Henry Kissinger, uno de los personajes más siniestros y sangrientos de la historia contemporánea, arquitecto en la sombra de golpes de Estado, magnicidios, invasiones y del terrorismo de Estado yanqui desplegado por medio mundo. Marruecos fue la pieza que Washington necesitaba para asegurarse un enclave dócil frente al Atlántico y España, bajo el franquismo agonizante, entregó el territorio y a su gente como quien entrega una mercancía.

Los saharauis nunca debieron perder su nacionalidad.

Cuando el Sáhara Occidental fue ocupado ilegalmente por Marruecos, sus habitantes eran ciudadanos españoles de pleno derecho. Según la legalidad internacional, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización y España conserva sobre él una responsabilidad que no puede lavarse con comunicados diplomáticos: la de garantizar un referéndum de autodeterminación con todas las garantías, algo que la dictadura alauí jamás va a permitir porque sabe perfectamente cuál sería el resultado.

Reparar no es generosidad, es justicia.

Que durante todos estos años los saharauis no hayan tenido garantizada la nacionalidad que les correspondía por derecho no es un gesto humanitario pendiente de conceder; es una deuda histórica que el Estado español arrastra por cobardía y complicidad con el colonialismo marroquí. No hablamos de caridad, hablamos de reparación.

El pueblo saharaui resiste desde hace casi cincuenta años en los campamentos de Tinduf, en el exilio y bajo ocupación, mientras las potencias que lo traicionaron siguen haciendo negocios con sus verdugos.

La solidaridad con el Sáhara Occidental no es una cuestión de nostalgia colonial, es una cuestión de clase y de dignidad de los pueblos frente al imperialismo.

 

Free Western Sahara.

 

Até a vitoria sempre!

 

André Abeledo Fernández

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