Cómplices por acción u omisión: no es política, es humanidad.
Hay quien todavía intenta reducir el genocidio de Palestina a una cuestión de opinión política, como si condenar el exterminio de un pueblo fuese una postura ideológica más, discutible en una tertulia entre café y café. No. Lo que ocurre en Gaza no admite matices de tribuna ni equidistancias de manual de estilo. No hablamos de izquierdas contra derechas, hablamos de humanidad contra barbarie.
El crimen no distingue entre acción y omisión.
El derecho internacional lleva décadas advirtiéndolo y la ética más elemental lo confirma: la complicidad con un genocidio puede cometerse tanto por acción como por omisión. Quien fabrica y vende las bombas que caen sobre hospitales es cómplice. Pero también lo es quien, pudiendo alzar la voz, elige el silencio cómodo. También lo es el gobierno que firma comunicados tibios mientras autoriza la venta de armamento. También lo es el medio de comunicación que normaliza el lenguaje del ocupante y disfraza de «operación militar» lo que es una masacre sistemática. No existe la neutralidad ante el exterminio: existe la complicidad activa y existe la complicidad pasiva, pero ambas son complicidad, y ambas son crimen.
Empatía, no cálculo político.
A quienes insisten en despachar esto como «un tema complejo» o «un conflicto con dos versiones», hay que recordarles que la empatía no necesita máster en relaciones internacionales. Basta con mirar las imágenes de niñas y niños bajo los escombros, basta con escuchar el llanto de las madres de Gaza, para saber de qué lado está la razón y de qué lado está la infamia. La empatía no es una ideología, es la condición mínima para llamarse ser humano. Quien la pierde, o quien la subordina al cálculo geopolítico, ha renunciado a algo esencial de su humanidad.
No hay coartada posible.
Ni la excusa del «no me corresponde opinar», ni la del «es un tema muy delicado», ni la del miedo a perder amistades, contratos o votos, sirven de coartada. La historia juzgará con la misma dureza a quien apretó el gatillo que a quien miró para otro lado pudiendo impedirlo. Por eso repetimos, una vez más, que la complicidad silenciosa no es prudencia, es fascismo por omisión, y que quien no condena el genocidio forma parte de él.
No es política. Es humanidad. Y la humanidad, hoy, exige plantarse sin ambigüedades del lado de Palestina.
Até a vitoria sempre!
André Abeledo Fernández

